Homilía del Domingo XVI del Tiempo Ordinario (Ciclo A)

Una siembra no deseada. Un hombre sembró buena semilla en su campo. Pero, mientras dormían los hombres, vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo. Dios nos ha dado el mundo por heredad. Misión del cristiano es sembrar la buena semilla, difundir la doctrina cristiana para que muchas almas conozcan y amen a Cristo, hacerse eco a las enseñanzas de la Iglesia sobre los temas de candente actualidad, como los que se refieren a la defensa de la vida humana, la santidad del matrimonio, el fin sobrenatural de la Iglesia, el valor de los sacramentos… Para dar doctrina hay que tenerla; nadie da lo que no tiene. De ahí la necesidad de conocer bien el Catecismo de la Iglesia Católica y su Compendio.

 

Refiriéndose a la época que le tocó vivir, santa Teresa de Jesús decía que eran tiempos recios. También nuestros días son una época difícil para la Iglesia y para el mundo. El enemigo ha sembrado mucha cizaña. Quizá porque los católicos hemos estado dormidos. Hay que salir del sueño.

 

Presencia de los católicos en la sociedad. Los católicos no podemos estar dormidos cuando la siembra de cizaña es abundante. Es un tremendo error dejar en manos de personas que carecen de la luz de nuestra fe las realidades materiales, técnicas, económicas, sociales, políticas, culturales… Hay que estar presentes donde se decide la vida del barrio, pueblo, ciudad o país, para influir cristianamente en las decisiones de las asociaciones políticas, culturales, profesionales, deportivas, etc., de las que se forma parte. Una forma de participar en la vida pública es ejerciendo responsablemente, en consonancia con la doctrina cristiana, el derecho y el deber del voto.

 

El conformismo, la comodidad, el derrotismo, que llevan consigo una visión negativa de la situación de la sociedad; la falta de celo apostólico y de ilusión por transmitir los ideales cristianos, en bastantes católicos, es el sueño malo que permite al enemigo la siembra del error, la ausencia de valores morales, la promulgación de leyes claramente contrarias a la ley de Dios.

 

Coherencia con la fe. El católico, actuando siempre con plena libertad, debe participar en la construcción de la ciudad terrena, siendo coherente con la fe recibida en el Bautismo, y teniendo en cuenta que su actuación cívica, social, política, debe someterse a una serie de principios irrenunciables sobre la naturaleza humana y los valores morales fundamentales. A la vez que asume la responsabilidad de sus propias decisiones: máxima libertad, máxima responsabilidad.

 

A pesar de las sombras que oscurecen el panorama del porvenir inmediato de nuestro mundo, no nos falta la esperanza, porque Cristo es la Luz que disipa las tinieblas. El triunfo del Señor está asegurado, porque Él nunca pierde batallas. Donde abundó el pecado sobreabundó la gracia  (Rm 5, 20). Por más que la cizaña amanece invadir y ahogar el buen trigo, la fe nos dice que crecerá el trigo entre las malas hierbas; y el bien sembrado por los católicos acabará ahogando el mal de la cizaña.

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