Homilía de la Conmemoración de los Fieles Difuntos

Antesala del Cielo. Como madre que es, la Iglesia conmemora a los fieles difuntos que se purifican aún en el Purgatorio, preparándose para el momento en que Jesús les dirá: entra en el gozo de tu Señor (Mt 25, 21). Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo (Catecismo de la Iglesia Católica).

Ha llegado la hora de ver a Dios. La terrible tensión con la que es esperada la sentencia divina ha desaparecido; pero Dios, a causa de las culpas no expiadas, niega su visión por un tiempo más o menos largo. Con todo, para esas almas sería el peor tormento liberarles de la purificación porque supondría el aplazamiento indefinido de la visión de Dios. El Purgatorio no es un infierno temporal y atenuado sino la antesala del Cielo. Con amor encendido, aunque todavía imperfecto, las benditas almas del Purgatorio adoran la santidad de Dios, y quieren esa purificación, porque les permitirá ver a Dios, máximo deseo del corazón humano.

Penas del Purgatorio. La principal pena que experimentan las benditas ánimas del Purgatorio es la pena de daño, que consiste en un aplazamiento doloroso de la visión divina. También existe en el Purgatorio la pena de sentido, consistente ‑según los teólogos‑ en un misterioso fuego que recibe de Dios ‑como instrumento de su justicia‑ el poder de causar en las almas allí retenidas un sufrimiento purificador, por las veces que, pecando, pusieron su fin en las criaturas en lugar de dirigir todo a la gloria de Dios. El sufrimiento y el dolor van acompañados de la esperanza de llegar a ver a Dios.

Las almas del Purgatorio nada pueden hacer por sí mismas para llegar antes al Cielo: sólo aceptar sus sufrimientos y ofrecerlos. Pero esa aceptación y ofrecimiento no lleva consigo ninguna atenuación de la pena: de aquel lugar no se sale hasta haber satisfecho la deuda por entero. Nosotros sí podemos aligerar el rigor de sus penas, así como su duración, con nuestros sufragios, con la penitencia, con las indulgencias.

Sufragios por los difuntos. La Comunión de los Santos es una verdad de nuestra fe. Es una verdadera comunicación de bienes sobrenaturales entre los fieles cristianos que viven en este mundo (Iglesia peregrina), los bienaventurados (Iglesia gloriosa) y las almas que permanecen en el Purgatorio (Iglesia purgante). La Iglesia peregrina, consciente de esta comunión de todo el Cuerpo místico de Jesucristo, siempre ha ofrecido oraciones por las ánimas del Purgatorio, pues es una idea santa y provechosa orar por los difuntos para que se vean libres de sus pecados (2 M 12, 45).

Estamos, pues, unidos a las almas que se purifican en el Purgatorio. Por ellas ofrecemos sufragios: la Santa Misa, indulgencias, limosnas, oraciones, obras meritorias y satisfactorias; mientras que ellas, por su parte, pueden interceder por nosotros. No olvidemos que es una obra de misericordia rezar por los difuntos.

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