Homilía de la Solemnidad de San Juan Bautista

SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA (B)

Lecturas: Is 49, 1-6; Hch 13, 22-26; Lc 1, 57-66.80

Misión del Bautista. Celebra hoy la Iglesia el nacimiento del hombre enviado por Dios (…) para dar testimonio de la luz (Jn 1, 6a.7b), san Juan Bautista. Sabemos el momento histórico del comienzo de la predicación del Precursor del Señor. El año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea; estando Herodes a cargo de la provincia de Galilea; bajo el pontificado de Anás y Caifás, Dios dirigió su palabra a Juan, hijo de Zacarías, que estaba en el desierto (Lc 3, 1-2). El Bautista se presenta predicando la necesidad de hacer penitencia. Prepara el camino del Señor.

 

Con su vida austera, el Bautista da ejemplo de las disposiciones penitenciales para recibir al Señor. Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas. Todo barranco será rellenado, y todo monte y collado allanado, y los caminos tortuosos rectificados, y los ásperos serán suavizados (Lc 3, 4‑6). Todo hombre debe hacer penitencia de sus pecados, rectificar su vida para recibir la gracia especial que trae el Mesías. Todo esto viene a significar ese allanar los montes, rectificar y suavizar los caminos de que habla el Precursor.

Una tarea para nosotros. La noticia de la aparición de un nuevo profeta corrió rápidamente por todo Israel. Hacía ya más de cuatro siglos sin que un enviado de Dios hablara al pueblo judío. Y aparece Juan con la misión de preparar a otros el camino hacia Jesús. Ésta era su vocación y para esto vino al mundo.

También a nosotros se nos pide preparar el camino, anunciar a Cristo. No es tarea fácil, pero es lo que Dios nos pide y contamos con su ayuda. Y como san Juan, debemos también pedir un cambio de mentalidad y de costumbres a los hombres sumergidos en una sociedad descristianizada. Nos imaginamos al Bautista ir a contracorriente y a nosotros no nos queda otro remedio. Notas características de la personalidad de san Juan son la humildad, la valentía y el espíritu de oración. Pidámoselas a Dios para cada uno de nosotros.

Dar a conocer a Cristo. Al final de su vida, estando en la cárcel por su amor a la verdad, envió discípulos suyos a Jesús para que preguntasen: ¿Eres tú el que ha de venir, o hemos de esperar a otro? (Mt 11, 3). Juan sabe bien quién es Jesús. Él lo ha anunciado: El Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Jn 1, 29). Ahora está encarcelado por orden del rey Herodes Antipas, pero continúa su misión de dar a conocer a Cristo. Juan conoce bien a los que le siguen; sabe de su vacilación para aceptar a Jesús de Nazaret como el Mesías prometido. Por eso envía a sus discípulos a Jesús. Su deseo es que conozcan a Cristo, que sepan que ya ha venido el Mesías.

Se han cumplido los tiempos mesiánicos. Ésta es la razón por la que el Bautista envía la embajada que narra san Mateo en su evangelio. Juan encamina a los suyos a Cristo. Cada uno de nosotros debemos detenernos a contemplar a Cristo, meditando los santos Evangelios. Y encaminar a nuestros amigos, a las personas que conocemos hacia el Señor. Que busquen el rostro siempre amabilísimo del Señor.

 

 

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