Fiesta de Santiago el Mayor

El Apóstol de España. Celebramos la fiesta de Santiago el Mayor. De la vida de este apóstol de Cristo sabemos bastante. Aparece repetidas veces en las páginas del Nuevo Testamento. Fue una vida corta vida, pero intensa. Dio fe, con su sangre y con su palabra, de la herencia que le confió Jesucristo antes de su Ascensión. Es del único apóstol que la Sagrada Escritura da noticia de su martirio. En aquel tiempo prendió el rey Herodes a algunos de la Iglesia para maltratarlos. Dio muerte por la espada a Santiago, hermano de Juan. Este hecho debió ocurrir en el año 42. Santiago es el primer mártir entre los Apóstoles.

 

La época que nos ha tocado vivir, estos inicios del tercer milenio del Cristianismo, es de desafío. Cuando vemos un mundo que se aleja de Dios, una sociedad donde los valores cristianos son arrinconados, no hay más remedio que esforzarse por extender la fe por todo el mundo. El Señor se sirvió de los apóstoles para que el Evangelio fuera conocido en todas las partes. Santiago fue quien predicó la Buena Nueva de Jesucristo en España.

 

La difusión del Cristianismo. En la 1ª lectura está lo que dijo san Pedro al sumo sacerdote cuando éste prohibió a los Apóstoles enseñar en nombre de ése (Jesús): Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. Esta respuesta exasperó a los miembros del Sanedrín, y decidieron acabar con ellos (los Apóstoles). El libro de los Hechos de los Apóstoles relata cómo desde el principio los discípulos del Señor sufrieron persecución, según el mismo Cristo se lo había anunciado. La persecución contribuyó a la difusión del Cristianismo.

 

Sólo la acción todopoderosa del Espíritu Santo explica la difusión tan asombrosa del hecho cristiano. Toda dificultad fue superada, todo obstáculo vencido, y los cristianos eran reconocidos por los paganos con estas palabras absolutamente expresivas: Mirad como se aman. Nuestro comportamiento ha de ser el de los primeros cristianos, cuando comenzaron la epopeya de la Evangelización del mundo.

 

Tarea apasionante. Hay que procurar que las personas con las que nos relacionamos se acerquen a Dios. Sí, acercar a nuestros amigos y conocidos a Dios; que sintamos en lo más profundo de nuestro ser un afán apostólico intenso, como el de Santiago y demás Apóstoles. En el Evangelio vemos cómo algunas personas ayudan a otras para acercarse a Cristo. Al ciego Bartimeo alguien le dijo: Ánimo, levántate, que te llama (Mc 10, 49). Al paralítico de Cafarnaúm cuatro amigos se tomaron la molestia de llevarle en camilla y de ponerle delante de Jesús. Si no hubiera sido por aquellos amigos al paralítico no se le hubiera perdonado los pecados ni habría sido curado milagrosamente de la parálisis.

 

La mujer samaritana, después de su conversión, va a la ciudad y dijo a sus paisanos: Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será el Mesías? (Jn 4 29). Y el resultado es que muchos samaritanos creyeron en la palabra de Cristo. Andrés, después de conocer a Jesús, condujo a su hermano Simón para presentarle al Señor. Lo mismo hizo Felipe con Natanael: Ven y verás (Jn 1, 46).

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