Homilía de la Solemnidad de Pentecostés (Ciclo B)

SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS (B)

Lecturas: Hch 2, 1-11; Ga 5, 16-25; Jn 15, 26-27; 16, 12-15

Espíritu Creador. Celebramos hoy la venida del Espíritu Santo sobre los discípulos del Señor, que estaban en el Cenáculo. Preguntémonos: ¿Quién es el Espíritu Santo? La respuesta es conocida por todos: la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. Sin embargo, para muchos es el Gran Desconocido. Surge una nueva pregunta: ¿Cómo podemos reconocerlo? En el Génesis, al hablar de la Creación, se dice, ante todo, que por encima del caos, por encima de las aguas del abismo, aleteaba el Espíritu de Dios. El mundo en que vivimos es obra del Espíritu Creador de Dios. Por eso refleja también la sabiduría de Dios. La creación, en su amplitud y en la lógica omnicomprensiva de sus leyes, permite vislumbrar algo del Espíritu Creador de Dios (Benedicto XVI).

Sale a nuestro encuentro a través de la creación y su belleza. Ante un ocaso en el mar, durante una excursión a la montaña o ante una flor abierta, se despierta en nosotros, casi espontáneamente, la conciencia de la existencia del Creador.

Espíritu de Amor. El Espíritu Santo ha entrado en la historia del hombre. Jesucristo, en el Cenáculo, durante la Última Cena, habla a los Apóstoles de su partida. Para consolarlos, les dice que no los dejará huérfanos, pues enviará al Consolador, al Espíritu del Padre, y será el Espíritu quien les dará a conocer que la obra de Cristo es obra de amor: amor de Él que se ha entregado y amor del Padre que lo ha dado.

Cristo hace contemplar en cierto modo la intimidad de Dios. El Dios misterioso no es una soledad infinita; es un acontecimiento de amor. Si al contemplar la creación pensamos que podemos vislumbrar al Espíritu Creador, a Dios mismo, casi como matemática creadora, como poder que forja las leyes del mundo y su orden, pero luego también como belleza, ahora llegamos a saber que el Espíritu Creador tiene un corazón. Es Amor (Benedicto XVI). El Espíritu Santo es el Espíritu de Jesucristo, el Espíritu que une al Padre y al Hijo en el Amor que en el único Dios da y acoge.

Protagonista de la Iglesia. Pentecostés es también la fiesta del origen de la Iglesia, el día que el Espíritu Santo descendió con fuerza sobre los Apóstoles; así comenzó la misión de la Iglesia en el mundo. Desde entonces el Espíritu Santo es el verdadero protagonista de la Iglesia. Su misión consiste en introducir a la Iglesia de modo siempre nuevo, de generación en generación, en la grandeza del misterio de Cristo. Del libro de los Hechos de los Apóstoles se ha dicho que es el Evangelio del Espíritu Santo.

La tradición cristiana ha resumido la actitud que debemos adoptar ante el Espíritu Santo en un solo concepto: docilidad (San Josemaría Escrivá). El Espíritu Santo nos enseña que, aunque avancen los años, podemos conservar la juventud espiritual. Nuestro testimonio cristiano debe ser siempre joven. El Espíritu Santo, con su soplo, nos impulsa hacia Cristo. Un verdadero testigo de Cristo no envejece nunca. En efecto, Cristo no envejece nunca: es el mismo ayer, hoy y siempre (Hb 13, 8). Él nos da al Espíritu Santo, que nos rejuvenece espiritualmente y mantiene a la Iglesia en una permanente juventud.

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