Homilía de la Solemnidad de la Santísima Trinidad (Ciclo B)

SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD (B)

Lecturas: Dt 4, 32-34.39-40; Rm 8, 14-17; Mt 28, 16-20

Dios Uno y Trino. Celebramos hoy el misterio de la Santísima Trinidad. En el único Dios hay tres personas realmente distintas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Cada una de estas personas es Dios, pero no son tres dioses, sino un solo Dios. En el Antiguo Testamento hay indicios del misterio trinitario: El Espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas (Gn 1, 2); Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra propia semejanza (Gn 1, 26); Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy (Sal 2, 7).

Pero es en el Nuevo Testamento donde está explícita la revelación de la Trinidad. En la Anunciación se habla por primera vez de las Tres Personas divinas. El Espíritu Santo descenderá sobre ti, y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra; por cuya causa, el fruto santo que de ti nacerá será llamado Hijo de Dios (Lc 1, 35). De esta forma tan sencilla, Dios se da a conocer: Él es Padre (Altísimo), Hijo (se va a encarnar en las purísimas entrañas de Santa María) y Espíritu Santo (descenderá sobre la Virgen).

Intimidad con Dios. Revelado este misterio, ya no podemos hablar sólo de un Dios en el que vivimos, nos movemos y existimos, sino de un Dios‑Padre, que quiere constituir al hombre en hijo suyo; de un Dios‑Hijo, que se hace de nuestra carne y sangre para liberarnos del pecado y congregarnos en la comunidad que forma su pueblo; de un Dios‑Espíritu Santo, don y amor, que nos santifica y empuja a decir: Abba, Padre. Éste es el Dios, Uno y Trino, en quien creemos.

La Santísima Trinidad inhabita en el alma que está en gracia, sin mancha de pecado grave. Esta inhabitación ayuda a tener intimidad con las tres Personas Divinas. El camino a seguir para tener esta intimidad, nos lo señala san Josemaría Escrivá: Querría deciros pocas cosas, pero muy claras. Y una de éstas es que para llegar a la Trinidad Beatísima paso por María, y por María llego hasta Jesús. Y es lógico que María sea el camino para llegar a Dios Uno y Trino porque Ella es Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo y Esposa de Dios Espíritu Santo.

Devoción trinitaria. Para honrar a la Santísima Trinidad hemos de hacer: Adorar el misterio de Dios Uno y Trino, que es el misterio central de la fe y de la vida cristiana; el misterio de Dios en sí mismo. Dar gracias a la Trinidad Beatísima por todos los beneficios temporales y espirituales que de Ella recibimos. Pensar que, por el Bautismo, entramos en la Iglesia y fuimos hemos miembros de Jesucristo por la invocación del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Consagrarnos totalmente a Dios y rendirnos del todo a su divina Providencia. Determinarnos a hacer siempre con devoción la señal de la Cruz, que expresa este misterio, y a rezar con fe viva e intención de glorificar a las tres Personas Divinas la oración del Gloria.

Cristo envió a los Apóstoles por todo el mundo a predicar el Evangelio: Id, pues, y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Evangelizar es anunciar a todos los hombres y mujeres que están llamados por su Creador a participar de la vida intratrinitaria de Dios, en un derroche de amor.

 

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