Doctor sutil y mariano (Beato Juan Duns Escoto)

Doctor sutil y mariano (Beato Juan Duns Escoto)

            Culto inmemorial

            En el largo pontificado del papa Juan Pablo II sobresalen especialmente, por su relieve en la vida eclesial, las numerosas y solemnes ceremonias de beatificación y de canonización, presididas por el Papa, con que la Iglesia ha querido glorificar a algunos de sus hijos, hombres y mujeres, que vivieron la fe cristiana con fidelidad y heroísmo.

Entre los nuevos beatos está una figura recastada de las sombras con que el tiempo cubrió todo un período de la historia llamado Medievo: el filósofo y teólogo franciscano Juan Duns Escoto.

El 20 de marzo de 1993 Juan Pablo II proclamó oficialmente el reconocimiento del culto inmemorial al franciscano Juan Duns Escoto, cuyo rigor en el pensamiento teológico le hizo acreedor del título de Doctor sutil. Con su beatificación culminó un proceso comenzado varios siglos antes y marcado por las diferentes paralizaciones del pensamiento escotista, puesto en tela de juicio por sus adversarios.

La causa del teólogo mariano recibió un importante impulso precisamente de un papa mariano: Juan Pablo II, quien durante su viaje a Alemania en noviembre de 1980, arrodillado ante la tumba del fraile escocés, lo definió como torre de la Iglesia.

El 6 de julio de 1991, oído el parecer favorable de la Comisión de Cardenales de la Congregación para las Causas de los Santos, el Papa aprobó el decreto por el que se reconoce la fama de santidad y de virtud, y el culto ab immemorabili dado al Siervo de Dios Juan Duns Escoto, sacerdote profeso en la Orden de San Francisco, quien fue llamado en Filosofía Doctor sutil y en Teología Doctor mariano.

La vida

            Juan Duns Escoto nació a finales del año 1265 en Duns, pequeña ciudad lindante con Berwick (Escocia), aunque durante mucho tiempo era unánime la persuación de que Escoto había nacido en Littledean, Maxton, en el condado escocés de Roxburgh. En 1277, cuando solamente contaba 11 años de edad, es confiado a los franciscanos del convento de Dumfries. Cuatro años después, en 1281, ingresa en la Orden de los Frailes Menores.

Realiza estudios en Oxford, y el 17 de marzo de 1291 es ordenado sacerdote en Northampton. Después de haber recibido formación científica en las Escuelas de la Orden y en las Universidades de Escocia e Inglaterra, en 1293 marcha a París para continuar sus estudios, donde tuvo por maestro, entre otros, a Gonzalo de Balboa, también conocido como Gonzalo de España.

Su permanencia en París dura tres años, pues en 1296 va a Cambridge, donde comenta las Sentencias de Pedro Lombardo, durante el período de tiempo comprendido entre los años 1297 y 1300. Luego marcha a Oxford a estudiar con Guillermo de Ware y a enseñar él mismo teología. El contenido de esta enseñanza forma parte de su Comentario a las Sentencias, llamado Opus oxoniense.

            En el año 1302, el joven maestro vuelve a París por deseo de sus superiores para obtener el grado de magister, comentando en la Universidad Parisiense el mismo texto de Pedro Lombardo. De esta época parisina es la nueva redacción de su Comentario, conocido bajo el título de Reportata Parisiensia.

            La segunda estancia en París se ve interrumpida entre el 25 y el 28 de junio de 1303, pues es obligado a dejar la Universidad y expulsado de Francia por haber tomado partido por la Santa Sede contra Felipe IV el Hermoso, al negarse suscribir la petición del rey francés contra Bonifacio VIII. Vuelve entonces a Oxford, continuando allí la lectura de las Sentencias.

            Cuando el 18 de abril de 1304 el papa Benedicto XI revoca el decreto de Bonifacio VIII contra la Universidad de París, Duns Escoto, el 18 de noviembre, vuelve de nuevo a la capital francesa para hacerse doctor en Teología. El General de la Orden franciscana, Gonzalo de España, al presentarlo, afirmó ser plenamente conocedor, parte por su larga experiencia, parte por la fama que por todas partes se había extendido, de la vida intachable, de la ciencia excelente y del ingenio sutílisimo del candidato. Con ocasión de la disputa in aula de fray Egidio de Logniaco, para obtener el doctorado, Escoto hizo de responsabilis, es decir, baccalaureus formatis.

En el año 1305 obtiene el doctorado y es nombrado magister regens. Durante los dos años siguientes permanece en París dedicado a la enseñanza hasta que, a finales de 1307, es enviado a Colonia como lector principal, donde es recibido triunfalmente. Y allí, el 8 de noviembre de 1308, iuvenili flore recisus, murió.

En un principio fue enterrado en la iglesia franciscana de aquella ciudad junto al altar de los Santos Reyes Magos. Luego se siguieron numerosos reconocimientos y traslados, el último de los cuales se efectuó en 1954.

Su pensamiento

Juan Duns Escoto fue el espíritu crítico de la Edad Media y una de las figuras más originales de la Escolástica, al que le cuadra bien el título de Doctor sutil. Educado en el pensar rigurosamente matemático de Oxford, somete las pruebas de sus antecesores a aguda crítica y trata de sustituirlas por otras mejores. Con su talento dialéctico, hace una síntesis de las principales ideologías de su época, resumidas principalmente en tres vertientes: la filosofía franciscano-agustiniana, desarrollada en París por maestros de la Orden franciscana; el pensamiento aristotélico, triunfante con el tomismo; y la tradición científica de Oxford, orientada hacia la construcción de una ciencia matemática.

El pensamiento de Juan Duns Escoto significa un verdadero avance en el escolasticismo medieval. Sus conceptos son más sutiles, sus definiciones más precisas, sus pruebas más estrictas, su problemática más rica que en el período anterior a él. Si siempre ahonda en la crítica, lo hace llevado por el amor a una verdad más firmemente asentada, no por puro afán de crítica.

Escoto, partiendo del espíritu de San Agustín, San Anselmo y Avicena, crea una filosofía de fondo agustiniano que, en lo esencial, ha permanecido hasta hoy como filosofía de su Orden. El mensaje del apóstol San Juan –Dios es amor-, que fue la actitud fundamental del fundador de la Orden, San Francisco de Asís, ocupa tan claramente el centro de su pensamiento, que los franciscanos lo han elegido maestro de su Orden.

Y este amor de Dios se manifiesta especialmente en la Encarnación. Para Escoto la Encarnación no puede ocupar un lugar secundario en el plan divino, sino que es la más perfecta obra de Dios, la corona de toda la Creación. Cristo, el Hombre-Dios, causa ejemplar y final de todo lo creado, tiene el primado sobre todas las cosas y tributa a Dios el amor más perfecto. Mas, así como Dios creó a los hombres libres y previó su caída, también previó el remedio a través de Jesucristo, único mediador y salvador, mediante su  Pasión y Muerte, en la cual se manifiesta la máxima caridad.

Capítulo importante en la teología escotista es la Mariología. Duns Escoto es nada menos que el Doctor mariano por excelencia. Su nombre, como el del papa Beato Pío IX, va asociado al dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María. De su  doctrina teológica se deduce que, juntamente con Cristo, su Madre, la bienaventurada Virgen María, fue predestinada también desde toda la eternidad. Y que fue preservada de toda mancha de pecado original en previsión de los méritos de Cristo Salvador, modelo perfectísimo; de manera que debemos decir que Ella no es actualmente inimica por razón de pecado personal, ni originariamente por razón de pecado original.

            Así como Escoto estableció el principio: tratándose de alabar a Cristo prefiero excederme que quedarme remiso en alabanzas, si por ignorancia es preciso inclinarse al uno o al otro lado, de igual modo trazó la norma fecunda en la historia de la Mariología: Si no repugna a la autoridad de la Escritura o de la Iglesia, parece probable atribuir a María todo lo más excelente.

            Respecto al dogma de la Concepción Inmaculada de María es bien conocido su principio mariano: Potuit (Dios podía, porque para Él nada hay imposible), docuit (el privilegio, la gracia, convenía a la Madre de Dios), ergo fecit (luego Dios lo hizo, honró a su Madre).

Con justicia es, pues, el Doctor mariano.

Teología y Filosofía

El Beato Juan Duns Escoto no enmarca la Teología en el cuadro de las cuatro condiciones que Aristóteles prescribe para la ciencia. Para el Doctor sutil, la Teología es la ciencia sui generis y sui iuris; la ciencia de la salvación, del amor y de la verdad; ciencia eminentemente práctica, y por consiguiente, más noble que todas las especulativas.

Al abordar las relaciones entre la Filosofía y la Teología, separa radicalmente ambas ciencias, tanto por su objeto material como por el formal. Limita el campo filosófico sólo a las cuestiones demostrables estrictamente de un modo racional, devolviendo a la Teología todas las verdades reveladas no sometidas a especulación.

Construye toda su teología partiendo del siguiente principio: No debe considerarse como perteneciente a la sustancia de la fe, sino aquello que expresamente se contiene en la Escritura, o expresamente fue declarado por la Iglesia, o se sigue con evidencia de algo claramente contenido en la Escritura o claramente determinado por la Iglesia.

            El fundamento de su doctrina teológica está en que el Ente Infinito es esencialmente amor y caridad, amor por esencia. Por tanto, todas las creaturas proceden del amor y por el amor deben volver al Creador. Con razón, pues, afirma Gilson: Toda la teología de Duns Escoto está marcada por esta tesis verdaderamente capital, que el primer acto libre que se encuentra en el conjunto del ser es un acto de amor.

El largo camino hacia la beatificación

En el Martirologio franciscano Duns Escoto, muchas decenas -centenas- de años antes que fuera beatificado, era contado entre los beatos. Y desde hace varios siglos es venerado por los fieles. En el siglo XVI se escribieron varias biografías, en las que su figura aparece depurada de la leyenda negra que le acompañó durante largo tiempo.

En la catedral de Nola (Italia), lo mismo que en otros lugares de esa diócesis, goza de culto público, introducido en 1709, después de un proceso diocesano de beatificación. A partir de la conclusión de ese proceso se le ha considerado beato en el ámbito diocesano.

Ya en el siglo XX, 597 años después de su muerte, en el año 1905, fue introducida su causa de beatificación en Roma, apoyada por más de 5.000 cartas postulatorias firmadas por eclesiásticos, entre los que figuraban cardenales, patriarcas, obispos y generales de las principales Órdenes religiosas.

El proceso sufre una paralización pocos años después, causada por algunos filósofos y teólogos contrarios al escotismo que veían numerosos errores en las obras de Escoto, al atribuírsele como suyas obras que no lo eran. Una comisión internacional constituida para hacer una edición rigurosamente crítica de sus obras -donde se indican las obras auténticas y las espúreas, el ámbito histórico, los autores principales con quienes Duns Escoto sostuvo su diálogo, el método de trabajo del Doctor sutil, etc.- señala el puesto relevante de Juan Duns Escoto entre los grandes maestros de la Escolástica, y a la luz del examen crítico de su obra y sus escritos, afirma no haberse encontrado nada que vaya contra la doctrina católica.

Carta apostólica de Pablo VI

Este juicio positivo de la comisión internacional encontró su epílogo en la Carta Apostólica Alma parens del 14 de julio de 1966, que Pablo VI dirigió a la jerarquía católica de Gran Bretaña en vísperas del Congreso Internacional Escotista celebrado en Oxford-Edimburgo (11-17 de septiembre de 1966).

Este documento pontificio precisa el lugar que debe concederse a Escoto en la escolástica integral. Entre otras cosas, dice Pablo VI que Duns Escoto elevó su templo con un audaz ingenio especulativo, basado sobre cimientos firmes y embellecido con agujas atrevidas. Y en esta construcción doctrinal de Escoto no sólo se esconde y palpita el ideal de perfección y los ardores del espíritu seráfico de San Francisco de Asís, sino que además en él afirma el primado universal de Cristo, obra maestra de Dios, glorificador de la Santísima Trinidad, Redentor del género humano, Rey en el orden natural y sobrenatural, junto al cual resplandece con su original belleza María Inmaculada, Reina del universo, hace culminar las cimas de la evangélica verdad revelada, especialmente aquellas que el evangelista San Juan y el apóstol San Pablo contemplaron más enimentes y prominentes en el plan salvador de Dios.

            Pablo VI, a fin de que del Congreso pudiera salir fruto positivo, da oportunamente a los congresistas esa norma: Evitando los escollos de discusiones y controversias que con frecuencia surgieron en tiempos pasados, se prefiere el método histórico-crítico, tenido hoy en grande aprecio, que ha dado frutos excelentes al ser aplicado por ilustres eruditos para discernir cuáles son las obras genuinas del “Doctor sutil” y cuáles sus verdaderas y auténticas doctrinas.

            Confirmación del culto

            Es entonces cuando al Orden franciscana presenta a la Santa Sede la súplica de confirmar formalmente el culto dado a Duns Escoto, debiéndose excluir todo género de duda, sea sobre la prescripción del culto en sí, sea en lo referente a la continuación ininterrumpida del mismo.

El 4 de mayo de 1972, el Santo Oficio, con aprobación expresa de Pablo VI, se define a favor de la ortodoxia de los escritos de Duns Escoto. Dos años más tarde se publican los documentos históricos que servirán de base para todos los estudios y juicios de historiadores.

A pesar de la citada aprobación, el proceso de beatificación cae de nuevo en letargo, y crecen las desconfianzas, hasta el ya citado gesto de Juan Pablo II en su primer viaje apostólico a Alemania.

El día 11 de julio de 1989, la Comisión Histórica de la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos se reúne y confirma que la investigación sobre la vida y la obra de Juan Duns Escoto se ha hecho científicamente; y gozan de fiabilidad histórica los documentos. Además dice que hay elementos sobre el culto a Duns Escoto y elementos históricos que ofrecen un válido fundamento para conocer las virtudes del Siervo de Dios.

Al año siguiente, el 23 de noviembre de 1990, la comisión teológica encargada de verificar las virtudes personales y el culto del candidato a ser venerado en los altares se pronuncia afirmativamente por la fama de santidad de Escoto, basada en virtudes reales, y no solamente como teólogo mariano; y por el culto inmemorial. Y el último paso previo a la beatificación se dio el 26 de mayo de 1991. En ese día la comisión de cardenales dio su conformidad definitiva a la santidad del Doctor sutil. Pocos días después -6 de julio de 1991- el papa Juan Pablo II lo inscribió entre el número de los beatos.

 

 

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