Obispo y mártir (Beato Florentino Asensio

Semblanza del mártir obispo de Barbastro

Una cruel persecución

En pleno siglo XX se produjo una de las más tremendas persecuciones contra la Iglesia. Durante la guerra civil española (1936-39), especialmente en los primeros meses, en la zona de dominio republicano-marxista se prohibió toda manifestación de signo religioso y, por el solo hecho de creer en Dios, fueron asesinados 13 obispos, 4.317 sacerdotes, 2.489 religiosos, 283 religiosas, 249 seminaristas y muchos millares de seglares. Felizmente y para gloria de estos mártires -entre los que contaban mujeres, ancianos y muchachos casi niños-, ni los pelotones de ejecución ni los tormentos a que fueron sometidos consiguieron apartarlos de la fe.

Además, en la cruel persecución se destruyeron templos, imágenes, signos y objetos de culto en tan cantidad que pocas veces se encontrará en la ya dos veces milenaria historia de la Iglesia una acción materialmente tan devastadora, consumada con el intento deliberado de eliminar la dimensión religiosa de la vida de una nación. Sólo los templos saqueados, incendiados o arrasados alcanzan la cifra de veinte mil.

Uno de los mártires fue Florentino Asensio Barroso, obispo titular in partibus de Eurea de Epiro y administrador apostólico de Barbastro, beatificado por el papa Juan Pablo II el 4 de mayo de 1996.

Breve fue su pontificado en la ciudad del Vero, pues no llegó a colmar los cinco meses. El 16 de marzo de 1936 había llegado a Barbastro, donde fue recibido por un gran gentío, a pesar de la tensión anticlerical que latía en la ciudad. Al bajar del coche dijo, como presintiendo su drama: Ya estamos aquí. Ecce ascendimus Hierosolymam (He aquí que subimos a Jerusalén). Y sonrió, lleno de paz y de conformidad. El 9 de agosto, a las tres de la madrugada, en el kilómetro 3 de la carretera de Sariñena fue fusilado.

Primeros años de su vida

El obispo mártir había nacido el 16 de octubre de 1877 en Villasexmir, pueblecito vallisoletano del partido judicial de Mota del Marqués, del arciprestazgo de Torrelobatón, entonces de la diócesis de Palencia y hoy de la archidiócesis de Valladolid. Cuando Florentino contaba tres años de edad su familia se trasladó a Villavieja del Cerro. Sintiendo la llamada al sacerdocio, acudió a una preceptoría de preparación para el seminario diocesano que el párroco de Villavieja, D. Santiago Herrero, dirigía.

En el seminario destaca por su aplicación escolar, pero sobre todo por su conducta y virtudes, como proclamaron sus compañeros, hasta afirmar uno de ellos que en Florentino veía un santo dentro de lo humano. Recibió la ordenación sacerdotal el 1 de junio de 1901, de manos de monseñor Cidad, obispo auxiliar del cardenal Cascajares. Quiso celebrar su primera Misa solemne en Villavieja en un día muy señalado para él, el 16 de junio, fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, devoción que polarizó siempre los fervores de Florentino. Treinta y cinco años después, en la misma iglesia parroquial ofició su primer pontifical, ya hecho obispo.

Cargos pastorales

Su primer cargo pastoral fue el de coadjutor de Villaverde de Medina. De su actuación en aquel pueblo declaró D. Norberto Iscar, un párroco del lugar que años después recopilaba recuerdos e informes sobre D. Florentino, en estos términos: Todos los que le conocieron me hablan de su carácter sencillo y afable; de su labor paciente y diaria, de su solicitud por la enseñanza del catecismo a los niños y adultos, de su celo por visitar a los enfermos a quienes consolaba y trataba de remediar en sus necesidades. Implantó en el pueblo el Apostolado de la Oración, la Congregación de la Hijas de María y la Obra del Pan de los Pobres para socorrer a los necesitados.

Poco más de un año estuvo en Villaverde, pues el nuevo arzobispo de Valladolid, monseñor Cos y Macho, le llamó a la ciudad del Pisuerga para darle el cargo de archivero episcopal. El 13 de abril de 1903 ya está en Valladolid, canónicamente adscrito a la parroquia de San Ildefonso y como capellán de las Hermanitas de los Pobres. Dos años después el arzobispo le nombra su capellán y mayordomo, empleo que le obligó a residir en la sede del Arzobispado de modo habitual. No por ello renunció a una intensa actividad apostólica. Desde el 2 de enero de 1905, y durante 24 años seguidos, compaginó sus funciones en el palacio episcopal con la de capellán de la Religiosas Siervas de Jesús. En este último cargo destacó por su piedad, asiduidad y celo en el servicio del culto, del confesonario, de la catequesis y formación de religiosa. Le tenían como sacerdote en todo ejemplar por su sencillez, su modestia y su fervor. También atendió el Monasterio de Las Huelgas Reales, y según testimonio de una religiosa, los días que D. Florentino iba al Monasterio había que retrasar la hora de cerrar la iglesia por la gente que acudía su confesonario. Y asimismo, en las Rvdas. Oblatas del Santísimo Redentor, y en las Hijas de la Caridad del Hospital de Santa María de Esgueva. En todos estos centros gozó de fama de prudente confesor y celoso director de almas.

Profesor

En los años 1905 y 1906 obtuvo la licenciatura y el doctorado por la Universidad Pontificia de Valladolid, lo que le habilitó también para ejercer la docencia en dicha Universidad. En 1916 recibía de la Sagrada Congregación de Seminarios y Universidades el nombramiento de profesor. Anteriormente, en 1910 fue nombrado beneficiado de la catedral, y en 1918, canónigo. Al ser promovido a la Sagrada Púrpura su arzobispo, acompañó a monseñor Cos y Macho a Roma, donde conoció al papa san Pío X. A la muerte del cardenal Cos y Macho, ocurrida en 1919, pasa a ocupar la sede vallisoletana monseñor Remigio Gandásegui, que nombra a D. Florentino confesor del Seminario Conciliar. De su esmero y solvencia en este cometido, está el testimonio del que fue cardenal Primado de España, monseñor González Martín: Con frecuencia me confesé con él durante el trienio filosófico, cuando yo tenía 15 a 17 años. Mi recuerdo personal me permite evocarle como un sacerdote muy fervoroso, muy fino y muy delicado espiritualmente; muy capaz de despertar en nosotros los seminaristas, deseos de virtud y vida santa.

En el año 1925 fue nombrado párroco de la catedral metropolitana, a cuya jurisdicción y cuidados pastorales se adscribía todo el personal que prestaba servicios a la catedral. Cargaban también sobre él los servicios ordinarios de culto, predicación, catequesis, confesiones, atención a los enfermos… Los 10 años dedicados a esta función fueron de absoluta ejemplaridad y diligencia.

La predicación fue para D. Florentino una verdadera vocación que cultivó desde el comienzo de su vida sacerdotal hasta los últimos días de su vida. Preparaba sus sermones con esmero y escribía cuanto decía, de principio a fin. Para él la predicación era, más que un desahogo, un deber de su espíritu y celo apostólico.

Obispo

Un día de otoño de 1935 -12 de octubre- fue llamado a Ávila por monseñor Tedeschini, nuncio apostólico en España, para hacerle saber que la Santa Sede se proponía elevarlo a la dignidad episcopal con nombramiento de Administrador Apostólico de Barbastro, sede que había quedado vacante por traslado del obispo redentorista P. Nicanor Mutiloa Irurita a la sede de Tarazona. Sorprendido, y honradamente convencido de que a él no le iba tal dignidad, se resistió hasta el máximo, según testificó el propio nuncio, Federico Tedeschini: El candidato D. Florentino Asensio Barroso, es dignísimo como persona y no indigno como candidato al episcopado. Le llamé y expuse la soberana voluntad (del Papa) que le destinaba a Barbastro. Durante la conversación, el sacerdote, que es sin duda una persona enteramente de Dios, se resistió por todos los medios. Desde Valladolid, el canónigo Asensio escribió al Nuncio declinando la propuesta. Y a duras penas, terminó aceptando la carga de aquella Administración Apostólica. Todo analizado, creo que hará mucho bien, dará mucha gloria a Dios y hará mucho bien a las almas. Parece ser que después de una abundante correspondencia, el representante del Papa zanjó la cuestión con estas palabras: O acepta usted el cargo o será considerado como hijo rebelde de la Santa Sede.

La consagración episcopal tuvo lugar el 26 de enero de 1936. Actuó de consangrante el arzobispo de Valadolid, monseñor Gandásegui, acompañado por los co-consagrantes Manuel de Castro y Alonso, arzobispo de Burgos, y Manuel Arce Ochotorena, a la sazón obispo de Zamora.

Tiempos difíciles

Los tiempos eran difíciles para la Iglesia en España. La situación se agravaba por momentos y el estallido revolucionario, que ya en 1934 había causado muchas víctimas y graves daños en Asturias y en otras partes, amenazaba de nuevo. Para el 16 de febrero, se habían convocado elecciones legislativas y el nuevo obispo quiso dejar pasar aquella circunstancia, antes de emprender la marcha y comenzar la tarea en Barbastro. Pero quiso estar en su nuevo destino antes de que comenzase la Semana Santa de aquel año, y decidió realizar la entrada solemne en su sede el día 15 de marzo, III domingo de cuaresma. Noticia que difundió El Cruzado Aragonés, semanario católico.

Las elecciones generales de febrero, con el triunfo del Frente Popular, encresparon aún más las aguas, no siendo Barbastro ajena a la agitación de aquellos tiempos. Había en la ciudad del Vero grupos organizados que fomentaban la subversión y el sectarismo anticlerical. Durante el pontificado del obispo Mutiloa ya se habían producido la profanación del cementerio y el asalto al Seminario Diocesano.

En Barbastro

Monseñor Asensio salió de Valladolid el 13 de marzo, en marzo rumbo a Zaragoza. Al despedirse de la comunidad del Monasterio de Las Huelgas Reales la abadesa le dijo, lamentándose: En qué tiempo le toca ir a tierras tan lejanas. Y D. Florentino contestó: ¿Y qué? Todo se reduce a que me maten y vaya antes al cielo. La parada en la capital aragonesa era ineludible para postrarse ante la Virgen del Pilar y para cumplimentar a su metropolitano, monseñor Rigoberto Doménech. Estando en Zaragoza, pudo percibir los primeros aires de la tormenta que se cernía sobre su persona.

Al circular la noticia de su llegada, se supo que elementos provocadores estaban apostados en la carretera de Huesca para perturbar el acto o atentar contra la persona del nuevo prelado. El Cabildo de la Catedral lo alertó. Y el Obispo retrasó su llegada al día siguiente, 16 de marzo, lunes. Llegó protegido y sigilosamente. La “recepción” fue en la Catedral, donde se habían congregado los fieles para recibirle sin más boato que la cordialidad y el ceremonial litúrgico prescrito para tales casos.

En la alocución dijo que era la Providencia quien le traía a Barbastro para ser padre de todos en cualquier circunstancia, pero preferentemente en las adversas… Que había llegado el momento de estrecharnos todos las manos para que no existiesen odios, ni rencores, ni envidias, ni prejuicios, hasta conseguir que todos seamos realmente buenos hermanos como hijos de un mismo Padre.

Primeros problemas

Pocos días después -el 18 de marzo-, el Ayuntamiento hizo llegar al Obispo el acuerdo que se había tomado en la sesión municipal de prohibir el toque de campanas como anuncio de actos de culto, de festividades religiosas y cualquier otro tipo que no sea expresamente autorizado por esta Alcaldía. Porque decían que el frecuente toque de campanas constituye una molestia que debe evitarse… es anuncio contrario al sentir popular… abuso flagrante y reto a las creencias u opiniones opuestas… propaganda hiriente para muchos… turbadora del reposo de todos.

Sin hacer en ningún momento dejación de derechos, monseñor Asensio dio pruebas de talento y de moderación.

Pero el asunto que le dio más quebraderos de cabeza fue la defensa del Seminario Diocesano, cuyo edificio se había adjudicado el Ayuntamiento por la fuerza en el año 1933, y que sólo tras penosos esfuerzos pudo ser recuperado por monseñor Mutiloa, predecesor de D. Florentino en la sede episcopal de Barbastro. El recién llegado obispo hizo lo que buenamente pudo en el viejo pleito sobre la propiedad del Seminario. A las amenazas del Ayuntamiento de apoderarse de nuevo del inmueble, monseñor Asensio opuso una táctica dilatoria, entre amable y prudente. Logró así, al menos, que los seminaristas acabasen el curso. Cuando en mayo de 1936 las turbas asaltaron el edificio, consiguió salvar los objetos más importantes de la iglesia, de la biblioteca… Al iniciarse la demolición del Seminario, acudió al Tribunal Supremo y depositó la fianza legal, con lo que frenó por el momento los hechos consumados.

En el ámbito social acudió en auxilio de la clase obrera, tan maltratada. Entregó de sus fondos unas 2.000 pesetas para aliviar a los parados, una cantidad respetable para aquellos tiempos. Mandó también realizar obras en la tapia del huerto del Obispado para dar trabajo a algunos desempleados. Inició, por otra parte, el Sindicato Católico en su diócesis, como alternativa a los sindicatos de ideología anticristiana.

El ambiente de Barbastro era tenso, el clima anticlerical de un sector de la población estaba totalmente enrarecido. D. Florentino presentía la tragedia. Cuando el 2 de julio subió al Monasterio de las Religiosas Capuchinas para presidir la elección de una nueva abadesa, dijo en la plática previa a la votación: Quien sea la elegida tome la cruz y siga a Jesús cargado con la suya hasta el Calvario, para ser allí crucificada con Él. ¡Qué dicha si algún día llegamos a ser mártires! ¿Quién sabe si no lo seremos? Para él, la cruz, el calvario y el martirio estaban tan sólo a días vistas.

El Pastor no abandona a las ovejas

Tan grave era la situación, que varias personalidades eclesiásticas, entre ellas el obispo de Huesca y el arcediano del Pilar de Zaragoza, le aconsejaron que se alejase de la diócesis. La respuesta de D. Florentino, al oír tales consejos, siempre era la misma: Yo no abandono la viña que el Señor me ha confiado. Quiero correr la misma suerte de mi diócesis. Y, sin vacilar en ningún instante, siguió en su puesto ofreciéndose en holocausto. Él vivía en el clima de la confianza en el Señor. Veinte siglos atrás en Jerusalén habían crucificado al Hijo de Dios, y a lo largo de la historia, una multitud de hombres y mujeres habían sufrido persecuciones, violencias y martirios a causa de su fe. D. Florentino presentía que el Señor le llevaba por el mismo camino.

Una sangrienta persecución

El 13 de julio era asesinado en Madrid el jefe de la oposición parlamentaria, José Calvo Sotelo, por las fuerzas de seguridad del Estado. España entera se conmovió. Aquel crimen fue el detonante que desencadenó la Guerra Civil española. Cuatro días después, el 17 de julio, se produjo el alzamiento del ejército de África. Al día siguiente, por la mañana, el secretario de Cámara del Obispado fue a despachar con el prelado. Éste le preguntó: ¿Has oído lo del levantamiento de África? Su colaborador le contestó: Sí, lo he oído, Sr. Obispo. Y el Obispo comentó: Veremos lo que el Señor nos prepara.

A partir de aquel momento, se desarrolló en toda la diócesis de Barbastro una sangrienta persecución religiosa. El 19 de julio fueron detenidos dos sacerdotes, entre ellos el Vicario General. En la mañana del 20, un piquete de milicianos comunica al Sr. Obispo que quedaba detenido en el palacio episcopal, prohibiéndole toda comunicación con el exterior. Dos días más tarde, D. Florentino es trasladado al colegio de los Padres Escolapios, transformado en cárcel, donde fueron llegando varias decenas de religiosos, algunos sacerdotes y algún seglar en calidad de presos.

En D. Florentino la oración fue el soporte y sedante para la tensión de aquellos días. Si todos los allí encarcelados recibieron de él un refuerzo de la fe, la muerte presentida, ya cercana, pedía redoblar las energías del espíritu. Nadie podía apartarle de los grandes asideros de su alma: la oración que hacía delante de la Eucaristía, oculta en el gabinete de física del colegio, desagraviando, y la Sagrada Comunión que recibía diariamente; el recuerdo de la Virgen María con la práctica del Rosario Perpetuo; y, sobre todo, la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, al cual comenzó una novena el día 31 de julio, terminándola el 8 de agosto con una confesión general, momentos antes de salir para sufrir el martirio.

El martirio

El 6 de agosto empezaron los interrogatorios. Al atardecer del 8, el Obispo fue citado de nuevo por dos milicianos a declarar. Presagiando lo peor, se acercó al prior de los benedictinos y le dijo: Por lo que pudiera ocurrir, déme la absolución. Aquella noche fue encerrado en la cárcel. A la una de la madrugada D. Florentino habló a los religiosos y demás personas que allí habían: Hijos míos, voy a daros mi última bendición, y después, como nuestro Maestro Jesús, celebraré mi última cena con vosotros. Algunos de los presentes se echaron a llorar, y añadió el prelado: No, no lloréis, porque esta noche es muy grata para mí. Elevemos nuestras plegarias al Todopoderoso para que salve a España de nuestros enemigos. A las tres le sacaron de la cárcel camino del Calvario. Su pasión había comenzado.

Cuando lo fueron a buscar en la cárcel, Mariano Abad, conocido por el Enterrador y que capitaneaba el piquete de ejecución, se quedó mirando con fijeza a monseñor Asensio, que vestía una chaqueta que no era suya y con mal aspecto, y soltando aquel personaje siniestro una blasfemia, le dijo: ¿Tú eres el Obispo? Pues, ¡si pareces un pastor!, a la vez que le daba un empellón despectivo y añadía: ¡No tengas miedo, hombre! Si es verdad eso que predicáis, irás al cielo. Lo único que dice el Obispo es: Sí, y rogaré por vosotros. Y entre insultos y blasfemias, el Enterrador le ató las manos detrás de la espalda con alambre, mientras decía: A éste, como es el pez gordo, lo ato yo. Y a continuación se consumó la burla más sangrienta y nefasta de toda la historia de Barbastro, el escarnio del Obispo.

Le bajaron la ropa, entre carcajadas, para ver si realmente era hombre como los demás. D. Florentino bajó los ojos y no hizo ningún movimiento, ni pronunció una sola palabra. Entre frases groseras e insultantes, risas y algarabía, uno de los presentes se acerca a sus genitales y, con sacrílega burla, le enseña una navaja cabritera y le corta los testículos. El obispo palideció, pero no se inmutó. Ahogó un grito de dolor y musitó una oración al Señor de las Cinco tremendas Llagas. Le cosieron la herida, el escroto, con hilo de esparto, como a un pobre caballo destripado. Le apretaron una toalla para frenar la hemorragia. El Enterrador rezongó: Habéis tenido el capricho de hacer esto, y ahora vamos a tener que llevarlo a cuestas hasta el camión, “si se enfría”.

El obispo fue empujado sin consideración al camión, y llevado a fusilar. Le obligaron a ir por su propio pie, chorreando sangre, a primeras horas del día 9 de agosto. Para los asesinos era un perro, una pobre bestia amansada y derruida. Ante los ojos de Dios y de los creyentes, era la imagen ensangrentada y bellísima de un nuevo mártir, en el trance supremo de su inmolación. El heroico prelado iba camino de su Gólgota diciendo en voz alta y alborazada: Qué noche más hermosa para mí; voy a la casa del Señor. Uno de los milicianos no entendía de qué podía alegrarse en aquel trance, y comentó: Se ve que no sabe a dónde lo llevamos… Y D. Florentino, serenamente, dice: Me lleváis a la casa de mi Dios y mi Señor; me lleváis a la gloria. Yo os perdono. En el cielo rogaré por vosotros… Sus verdugos le decían: Anda, tocino, date prisas. Y él: No, si por más que me hagáis, yo os he de perdonar.

Extenuado, llegó al lugar de la ejecución. Al recibir la descarga, los milicianos le oyeron decir: Señor, compadécete de mí. Su muerte no fue instantánea. Su agonía duró aproximadamente una hora, pues no le dieron el tiro de gracia, sino que lo dejaron morir desangrándose para que sufriera más. La agonía le arrancaba lamentos, se le oía decir: Dios mío, abridme pronto las puertas del cielo. También dijo: Señor, no retardéis el último momento. Y repetía muchas veces que ofrecía su sangre por la salvación de su diócesis.

Una vez muerto, Mariano Abad dijo: Ya tenemos al jefazo de los curas liquidado. Esto está en marcha. Luego añadió como arrancándose de la cabeza una pesadilla: ¿Te has fijado, el Obispo? ¡Qué serenidad! Aun en el mismo momento de volarle la cabeza, encomendándose a Dios… ¡Hay que ver cómo muere esta gente! Parece hasta como si tuvieran satisfacción. Se quedó mirando al vacío y de repente: No ha de quedar ni raza. Hasta la semilla de la sotana hay que raer. Y de los 140 sacerdotes de la diócesis de Barbastro fueron asesinados 114.

El cadáver del Obispo mártir fue arrojado a la fosa común. Al finalizar la Guerra Civil se procedió a la exhumación de los restos de las víctimas. El cadáver de D. Florentino pudo identificarse. Trasladados sus restos en un primer momento a la cripta de la Catedral con gran solemnidad, años más tarde fueron depositados bajo el altar de la Capilla de San Carlos. Una vez beatificado, su fiesta se celebra el 9 de agosto.

Anuncios

5 Respuestas a “Obispo y mártir (Beato Florentino Asensio

  1. Ante este testimonio martirial,sólo queda ante el que lo lee hacer un profundo silencio,y elevear una plegaria a una figura tan ilustre de la Santa Iglesia de Cristo.
    Don Florentino Asensio, ruega por mi y por cuantos admiran tu valor y ejemplar muerte!

  2. Tío Florentino…………siempre, siempre me has ayudado en los momentos más difíciles de mi vida, me has apoyado y me has dado unas fuerzas con las que a veces creía no contar………….te doy las gracias…………….yo………ní tengo la fe que tú tenías, ní tu resignación, ní tu generosidad, ní tu grandeza de espíritu…………..pero te quiero…………estés donde estés………sé que velas por nosotros………………(((…………y “yo no hubiera perdonado a los “cabestros” esos…………qué tiempos más difíciles……….pero que les dén mucho……………….también estén dónde estén………….))))………(((y perdóname por lo burra que soy……………..pero demostraron la peor y más baja, mezquina, ruin, bárbara, ignorante y vengativa faceta que podemos tener los seres humanos……………..
    Hasta luego…………..y sigue acordándote de los que estamos aquí………….

    Un beso muy fuerte

    Una de tus sobrinas bis (Eres el hermano de mi bisabuelo vía materna)

  3. Desde que tuve la dicha de saber de ti te he acompañado en tu dolor con mi contrición y mi amor. Ruega siempre por España y por su fe; pidelé al Señor que tenga piedad conmigo, bendito obispo y martir Florentino. Amén

  4. Recientemente visite Barbastro , me sorprendió el buen estado de la Catedral y de sus ornamentos, apenas dañados por la guerra civil, se nos acercó un cura mayor y nos dijo que el Enterrador se educó en el seno de la Iglesia y era un jefazo de CNT, este protegió el patrimonio, veo que las vidas de los religiosos no las protegió, me recomendó viera la película la vi, quede impresionado, yo de educación Católica, no me acompaña la virtud de la Fe, hoy conozco mejor la memoria histórica de Aragón.
    Andrés Berral Baena, de Fernàn Núñez

  5. Te pido ruegues por la paz. Por mi familia , todos los españoles , especialmente por aquellos que no conocen la paz y añoran la guerra. En último lugar por mi. Te damos gracias por tu demostración de fe y, te pedimos que interceda ante el Altísimo para que un día estemos junto a Él.
    Todo ello en el nombre del Padre , de Hijo Y del Espiritusanto. Amén.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s