Clases de Religión. Historia Sagrada(Lección novena)

Historia Sagrada

Lección novena

Infancia y tribulaciones de José

¿Quién era José? José era el hijo predilecto de Jacob. Éste le amaba más que a todos los otros hijos, porque le habido nacido en la vejez. Muestra de esta predilección es la túnica con mangas que le hizo. Al ver sus hermanos que su padre lo prefería a los demás, empezaron a odiarlo y le negaron el saludo.

¿Cuáles fueron los sueños de José? Un día José tuvo un sueño y se lo contó a sus hermanos, que lo odiaron aún más. Les dijo: “Escuchad el sueño que he tenido: Estábamos atando gavillas en el campo y mi gavilla se erguía y se mantenía en pie, mientras que vuestras gavillas la rodeaban y se postraban ante ella”. Sus hermanos le dijeron: “¿Acaso vas a ser tú nuestro rey o vas a someternos a tu dominio?” Y le tuvieron todavía más odio a causa de sus sueños y de sus palabras. Aún tuvo otro sueño y lo contó a sus hermanos diciendo: “He tenido otro sueño: el sol, la luna y once estrellas se postraban ante mí”. Cuando se lo contó a su padre y a sus hermanos, su padre le recriminó diciéndole: “¿Qué significa ese sueño que has tenido? ¿Es que yo, tu madre y tus hermanos vamos a postrarnos por tierra ante ti?” Sus hermanos sintieron celos de él, pero su padre meditaba todas estas cosas (Gn 37, 5-11).

¿Qué significado tienen estos sueños? En este pasaje bíblico de los sueños de José, un Padre de la Iglesia ve reflejada la futura resurrección de Cristo, a quien, cuando lo vieron en Jerusalén, lo adoraron los once discípulos, y a quien adorarán todos los Santos cuando resuciten llevando los frutos de las buenas obras, como está escrito: “Vienen con alegría llevando sus gavillas” (Sal 125, 6) (San Ambrosio).   

¿Qué hicieron los hijos de Jacob para deshacerse de su hermano José, a quien tanto odiaban? Cierto día en que los hermanos de José se habían ido a pastorear las ovejas de su padre a Siquem, Jacob le dijo a José: “Tus hermanos deben estar con los rebaños en Siquem. Anda, pues, a ver cómo siguen tus hermanos y cómo está el ganado, y tráeme noticias (Gn 37, 13-14). José estuvo caminando hasta que encontró a sus hermanos en Dotán. Ellos lo vieron a lo lejos y antes de que se acercara a donde estaban, se confabularon contra él para darle muerte. Se decían unos a otros: “Mira, ahí viene ese soñador; vamos a matarlo y a echarlo en un aljibe; luego diremos que una fiera lo ha devorado; veremos en qué paran sus sueños” (Gn 37, 18-21). Entonces Rubén, queriendo salvar a José, dijo: “No le quitemos la vida. No derraméis sangre; echadlo a este pozo, en medio del desierto, pero no pongáis las manos sobre él” (Gn 37, 21-22). Con esta propuesta, el hijo mayor de Jacob salvó de la muerte a José, con la intención de devolverlo a su padre.

Se aceptó la propuesta de Rubén, y en cuanto llegó José donde estaban sus hermanos, estos lo prendieron, le quitaron la túnica y lo arrojaron al pozo. El pozo estaba vacío, sin agua. Después se sentaron a comer, y he aquí que llegó al lugar donde estaban una caravana de ismaelitas que se dirigían a Egipto. Entonces, no estando presente Rubén, dijo Judá a sus hermanos: “¿Qué sacamos con matar a nuestro hermano y ocultar su sangre? Vamos a venderlo a los ismaelitas y no pongamos las manos sobre él, pues es nuestro hermano y carne nuestra” (Gn 37, 26-27). Los hermanos asintieron. Y vendieron a José cómo esclavo a los ismaelitas por veinte monedas de plata.

¿Cómo reaccionó Jacob? Volvió Rubén al pozo y José no estaba allí. Entonces se rasgó las vestiduras, y yendo donde estaban sus hermanos les dijo: “El muchacho no aparece; ¿dónde voy a ir ahora?” Ellos tomaron la túnica de José, degollaron un cabrito y empaparon la túnica en la sangre. Después mandaron llevar la túnica con mangas a su padre, y decirle: “Hemos encontrado esto. Comprueba si es la túnica de tu hijo o no”. Él la reconoció y exclamó: “Es la túnica de mi hijo. Una fiera salvaje lo ha devorado; José ha sido despedazado”. Entonces Jacob rasgó sus vestiduras, se puso un saco a la cintura e hizo muchos días de duelo por su hijo (Gn 37, 29-34).

¿Qué pasó con José después de ser vendido a los ismaelitas? Mientras Jacob lloraba desconsolado la pérdida de su hijo José, los mercaderes ismaelitas llegaron a Egipto. Y José fue vendido de nuevo, esta vez a Putifar, cortesano del faraón y jefe de la guardia. Al poco tiempo, José obtuvo el favor y la confianza de su amo, pues todo cuanto emprendía prosperaba. Putifar nombró a José administrador de su casa confiándole todo lo que tenía.

¿Conservó José el favor de Putifar? No. José era un joven bien parecido y de bella presencia, por lo que la mujer de Putifar puso los ojos en él. Un día la mujer dijo a José: “Acuéstate conmigo”. Pero él rehusó, y dijo a la mujer: “Mira, mi amo no se preocupa de lo que hay en la casa y todo lo suyo lo ha puesto en mi mano. Él no ejerce más autoridad en esta casa que yo, y no se ha reservado nada sino a ti, porque eres su mujer. ¿Cómo voy a cometer yo semejante injusticia y a pecar contra Dios?” Y, aunque ella insistía un día y otro, José no accedió a acostarse ni a estar con ella. Pero cierto día entró él en la casa para hacer su trabajo, y no había ningún criado allí en la casa. Ella lo agarró de la ropa y le dijo: “Acuéstate conmigo”. Pero él dejando el vestido, huyó y salió afuera (Gn 39, 7-12). Entonces la mujer llamó a los criados para decirles que José, el hebreo, había querido acostarse con ella, y como prueba patente era la ropa que tenía en sus manos. Cuando Putifar llegó a la casa, su mujer le dijo: “El siervo hebreo que nos trajiste ha entrado donde yo estaba para abusar de mí, y cuando levanté la voz y grité, abandonó su ropa  junto a mí, huyó fuera” (Gn 39, 17-18). Putifar creyó en las palabras calumniosas de su mujer, y apresó a José y lo metió en la cárcel.

¿Qué enseñanza se puede sacar de este episodio? José es ejemplo de cómo hombre que vive la castidad. San Cesáreo de Arlés comenta este pasaje bíblico, diciendo: José huye para poder escapar de aquella mujer indecente. Aprende, por tanto, a huir si quieres obtener la victoria contra el ataque de la lujuria. No te avergüences de huir si deseas alcanzar la palma de la castidad. Entre todos los combates del cristiano, los más difíciles son los de la castidad, en la que la lucha es diaria y la victoria difícil. En esto no pueden faltar al cristiano actos diarios de martirio. Pues si Cristo es la castidad, la verdad y la justicia, quien obstaculiza estas virtudes es un perseguidor de Cristo, quien las intenta defender en otros o guardarlas en sí mismo, será un mártir. También San Josemaría Escrivá aconseja la huída ante el peligro de caer en la impureza: No tengas la cobardía de ser “valiente”: ¡huye! (Camino, n. 132).

¿Qué le ocurrió a José en la cárcel? Dios no abandona nunca a los que le son fieles. El Señor estaba con José y tuvo misericordia de él, haciéndole obtener gracia ante el jefe de la cárcel (Gn 39, 21). Éste dejó al cuidado de José a todos los presos y de cuanto allí se hacía. Estaban encerrados en la cárcel el copero y el panadero del rey de Egipto porque habían ofendido a su señor. Ambos tuvieron sendos sueños y José los interpretó. Al copero le dijo que en término de tres días se vería repuesto en su cargo; al panadero le anunció que, por el mismo tiempo, el faraón lo colgaría de un árbol, y los pájaros comerían su carne. Y las dos cosas ocurrieron como había predicho José. A pesar de la promesa que el copero le había hecho a José de que procuraría su libertad cuando él se viese libre, una vez libre que estuvo libre se olvidó de interceder por José, por lo que éste permaneció encarcelado aún dos años más.             

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