Homilía del Domingo V de Cuaresma (Ciclo B)

DOMINGO V DE CUARESMA (B)

Lecturas: Jr 31, 31-34; Hb 5, 7-9; Jn 12, 20-33

La libertad, don de Cristo. Algunos griegos se acercaron a Felipe, el Betsaida de Galilea, y le rogaban: “Señor, queremos ver a Jesús”. En nuestros días, cuántas personas, aunque no sean muy conscientes de ello, buscan y quieren conocer a Jesús. Son muchos los que esperan que alguien les conduzca a Cristo, para encontrar en Él la respuesta que sacie la sed de sus corazones. Y ese alguien eres tú, soy yo. Digámosles con palabras de Benedicto XVI: Estad plenamente convencidos: Cristo no quita nada de lo que hay de hermoso y grande en vosotros, sino que lleva todo a la perfección para la gloria de Dios, la felicidad de los hombres y la salvación del mundo.

Y también, que fuera de Cristo no hay paz ni felicidad; sin Cristo, no hay vida eterna. Sólo con Cristo hay libertad; sin Él el hombre está esclavizado por el pecado, es rehén de ideologías aberrantes, camina a ciegas en la oscuridad del error. Cristo se identifica con la Verdad. Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres (Jn 8, 32). El Verbo encarnado, Palabra de verdad, nos hace libres y dirige nuestra libertad hacia el bien.

Camino y meta. Ante las dificultades de la vida, y en un ambiente lleno de materialismo sin dejar espacio al espíritu, hay quienes se preguntan: ¿Qué puedo hacer yo para sanar a una sociedad profundamente cansada y enferma? ¿Cómo dar sentido a la vida? Para el cristiano que es coherente con su fe ese sentido tiene un nombre: el nombre de Jesucristo. Ha encontrado a Jesús. Él se ha convertido en su esperanza. Sólo Él es la solución de los problemas de la humanidad; sólo Él es la verdadera salvación del mundo. Él es el maestro, el único cuyas enseñanzas no pasan, el único que enseña con  autoridad divina.

En vuestro caminar por los senderos de la verdad, la sinceridad y la autenticidad, tenéis un modelo ideal. Ese modelo es Jesucristo, Cristo en su humanidad, Cristo hombre. Pero daos cuenta de que Él no es sólo vuestra meta; es también el camino que conduce a donde vais. En ese camino actúa como Pastor; llega incluso a entregarse a sí mismo como alimento para el viaje (Juan Pablo II).

Ejemplo a imitar. En la 2ª lectura, san Pablo nos dice que Cristo se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna. Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (1 Tm 2, 4), es decir, al conocimiento de Cristo Jesús. Es preciso que Cristo sea anunciado a todos los hombres. La transmisión de la fe cristiana es ante todo el anuncio de Jesucristo para llevar a la fe en Él. Mostremos a ese Jesús que ha venido a la tierra para buscar a los hombres y mujeres de todos los tiempos. Como buen samaritano de la familia humana, se acercó a la gente para sanarla de sus pecados y llevarla a la casa del Padre.

Toda su vida, Jesús se muestra como nuestro modelo: Él es el “hombre perfecto” que nos invita a ser sus discípulos y a seguirle: con su anonadamiento, nos ha dado un ejemplo que imitar; con su oración atrae a la oración; con su pobreza, llama a aceptar libremente la privación y las persecuciones (Catecismo de la Iglesia Católica).

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