Homilía del V Domingo de Pascua (Ciclo A)

Promesa divina. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. A adonde yo voy, ya sabéis el camino”. Cristo Jesús promete a los suyos la vida eterna. Vale la pena dejar todo por seguir al Señor. Sólo Cristo tiene palabras de vida eterna. No hay palabras bastantes para expresar ni de lejos cómo será nuestra vida en el Cielo. Allí todas nuestras expectativas de amor y de felicidad quedarán plenamente colmadas.

A la hora de la tentación piensa en el Amor que en el cielo te aguarda: fomenta la virtud de la esperanza, que no es falta de generosidad (San Josemaría Escrivá). El deseo de la felicidad verdadera aparta al hombre del apego desordenado a los bienes de este mundo. La esperanza del Cielo llenará de alegría nuestro camino, aun en medio de las dificultades.

El camino del Cielo. Tomás le dice: “Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?” Jesús le responde: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. El cristiano se encamina a la eternidad a través del tiempo. Nuestro Señor con su vida y sus enseñanzas nos muestra el camino que conduce a la casa del Padre. Él mismo es el camino, el único camino que conduce al Cielo. El que quiera conseguir la salvación, deberá tomar ese camino.

A menudo nos encontramos en una encrucijada, sin saber cuál es el camino que debemos elegir, ni adónde ir; son muchos los caminos errados, como también las propuestas fáciles y las ambigüedades. No olvidemos, en esos momentos, que Cristo -con su Evangelio, su ejemplo y sus mandamientos- es siempre y sólo el camino más seguro que desemboca en una felicidad plena y duradera. Si recorremos este camino nuestra vida terrena estará llena de paz aun en medio de las tempestades. Jesús es nuestro camino. Nos acompaña, como lo hizo con los discípulos de Emaús. Nos muestra el sentido de nuestro caminar. Nos reconduce cuando erramos el camino. Nos levanta cuando nos caemos. Nos espera al final del camino, cuando llegue el momento del reposo y del gozo (Juan Pablo II).

Verdad y Vida. El reino de Cristo es reino de la Verdad y la Vida. Cristo reina sobre aquellos que aceptan y viven la Verdad por Él revelada: el amor del Padre. Se hace carne para manifestar esta Verdad, y para que los hombres puedan conocerla y aceptarla. Cristo es la Verdad porque, con su venida al mundo, muestra la fidelidad de Dios a sus promesas, y porque enseña verdaderamente quién es Dios.

La verdadera plenitud de la vida se encuentra sólo en Cristo, muerto y resucitado por nosotros. Sólo Él da el valor y la alegría de vivir. Él es la Vida por tener desde toda la eternidad la vida divina junto al Padre, y porque nos hace, mediante la gracia, participar de esa vida divina. Por todo esto dice: Ésta es la vida eterna: Que te conozcan a Ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo a quien Tú has enviado (Jn 17, 3).

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