Homilía de la Fiesta del Bautismo del Señor (ciclo B)


El Bautismo cristiano. Con el domingo del Bautismo del Señor concluye el tiempo de Navidad. La fiesta de hoy es como un recordatorio del Bautismo que un día recibimos, y nos trae a la memoria nuestro nacimiento como hijos de Dios. El Bautismo no es sólo un acto de socialización dentro de la comunidad ni solamente de acogida en la Iglesia. Los padres esperan algo más para el bautizando: esperan que la fe, de la cual forma parte el cuerpo de la Iglesia y sus sacramentos, le dé la vida, la vida eterna (Benedicto XVI). Ésta es la finalidad del Bautismo, pues inserta en la comunión con Cristo, y sólo Cristo es el camino para alcanzar la verdadera vida, la felicidad sin fin del cielo.

Es el primero de los Sacramentos y recibe varios nombres: Puerta de los sacramentos, ya que sólo la persona bautizada puede recibir los otros sacramentos; Puerta de la Iglesia, pues por él nos incorporamos a la Iglesia de Cristo. Pero el nombre más conocido es precisamente el de Bautismo, y recibe este nombre en razón del rito central con el cual se celebra: bautizar significa sumergir en el agua; quien recibe el Bautismo es sumergido en la muerte de Cristo y resucita con Él como una nueva criatura.

Una obligación. La Iglesia siempre ha recordado la obligación que tienen los padres de pedir que sus hijos sean bautizados pronto, sin retrasos, porque los niños, por su tierna edad, están expuestos a muchos peligros de muerte. En caso de que el niño se encuentre en peligro de muerte, debe ser bautizado sin demora. Los recién nacidos que mueren bautizados, van al Cielo con toda seguridad. El Compendio de la Iglesia Católica dice: La Iglesia bautiza a los niños, puesto que, naciendo con el pecado original, necesitan ser liberados del poder del Maligno y trasladados al reino de la libertad de los hijos de Dios.

En cuanto a los niños muertos sin Bautismo, la Iglesia sólo puede confiarlos a la misericordia divina. El hecho de que Dios quiere que todos los hombres se salven y la ternura de Jesús con los niños nos permiten confiar en que haya un camino de salvación para los niños que mueren sin Bautismo.

Padres y padrinos. Al pedir el Bautismo para sus hijos, los padres se comprometen a educarlo en la fe, para que los niños, guardando los mandamientos de Dios, amen al Señor y al prójimo como Cristo enseña en el Evangelio. Ellos han de ser los primeros catequistas de sus hijos, además de procurar que en el ambiente cristiano de su hogar crezca y se desarrolle la fe de los niños; y aprendan a hacerse no solamente hombres o mujeres, sino también buenos hijos e hijas de Dios. El papel de los padrinos es importante. Deben ser creyentes, capaces y prestos a ayudar a su ahijado en el camino de la vida cristiana, colaborando con los padres en la tarea de transmitir la fe al nuevo bautizado. Esta obligación de ocuparse de la formación cristiana de su ahijado es mayor en el caso de que no pudieran dársela sus padres.

En las aguas bautismales recibimos la gracia de Dios que nos hizo libres, al librarnos del pecado, de la esclavitud de Satanás. Agradezcamos a Dios el hecho de estar bautizado y pertenecer a la Iglesia.

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