Homilía de la Solemnidad de Cristo Rey (ciclo A)

Realeza de Jesús. La fiesta de Cristo Rey fue instituida por Pío XI con la finalidad de afirmar la soberanía de Jesucristo sobre los hombres y las instituciones, es decir, el reinado de Nuestro Señor en sí mismo considerado. El título y poder de rey pertenecen en derecho propio a Jesucristo, como Dios y como Hombre. Es también Rey por derecho de conquista en cuanto es el libertador de toda la humanidad redimida  con su Sangre. Cuando vemos en el mundo de nuestros días que se organiza la vida social como si Dios no existiese, y se engendra de esta forma la apostasía de las masas, la Iglesia afirma sin ningún titubeo que Cristo es Rey. Es Rey de las almas y de las conciencias, de las inteligencias y de las voluntades. Y lo es también de las familias y de las ciudades, de los pueblos y de las naciones.

Cristo, Rey eterno que reina desde la Cruz, es presentado en la 1ª lectura como Pastor de la humanidad. Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas (…) y las libraré, sacándolas de todos los lugares donde se desperdigaron un día de oscuridad y nubarrones. Y en el  prefacio se alude a las cualidades del reinado de Cristo: Reino de la verdad y la vida; de la santidad y la gracia, de la justicia, el amor y la paz.

La Parusía. Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre y todos los ángeles con él, se sentará en su trono de gloria. El Evangelio nos habla de la segunda venida de Cristo a la tierra, que será distinta de la primera. En ésta, Jesús pasó casi desapercibido: sólo unos pastores le reconocieron como Mesías. Y vino para redimir al hombre. En la Parusía vendrá con toda su gloria, con la realeza que le pertenece, para juzgar a vivos y muertos. Entonces dirá el rey a los de su derecha: “Venid, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.

¿Cómo no experimentar un intenso entusiasmo, lleno de gratitud, por haber sido admitidos a contemplar el esplendor de esta revelación? ¿Cómo no sentir al mismo tiempo la alegría y la responsabilidad de servir a este Rey, de testimoniar con la vida y con la palabra su señorío? (Benedicto XVI). Misión del cristiano es extender y afirmar el reinado de Jesucristo en todos los corazones, y en todas las actividades humanas. Anunciemos, pues, al mundo la realeza de Cristo, esperanza para toda la humanidad.

Obras de misericordia. Cada vez que los hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis. La sentencia que cada hombre reciba en el Juicio final será conforme a cómo haya vivido las obras de misericordia. El amor a Dios y el amor al prójimo se funden entre sí: en el más humilde encontramos a Jesús mismo, y en Jesús encontramos a Dios.

Se sirve a Jesús en los pobres, en los marginados, en los enfermos, en los niños sin hogar, en los ancianos que padecen soledad. Es a Él a quien se cuida, se visita, se viste, se alimenta, se cobija y se conforta cuando nos preocupamos de los desheredados, de los huérfanos, de los moribundos, de los que sufren… Y el Padre celestial recompensará todo el bien hecho de modo humilde y desinteresado.

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