Homilía del XII Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo B)

DOMINGO XII DEL TIEMPO ORDINARIO (B)

Lecturas: Jb 38, 1.8-11; 2 Co 5, 14-17; Mc 4, 35-41

En medio de la tempestad. Y se levantó una gran tempestad de viento, y las olas se echaban encima de la barca, hasta el punto de que la barca ya se inundaba. ¿Quiénes estaban en la barca? Cristo y los Apóstoles. Es decir, el divino Fundador de la Iglesia y las columnas de la misma Iglesia. A veces se ha comparado a la Iglesia a una barca sacudida por el oleaje y los vendavales de la historia. Pero esta barca no puede hundirse. Cristo está dentro de la barca y por eso las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.

Siempre la Iglesia ha sido perseguida. En algunos países la Iglesia se encuentra en un período de persecución tal que no es inferior a la de los primeros siglos. No es algo nuevo. Desde que Jesucristo Nuestro Señor fundó la Santa Iglesia, esta Madre nuestra ha sufrido una persecución constante. Quizá en otras épocas las agresiones se organizaban abiertamente; ahora, en muchos casos, se trata de una agresión solapada. Hoy como ayer, se sigue combatiendo a la Iglesia… (San Josemaría Escrivá). A los perseguidores de la Iglesia les decía san Juan Crisóstomo: Es inútil pelear contra el cielo. Cuando combates contra un hombre, o vences o eres vencido; pero si peleas contra la Iglesia, el dilema no existe. Dios es siempre más fuerte.

Fidelidad a Cristo. Quieren los enemigos de la Iglesia que ésta permanezca callada, pero la Iglesia no dejará nunca de proclamar el Evangelio; de hablar de la moral que se deriva de la Ley de Dios; de denunciar con valentía las violencias; de recordar la primacía de la dignidad del hombre sobre cualquier estructura social; de luchar por la justicia y la caridad, mientras en el mundo se den formas de injusticia. Si no lo hiciera, no sería fiel a la misión confiada por Jesús.

Cuando a principios del siglo XX, el gobierno francés movido por un laicismo sectario y agresivo promulgó leyes contrarias a la Iglesia, el Papa San Pío X se dirigió a los católicos franceses con estas palabras: Tenemos la esperanza, mil veces cumplida, de que jamás Jesucristo abandonará a su Iglesia y jamás la privará de su apoyo indefectible. No podemos temblar por el futuro de la Iglesia. Su fuerza es divina… y contamos con la experiencia de siglos.

Fe en la Iglesia. Sería más fácil apagar el sol que destruir la Iglesia. Esta frase es una afirmación categórica de fe, de imperturbable seguridad de que la barca de Pedro no se hundirá jamás. Todo lo humano pasa; pero la Iglesia permanece siempre idéntica a sí misma, como Cristo la quiso. Cristo está presente, y la barca no se puede hundir, aunque, a veces, se vea zarandeada de un lado para otro. Esta asistencia divina es lo que hace inquebrantable nuestra fe en la Iglesia, frente a todas las contingencias humanas, en medio de todas las tempestades.

La Iglesia ha sufrido -y sufre- la difamación y la calumnia, ya sea en la prensa sectaria o en programas de televisión. No podemos permanecer inactivos. Una cosa que se puede hacer es no consumir los productos que patrocinan esos programas, y hacerlo saber a sus casas comerciales.

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