Homilía de la Fiesta de la Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán

Catedral de Roma. Celebramos hoy la Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán, que es la catedral de Roma. Esta iglesia es uno de los primeros templos que los cristianos pudieron construir, una vez que cesaron las persecuciones. Fue dedicada al culto el 9 de noviembre del año 324 por el Papa san Silvestre I. Esta fiesta nos invita a mirar a Roma, donde está esa Basílica, llamada Madre y Cabeza de todas las iglesias de Roma y del mundo. Su celebración es un signo de amor y unidad de todos los cristianos con la cátedra de San Pedro, a la vez que nos estimula a alimentar la vida personal y comunitaria con la fe fundada en el testimonio de los Apóstoles.

La cátedra romana es el símbolo de la autoridad del Obispo de Roma, y en particular de su magisterio; es decir, de la enseñanza evangélica que, en cuanto sucesor del Príncipe de los Apóstoles, está llamado a conservar y transmitir a la comunidad cristiana. Desde esa sede, guía, como maestro y pastor, el camino de los fieles en la fe, en la esperanza y en la caridad.

Lugar de culto. Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Los judíos no entendieron estas palabras de Jesús; pensaban en el Templo de Jerusalén, pero el Señor hablaba del templo de su cuerpo. Jesucristo es el nuevo y definitivo Templo de Dios entre los hombres, el único y verdadero Templo donde el Pueblo de la Nueva Alianza realiza el culto agradable al Padre. Cuando el Maestro divino compara el Templo de la Ciudad Santa con su propio Cuerpo, revela que Él es el Verbo de Dios que puso morada entre los hombres.

Ahora bien, el carácter social y visible del Nuevo Pueblo de Dios exige lugares para el culto, por lo que desde el principio se erigieron edificios destinados al culto y a la oración. Las iglesias son los lugares donde la comunidad cristiana celebra la liturgia. Desde hace siglos, a cada iglesia se le llama “la casa de Dios”, puesto que Cristo habita sacramentalmente en el sagrario y, por extensión, en todo el recinto sacro.

Inhabitación de la Trinidad. En la carta del Apóstol se dice: Sois edificio de Dios. ¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? San Pablo, con estas palabras, manifiesta la inhabitación de la Santísima Trinidad en el alma en gracia. En efecto, por medio de la gracia de Dios inhabita en el alma justa como en un templo, de un modo íntimo y singular (León XIII). Esta presencia de Dios Uno y Trino en el alma en gracia es toda una invitación a procurar un trato más personal con Dios, al que en todo momento podemos buscar dentro de nosotros, en nuestras almas.

Sí, cada cristiano es ese templo que Dios ha edificado para venir y morar. Pero, que cada uno reflexione si realmente ahora su alma está limpia, para que Dios pueda habitar en ella. ¡En cuántas ocasiones, por el pecado, he convertido mi alma en mercado y cueva de ladrones! De ahora en adelante, con la ayuda de Santa María, procuremos la limpieza de nuestra alma, para que la Santísima Trinidad encuentre un lugar digno donde inhabitar.

 

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