Homilía de la Fiesta de la Sagrada Familia

La familia cristiana. Celebramos en este domingo la fiesta de la Sagrada Familia. El hogar de Nazaret es la escuela donde se nos ofrece el significado de la familia, su comunión de amor, su sencilla y austera belleza, su carácter sagrado e inviolable, lo dulce e irreemplazable que es su pedagogía y lo fundamental e incomparable que es su función en el plano social (Pablo VI). En la liturgia de la Palabra se nos habla de cómo tiene que ser la familia, el papel de cada componente dentro de la misma. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo. Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada.

A la familia cristiana se le suele llamar iglesia doméstica. En ella, se enseña a los hijos, desde los primeros años de la niñez, a amar a Dios y a obedecer su santa ley. Preguntaba Juan Pablo II a los padres católicos: ¿Enseñáis a vuestros niños las oraciones del cristiano? ¿Preparáis a vuestros hijos para los sacramentos de la primera edad: confesión, comunión, confirmación? ¿Los acostumbráis, si están enfermos, a pensar en Cristo que sufre? ¿A invocar la ayuda de la Virgen y de los santos? ¿Rezáis el Rosario en familia? ¿Sabéis rezar con vuestros hijos,  al menos alguna vez?

Tarea primordial. El primer deber y el mayor privilegio de los padres es el de transmitir a los hijos la fe cristiana. El hogar debe ser la primera escuela de religión, así como la primera escuela de oración. ¿Hay alguna otra obra humana tan noble y bella como la de ayudar a los hijos a ganarse el Cielo? Esta tarea requiere tiempo. Un chico se quejaba a su preceptor del colegio: Nunca veo a papá porque siempre está dando conferencias sobre la educación de los hijos. Más triste fue la noticia de que, en un país nórdico de Europa, un adolescente solicitó a los tribunales otros padres que viajaran menos, que tuvieran menos fiestas y más vida familiar.

Es preciso que los padres tomen una firme actitud de defensa de su hogar, de defensa de sus hijos. Proteged vuestra familia contra la pornografía, que invade, bajo diversas formas, la conciencia del hombre, especialmente de los niños y los jóvenes. Defended la pureza de las costumbres en vuestro hogar (Juan Pablo II).

Un peligro a tener en cuenta. Hoy día la gente empieza a ser esclava de diversos medios de comunicación, como la televisión e Internet, o de los videojuegos, lo cual constituye un peligro para la vida familiar, en cuanto que el uso indiscriminado de estos medios dificulta el diálogo, la dedicación de tiempo a los demás. Los padres deben formar en sus hijos hábitos de usarlos con moderación.

La televisión perjudica la vida familiar cuando difunde valores y modelos de comportamiento falseados y degradantes, emite pornografía e imágenes de violencia brutal; inculca el relativismo moral y el escepticismo religioso; da a conocer relaciones deformadas, informes manipulados de acontecimientos y cuestiones actuales. ¡Qué tremendo error el de los padres que usan la televisión como una especie de niñera electrónica!

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