Examen de conciencia para la Confesión (Niños)

Examen de conciencia para la Confesión (niños)

¿He faltado a Misa los domingos o fiestas de precepto sin causa justificada?

En España, las fiestas de precepto son:

1 de enero:                  Santa María, Madre de Dios

6 de enero:                  La Epifanía del Señor

19 de marzo:               San José

25 de julio:                 Santiago Apóstol

15 de agosto:              La Asunción de la Virgen María a los Cielos

1 de noviembre:          Todos los Santos

8 de diciembre:           La Inmaculada Concepción

25 de diciembre:         La Natividad del Señor

A estas fiestas hay que añadir las fiestas de precepto locales. Por ejemplo, San Isidro en Madrid.

Quien falta a Misa algún domingo o fiesta de precepto por pereza, por desgana, por no querer ir, por anteponer otra actividad (deporte, diversión, celebración de cumples, deberes escolares, estudio…), o sencillamente, porque pasa de la Iglesia, comete pecado mortal, porque la obligación de asistir a Misa en los domingos y fiestas de precepto es grave. Ahora bien, si uno no puede ir por estar enfermo o porque la iglesia está bastante lejos de su casa, o cualquier otro motivo justificado que le impide asistir a Misa, no comete ningún pecado, ni tiene obligación de oír la Misa por la radio o de seguirla por la televisión, pero es muy aconsejable hacerlo.

¿Me he portado mal en Misa o he distraído a los demás?

En Misa, además de asistir con la compostura adecuada -el propio de un lugar sagrado- hay que estar atento. Si viene alguna distracción involuntaria, hay que procurar reaccionar pronto y volver a prestar atención, pero no hay pecado alguno. Sin embargo, si la distracción es consentida y de larga duración, sí hay pecado. Y un detalle de la urbanidad de la piedad es ir bien vestido, y no con ropa de deporte (chándal, bañador, bermudas, camiseta deportiva…).  

¿He jurado?

Cuando se jura con mentira, el pecado es grave. Si se jura con verdad, pero sin necesidad, el pecado es leve.

¿He empleado expresiones irreverentes en el hablar?

Por ejemplo, es una expresión irreverente emplear la palabra hostia como sinónimo de bofetada.

¿He obedecido a mis padres?

¿He contestado mal a mis padres o me he enfadado con ellos?

¿He tratado con cariño a mis abuelos, a mis cuidadores…?

¿Me he peleado o discutido acaloradamente con mis hermanos?

¿He sido perezoso y comodón en mi casa?

Hay que ayudar en casa, haciendo bien los encargos que uno tiene. También hay que ser ordenado, sin dejar las cosas por medio. Todo desorden supone un mayor trabajo para las madres, pues ellas son las que ordenan lo que los hijos no recogen o dejar desordenadamente.

¿He faltado el respeto a los profesores y compañeros?

Los motes siempre están sobrando, pues no facilitan el compañerismo que debe haber en cualquier centro escolar. Además, molestar a un compañero reiteradamente es una falta de caridad, y más, si se le hace la vida imposible con burlas en el colegio.

¿He comido lo que me han puesto o, por el contrario, he desperdiciado comida por dejarla en el plato sin comerla?

¿He sido glotón comiendo o bebiendo más de la cuenta?

¿He sido egoísta en el uso de las cosas que tengo, sin compartirlas con mis hermanos y hermanas, y con los amigos?

¿Me he enfadado con alguien o he hecho enfadar a otros?

Además de los enfados, están las peleas. Si uno se ha peleado con un compañero de clase -o con otra persona (vecino, conocido…)- y le ha producido daños físicos, hay que decirlos en la confesión.

¿He procurado hacer las paces después de una pelea o discusión acalorada?

Hay que perdonar siempre, sin guardar ningún rencor. Por supuesto, no hay que tener deseos de venganza. No está bien decir: ése me las pagará, o se va a enterar lo que es bueno por la paliza que le voy a dar.

¿Aprovecho bien el tiempo de estudio, haciendo los deberes escolares y estudiando con intensidad?

¿Me he distraído en clase por no poner la debida atención, por mirar a todos los lados con curiosidad, por hablar con el compañero de pupitre, etc.?

¿He molestado a mis hermanos -o compañeros- cuando estaban estudiando o haciendo sus deberes, distrayéndoles o interrumpiéndoles?

Hay que respetar el estudio de los demás. Y si le podemos ayudar a estudiar y a hacer sus tareas, mejor que mejor.

¿He hecho daño a alguien con insultos o con mis acciones?

Cuando se ha insultado hay que decir al confesor si han sido insultos graves o leves. No tiene la misma gravedad el decirle a uno que está atontado que decirle que es hijo de mala madre. También tienen distinta gravedad según las personas que han sido insultadas. Por ejemplo, insultar a los padres es más grave que insultar a un compañero de clase, aunque esto último tampoco está bien.

¿He pedido perdón después de ofender a una persona?

¿He abusado de la confianza de alguien?

¿He leído libros o revistas malas, o he mirado fotografías poco adecuadas?

Las fotografías a las que se refieren esta pregunta -y que son calificadas de poco adecuadas- son fotografías que nunca jamás verían Jesucristo y su Madre, la Virgen María. No es preciso que se especifique más. Y decir libros o revistas malas es lo mismo que decir publicaciones inmorales.

¿Me he metido en páginas de Internet de las que no quisiera que mis padres se enteraran que las he visto, aunque sólo haya sido por curiosidad?

¿He tenido conversaciones sobre temas impuros?

Si así hubiera sido, el penitente (la persona que se confiesa) debe decir en la confesión si esas conversaciones las he iniciado él, o más bien, ha participado en ellas una vez ya empezadas. Cuando un grupo de compañeros hablan de cosas impuras, lo que hay que hacer es irse y no participar en la conversación.

¿He hecho algún acto impuro o algo sucio?

¿He empujado o incitado a los demás (amigos, hermanos, compañeros) a cometer algún pecado?

En caso de que la respuesta sea afirmativa, hay que decir el tipo de pecado que     es.

¿He robado alguna cosa o algo de dinero?

Cuando uno se confiesa que ha robado tiene que decir lo qué ha robado. Si la cosa es valiosa, el pecado es grave, al igual de si se ha robado una cantidad de dinero apreciable. También se debe manifestar a quién ha robado. No tiene la misma gravedad robar algo a un pobre que un rico, pero si la cantidad robada es grande es pecado mortal tanto si se le ha robado a uno con mucho dinero como si la persona a la que se le ha robado no tiene casi nada. Además, el pecado de robo, para que se perdone hay que devolver lo robado, siempre que sea posible.

¿He hecho trampas en los juegos?

¿Me he negado a pagar mis deudas?

¿He devuelto las cosas que me han prestado (por ejemplo, libros)?

¿He gastado más de lo que debía?

Hay que procurar no gastar dinero innecesariamente. A veces compramos cosas por capricho o por vanidad, sin que las necesitemos.

¿He ido con malas compañías, es decir, con amigos o compañeros o vecinos del barrio que me llevan a hacer cosas malas y pecaminosas?

¿He tenido envidia de mis compañeros o vecinos porque tienen cosas que yo no tengo y me gustaría tener?

No hay que confundir el deseo de tener una cosa que otro tiene con la envidia. Lo primero no es malo, pero la envidia, sí. ¿Y qué es entonces la envidia? Se entiende por envidia, que es uno de los siete pecados capitales, el disgusto o tristeza que se experimenta ante el bien del prójimo. Por ejemplo, si un amigo tiene una bicicleta, el desear tener una bicicleta como la tiene él no es malo. Sí es malo ponerse triste y estar pesaroso y de mal humor porque el amigo sí tiene una bicicleta.

¿He sido codicioso, queriendo tener muchas cosas?

La codicia es el deseo vehemente de poseer riquezas, u otros bienes materiales. Por tanto, si se quiere tener una cosa, para que haya codicia debe desearse esa cosa con vehemencia, de forma un poco irracional.

¿He tenido malos pensamientos, dándole vuelta a esos pensamientos impuros en mi cabeza?

Los malos pensamientos a veces vienen a la cabeza sin que uno los quiera. Entonces, si se rechazan no hay pecado. Es una tentación que ha sido vencida. Por tanto, no comete pecado alguno, antes bien adquiere mérito para el Cielo, quien, si, al darse cuenta de que el pensamiento es malo, procura apartarlo, no entreteniéndose en él.

¿He dado limosna de acuerdo con mis posibilidades?

Una persona no está obligada a dar limosna cada vez que un mendigo le pide dinero, pero sí está obligada a vivir la caridad. Por tanto, si uno nunca ayuda a nadie -no es caritativo-, no está viviendo el mandamiento nuevo del Señor, que es el amor al prójimo.

¿He comulgado sabiendo que estaba en pecado mortal?

Cuando uno sabe que no está en gracia de Dios, es decir, que tiene uno o varios pecados mortales, si quiere recibir la comunión, antes de comulgar tiene que confesarse. Comulgar con el alma manchada de pecado mortal es un pecado muy grave, que se llama sacrilegio. También es muy conveniente prepararse bien para recibir al Señor en la comunión. Por tanto, hay que evitar la rutina cuando se comulga, o hacerlo sin la debida preparación.

¿He recibido la comunión sin haber guardado el ayuno eucarístico?

El ayuno eucarístico consiste en no tomar ningún alimento (sólido o líquido) una hora antes de comulgar. El agua no rompe el ayuno eucarístico.

¿He dejado de decir algún pecado mortal por vergüenza en la última confesión que hice?

Quien calla algún pecado mortal en la confesión porque le da vergüenza decirlo comete un pecado muy grave, llamado también sacrilegio. Además, no se le perdona ningún pecado, sino que sale del confesonario con un pecado más.

¿He leído libros, folletos o revistas que dicen cosas contra la religión católica?

Cualquier escrito que ataque a la Iglesia católica y la fe cristiana, o que ridiculice a los creyentes y las prácticas de piedad de los católicos no se puede leer, porque se pone en peligro la propia fe.

¿He dicho tacos y palabrotas?

Las palabrotas no son en sí pecados. Quien las dice demuestra tener poca educación, ser un mal educado. Pero si utilizamos esos tacos y palabrotas para insultar, ya sí que es pecado.

¿He sido perezoso?

La pereza es un pecado capital, y todos tenemos algo de pereza. En la confesión hay que decir en qué uno se ha dejado llevar por la pereza. No es lo mismo tardar en levantarse cinco minutos por pereza que no estudiar todo un trimestre por pereza. Las dos cosas son pereza, pero se ve que una es algo leve (lo primero) y la segunda incluso puede ser pecado grave.

¿He rezado mis oraciones habituales?

Tiene poco amor a Dios (o nada) -y por tanto, no se vive el primer mandamiento de la Ley de Dios- quien no reza nunca o reza poquito. Hay una costumbre muy buena de rezar al levantarse y antes de acostarse. Además, hay que procurar acordarse de Dios durante el día.

¿He dicho mentiras?

Toda mentira es pecado. Algunas mentiras (la mayoría) son leves, y no pasan de ser pecado venial. Pero si con mi mentira he causado un daño grave a otra persona o a una institución, entonces es pecado grave.

¿He acusado a los demás de cosas malas que no han hecho?

¿He contado los defectos de los demás sin motivo?

¿He revelado secretos sin causa justificada?

El secreto es el conocimiento de una verdad que debe mantenerse oculta. Una persona puede llegar a tener ciertos conocimientos de cosas o de personas que ni puede ni debe comunicar a terceras personas. Sin causa justa, es pecado revelar un secreto.

¿He hecho alguna otra cosa que me parezca mala?

 

 

 

 

 

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