Ministro y sujeto del sacramento del Orden

Sacramento del Orden Sacerdotal (y VII)

¿Quién es el ministro del sacramento del Orden?

Dado que el sacramento del Orden es el sacramento del ministerio apostólico, corresponde a los obispos, en cuanto sucesores de los Apóstoles, transmitir “el don espiritual”, “la semilla apostólica”. Los obispos válidamente ordenados, es decir, que están en la línea de la sucesión apostólica, confieren válidamente los tres grados del sacramento del Orden (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1.576).

¿Quién puede ser ordenado, ya sea de diácono o de presbítero o de obispo?

Para que alguien sea ordenado lícitamente de obispo, antes ha de ser sacerdote, y para ser ordenado lícitamente de presbítero, antes debe recibir la ordenación diaconal. Porque por el Derecho de la Iglesia no está permitida la ordenación per saltum, es decir, ordenar de obispo a alguien sin haber sido ordenado antes de sacerdote, ni ordenar de presbítero a un laico sin haber sido ordenado antes de diácono. Ahora bien, si nos referimos no ya a la licitud sino a la validez, contesta tu pregunta el Código de Derecho Canónico: Sólo el varón bautizado recibe válidamente la sagrada ordenación (c. 1.024).

¿No te parece que esto es discriminatorio para las mujeres?

En absoluto. Te respondo con una anécdota de Juan Pablo I contada por él mismo: El otro día una niña de trece años me puso en un gran aprieto al preguntarme: “¿Es justo que Jesús instituyera siete sacramentos y que sólo seis están a disposición de las mujeres?” Se refería naturalmente, al sacramento del Orden, al que por Tradición sólo se admite a los hombres. ¿Qué podría responder? Tras mirar a mi alrededor, dije: “En esta clase veo niños y niñas. Vosotros, los niños, ¿podéis decir que uno de entre los hombres del mundo es padre de Jesús?” Respuesta de los niños: “No, porque san José era sólo padre putativo”. “Y vosotras chicas, una de vosotras, mujeres, ¿es madre de Jesús?” Respuesta: “Sí”. Y yo: “Muy bien, pero reflexionad: si ninguna mujer es papa, obispo o sacerdote, eso queda mil veces compensado con la Maternidad divina, que honra extraordinariamente tanto a la mujer como a la maternidad”. La pequeña contestataria pareció quedar convencida.

Respondida tu pregunta, añado que esta cuestión ha levantado grandes polémicas en los medios de comunicación en los últimos tiempos. Algunos movimientos feministas la consideran clave para alcanzar la plena igualdad de derechos entre el hombre y la mujer. Sin embargo, es preciso plantear este tema desde una perspectiva mucho más profunda: ante todo, hay que tener en cuenta la voluntad de Jesucristo sobre el sacerdocio. Mira.  En los Evangelios se ve como Cristo es acompañado por grupos de mujeres, que a veces destacan entre sus discípulos. Ahora bien, el Señor Jesús eligió a hombres para formar el colegio de los doce Apóstoles, y los Apóstoles hicieron lo mismo cuando eligieron a sus colaboradores que les sucederían en su tarea. El colegio de los obispos, con quienes los presbíteros están unidos en el sacerdocio, hace presente y actualiza hasta el retorno de Cristo el colegio de los Doce. La Iglesia se reconoce vinculada por esta decisión del Señor y la interpreta viendo en ella la voluntad divina, que no es otra que el sacramento del Orden sea conferido sólo a varones. Ésta es la razón por la que las mujeres no reciben la ordenación.

Esta enseñanza de la Iglesia fue confirmada con especial fuerza por el papa Juan Pablo II en la Carta Apostólica Ordinatio Sacerdotalis, del 22 de mayo de 1994, en la que declaró que la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, y que este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia.

Además de ser varón y estar bautizado ¿Qué otras condiciones se requieren para ser ordenado sacerdote?

En primer lugar te diré que nadie tiene derecho a recibir el sacramento del Orden. Para ser ordenado es preciso tener vocación, es decir, haber sido llamado por Dios. Quien cree reconocer las señales de la llamada de Dios al sacerdocio, debe someter su deseo a la autoridad de la Iglesia a la que corresponde la responsabilidad y el derecho de llamar a recibir este sacramento. Por tanto, nadie puede exigir la recepción del sacramento del Orden, sino que debe ser considerado apto para el ministerio por su Obispo. Como toda gracia, el sacramento sólo puede ser recibido como un don inmerecido.

Para recibir la llamada al sacerdocio se requieren algunas condiciones previas. Además de ser varón, como el sacerdote se ordena para servir, no podría recibir este sacramento quien tuviera algún impedimento, físico o moral, que le impidiera prestar esos servicios propios del estado sacerdotal. Por ejemplo, quien no pudiera confesar, o celebrar la Santa Misa, o careciera de la capacidad mínima para asimilar la doctrina cristiana y enseñarla, etc., no podría ser ordenado.

¿Por qué los sacerdotes no se casan?

Tu pregunta hace referencia al celibato sacerdotal. Primeramente te diré lo que es el celibato. Etimológicamente indica la condición propia de la persona que no ha contraído matrimonio. El celibato, concebido como condición permanente de vida, se encuentra en bastantes religiones. Con la venida del cristianismo, el celibato, entendido como perfecta continencia abrazada por el Reino de los cielos, representa el objeto de uno de los consejos de Jesucristo contenidos en el Evangelio. En su sentido hondamente cristiano, el celibato no puede reducirse al mero hecho de no contraer matrimonio: es preciso que obedezca a una llamada peculiar de Dios, para dedicarse plenamente a su servicio dentro de la condición de célibe. La renuncia al matrimonio, bendecida por la Iglesia como camino de santidad para muchos cristianos, es por tanto, un presupuesto, que adquiere su plenitud y toda su hondura de significado por el hecho de que así se busca, según un carisma especial recibido de Dios, el mejor cumplimiento de la misión que cada uno ha recibido.

Y ahora es el Catecismo de la Iglesia Católica quien contesta tu pregunta: Todos los ministros ordenados de la Iglesia latina, exceptuados los diáconos permanentes, son ordinariamente elegidos entre hombres creyentes que viven como célibes y que tienen la voluntad de guardar el celibato “por el Reino de los cielos” (Mt 19, 12). Llamados a consagrarse totalmente al Señor y a sus “cosas”, se entregan enteramente a Dios y a los hombres. El celibato es un signo de esta vida nueva al servicio de la cual es consagrado el ministro de la Iglesia: aceptando con un corazón alegre, anuncia de modo radiante el Reino de Dios (n. 1.579).

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