Homilía del Domingo XIX del Tiempo Ordinario (Ciclo A)

Necesidad de la oración. Y después de despedir a la gente subió a un monte apartado para orar, y llegada la noche, estaba allí solo. En el Evangelio vemos cómo Cristo se retiraba a lugares solitarios para hacer oración. Él mismo aconsejó a sus discípulos: Es preciso orar en todo tiempo y no desfallecer (Lc 18, 1). Vigilad, pues, en todo tiempo y orad (Lc 21, 36).

 

La oración es necesaria para alcanzar la salvación eterna, la santidad. La oración es el medio necesario y seguro para conseguir la salvación y para obtener todas las gracias necesarias para conseguirla (San Alfonso Mª Ligorio). ¿Santo, sin oración?… ‑No creo en esa santidad (San Josemaría Escrivá). Necesitamos orar para no caer en la tentación, ni en la rutina, ni en la tibieza. Con oración uno siempre sale victorioso de los ataques del enemigo. Sin oración no se puede tener vida interior. Y también necesitamos la oración para hacer apostolado, para acercar gente a Dios, para la apasionante tarea de evangelizar el mundo; pues antes de hablar a un alma de Dios, hay que hablar mucho a Dios de esa alma.

 

¿Qué es la oración? Juan Pablo II respondió a esta pregunta: Comúnmente se considera una conversación. En una conversación hay siempre un “yo” y un “tú”. En este caso un Tú con la T mayúscula. Para santa Teresa de Jesús la oración es tratar de cosas de amistad con Aquél que sabemos que nos ama.

La oración es siempre abrirse al Espíritu Santo, una escucha de la palabra de Dios. Hacer oración es hablar con el Señor como se habla con un padre, con un amigo: sin anonimato, con un trato personal, es una conversación de tú a tú (San Josemaría Escrivá). Un cara a cara con Dios, de donde se extrae luz y fuerza; y a veces, un debatirse o una queja, y siempre, una intercesión que espera y prepara la intervención del Dios salvador, Señor de la historia (Catecismo de la Iglesia Católica). Para mí, la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como desde dentro de la alegría (Santa Teresa del Niño Jesús).

 

Cualidades de la oración. Toda oración debe ser hecha con fe, humildad, confianza y perseverancia. El mismo Jesús nos habla de las cualidades de la oración. Entre ellas, la sinceridad: vamos a la oración a hablar confiadamente de Él y de nosotros. La confianza: todo lo alcanzaremos del Señor, que es Padre nuestro. La humildad: la nuestra debe ser la oración del publicano, y no la del fariseo. La constancia: Dios nos deja perseverar en la oración porque nos hace mejores.

 

Y la oración es eficaz: La oración ferviente del justo tiene gran eficacia. El profeta Elías, que era un hombre de la misma condición que nosotros, oró fervorosamente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra durante tres años y seis meses; y oró de nuevo, el cielo envió la lluvia y la tierra produjo sus frutos (St 5, 16-18). También en la Sagrada Escritura se ve cómo la oración del rey Ezequías fue atendida por Dios y le curó de su enfermedad concediéndole quince años más de vida.

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