Catequesis sobre la Confesión (II)

Del libro: Un Dios que perdona

(El sacramento de la Penitencia explicado a los jóvenes)

Capítulo 1: El Cielo (continuación)

Y si una persona no hace méritos para alcanzar el Cielo, ¿qué pasa con ella? Después de esta vida, Dios recompensa a los buenos con el Cielo y a los malos con el Infierno. Dios quiere que todos los hombres se salven, pero si una persona rechaza el amor misericordioso de Dios no se salvará. San Agustín lo expresó muy bien con estas palabras: Dios, que te creó sin ti, no te salvará sin ti.

Pero, ¿realmente existe el Infierno? Esta pregunta se la formulan muchas personas, y la respuesta es afirmativa. Sí, el Infierno existe. Para negar su existencia habría que arrancar páginas enteras del Evangelio o manipular sus textos y olvidar todo lo que la Iglesia dice sobre este castigo. Cristo habló con claridad meridiana de la eternidad de las penas del infierno. Reconozco que es una verdad que resulta impopular hablar de ella, pero no se puede omitir en la catequesis. El Catecismo de la Iglesia Católica la expresa así: La enseñanza de la Iglesia afirma la existencia del Infierno y su eternidad. Las almas de los que mueren en pecado mortal descienden a los infiernos inmediatamente después de su muerte y allí sufren las penas del Infierno, el “fuego eterno” (n. 1.034).

El mismo Jesús nos advierte ¿de qué le sirve al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma? (Mt 16, 26). Dios quiere que nos movamos por amor, pero dada nuestra debilidad, consecuencia del pecado original, ha querido manifestarnos a dónde conduce el pecado, para que tengamos un motivo más que nos aparte de este grave mal: el santo temor.

También he oído hablar del Purgatorio. ¿Qué es? Te respondo brevemente, apoyándome en el Catecismo de la Iglesia Católica. En éste se lee: Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque estén seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo (n. 1.030). La Iglesia llama Purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta del castigo de los condenados. Se habla de que también en el Purgatorio hay un fuego, pero es un fuego purificador.

¿Qué hay que hacer para irse al Cielo? Esta misma pregunta se la hizo a Jesucristo un joven. Acercósele uno y le dijo: Maestro, ¿qué obra he de realizar para alcanzar la vida eterna? (Mt 19, 15). La respuesta de Nuestro Señor no se hizo esperar: Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos (Mt 19, 17). Y el joven preguntó de nuevo: ¿Cuáles? Jesús respondió: No matarás, no adulterarás, no hurtarás, no levantarás falso testimonio; honra a tu padre y a tu madre y ama al prójimo como a ti mismo (Mt 19, 18-19).

(continuará)

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