Clases de Religión. Historia Sagrada (Lección decimoctava)

Historia Sagrada

Lección decimoctava

Entrada en la Tierra Prometida

¿Quién era Josué? Fue uno de los que exploraron la tierra que Dios había de dar a los israelitas. Josué y Caleb fueron los dos únicos exploradores de los doce que confiaron en el poder de Dios para conquistar la Tierra prometida. Josué siempre permaneció fiel a Dios, incluso cuando el pueblo cayó en la idolatría fabricándose un becerro de oro. Él -también Caleb- fue exceptuado del castigo divino por el cual los judíos mayores de veinte años murieron en el desierto. Era hijo de Nun, y al principio se llamaba Oseas. Fue servidor de Moisés, y éste, antes de morir, le designó sucesor suyo. Las tribus del Israel lo reconoció unánimemente por jefe, y Dios confirmó su elección  y autoridad.

¿Estuvo Dios con Josué como con Moisés? Sí. El Señor habló a Josué diciendo: Moisés, mi siervo, ha muerto. Ahora levántate y tú, junto con todo este pueblo, pasa el Jordán camino de la tierra que Yo doy a los hijos de Israel. Os he dado todos los lugares adonde lleguen vuestras pisadas, tal como prometí a Moisés. Vuestro territorio se extenderá desde el desierto y el Líbano hasta el gran río Eufrates y abarcará toda la tierra de los tititas hasta el Mar Grande por occidente. Nadie se te resistirá en toda tu vida. Lo mismo que estuve con Moisés, estaré contigo. No te rechazaré ni te abandonaré. Tú sé fuerte y valiente. Tú vas a repartir a este pueblo la tierra que juré a sus padres que iba a darles. Sé muy fuerte y valiente para custodiar y llevar a la práctica toda la Ley que te mandó mi siervo Moisés. No te desvíes ni a la derecha ni a la izquierda y tendrás éxito allí donde vayas. Que no se aparte de tus labios el libro de esta Ley. Medítalo día y noche para llevar a la práctica todo lo que está escrito en él. Así triunfarás en tus caminos y tendrás éxito. ¿No te he mandado que seas fuerte y valiente? Pues no te acobardes ni tengas miedo, que el Señor, tu Dios, está allá donde vayas (Jos 1, 2-9).

¿Cómo atravesaron los israelitas el río Jordán? Los israelitas tenían que pasar el Jordán para llegar a los territorios que debían conquistar. Después de estar acampados durante tres días en la ribera oriental del río, Josué se dirigió al pueblo: Purificaos, que el Señor va a hacer mañana cosas prodigiosas en medio de vosotros (Jos 3, 5). Y a los sacerdotes les mandó: Levantad el arca de la alianza y pasad delante del pueblo (Jos 3, 6). Una vez que los sacerdotes hicieron lo que Josué les habías ordenado, Dios dijo a Josué: Da esta orden a los sacerdotes que llevan el arca de la alianza: “Cuando lleguéis a la orilla del Jordán, deteneos” (Jos 3, 8).

 Después Josué dijo a los israelitas: Vais a saber que el Dios vivo está en medio de vosotros y os quitará de delante al cananeo, al hitita, al reveo, al perezeo, al guirgaseo, al amorreo y al jebuseo. Mirad, el arca del Señor de toda la tierra va a cruzar el jordán delante de vosotros. Tomad, pues, doce hombres de las tribus de Israel, un hombre por cada tribu. Cuando los sacerdotes que llevan el arca del Señor, el Señor de toda la tierra, apoyen la planta de sus pies en las aguas del jordán, las aguas del Jordán se dividirán y las aguas que bajan desde arriba se alzarán como un dique (Jos 3 10-13).

Obedecieron los sacerdotes y el pueblo haciendo que el arca de la alianza marchase delante del ejército, y cuando los sacerdotes que la llevaban entraron en el cauce del río se abrieron las aguas para dejar el paso libre a los israelitas que atravesaron el Jordán a pie enjuto. Esto ocurría hacia el año 1380 antes de Jesucristo.

¿Encontraron obstáculos los israelitas en la conquista de la tierra de promisión? El primer obstáculo había sido el paso del Jordán, pero había otros obstáculos que superan. Los hebreos se encontraron con poblaciones fortificadas que tendrían que tomar a viva fuerza, y con gentes fuertes y aguerridas a las que sería indispensable someter por las armas. Los principales de aquellos pueblos eran: al norte, los sidonios, los heveos e hititas; en el centro, los fereseos y guirgeseos; al mediodía, los jebuseos, heteos y kenitas; y al oeste, en la costa meridional, los filisteos.

¿Cómo fue la toma de Jericó? Estando Jericó rodeada por los israelitas, el Señor dio instrucciones a Josué para la toma de la ciudad. Mira, pongo en tus manos Jericó, a su rey y a sus valientes guerreros. Que todos los combatientes rodeen la ciudad dándole una vuelta. Así haréis durante seis días. Siete sacerdotes llevarán trompetas de cuerno de carnero delante del arca. El día séptimo dad la vuelta a la ciudad siete veces, y que los sacerdotes hagan sonar las trompetas. Cuando suene el cuerno de carnero, cuando escuchéis el sonido de la trompeta, que todo el pueblo dé un gran alarido: la muralla de la ciudad se desplomará sobre sí misma. Entonces el pueblo se lanzará al asalto, cada uno hacia lo que tenga delante (Jos 6, 2-5).

La orden del Señor fue exactamente cumplida, y las murallas de Jericó se vinieron abajo. Los israelitas entraron en la ciudad, que fue destruida de uno a otro extremo, y sus habitantes fueron muertos.

¿Continuaron los israelitas su marcha victoriosa? Después de Jericó, conquistaron Ay. Los habitantes de Gabaón se quedaron espantados al tener noticias de las victorias de los judíos y se apresuraron a hacer una alianza con Josué. Sin embargo, los pueblos del centro y del sur, lejos de someterse, se aliaron contra Israel, por instigación y bajo el mando de Adoní-Sédec, rey de Jerusalén. Éste había mandado decir a los reyes de los pueblos del mediodía y del este: Venid, ayudadme. Vamos a asediar Gabaón pues ha hecho la paz con Josué y con los israelitas (Jos 10, 4).

Los reyes que se aliaron contra Josué fueron: Adoní-Sédec, rey de Jerusalén; Hoham, rey de Hebrón; Piram, rey de Yarmut; Yafia, rey de Larquis; y Debir, rey de Eglón. Estos cinco reyes amorreos unieron sus fuerzas, subieron con sus tropas y acamparon junto a Gabaón para asediarla. Y se trabó una batalla. Josué cargó sobre los amorreos por sorpresa y les infligió una tremenda derrota.

Durante el combate, Josué temió que la noche se echara encima  y no pudiera concluir la victoria sobre sus enemigos. Entonces Josué habló al Señor y dijo en la presencia de Israel: “¡Sol, detente en Gabaón, y tú, luna, en el valle de Ayalón!” Y se detuvo el sol y la luna se paró hasta que el pueblo se vengó de sus enemigos (Jos 10, 12-13).

¿Y los pueblos del norte? Cuando llegó la noticia de la victoria de Israel a Yahín, rey de Jasor, ésta avisó a Yohab, rey de Madón, a Acsaf, de Simrón, y a los reyes que estaban al norte, en la montaña, en la estepa al sur de Genesaret, en la llanura y en las regiones costeras de Dor, y al cananeo del este y del oeste, al amorreo, al hitita, al perezeo y al jebuseo de la montaña, y al reveo que está al pie del Hermón en la tierra de Mispá. Salieron con todas sus tropas, una enorme muchedumbre tan numerosa como la arena de la orilla del mar, y con multitud de caballos y carros. Todos aquellos reyes se aliaron, vinieron y acamparon todos juntos al lado de las aguas de Meron para luchar contra Israel (Jos 11, 1-5).

Mas también fueron vencidos y muertos por Josué y toda su tropa. De este modo, los israelitas conquistaron Canaán, la Tierra prometida. Los territorios conquistados fueron repartidos echando suertes entre las doce tribus de Israel. A los descendientes de Leví no se les dieron tierras, porque el Señor les había asignado el diezmo de todos los frutos que se recolectasen; y tuvieron por residencia cuarenta y ocho ciudades diseminadas en todas las tribus. Estas ciudades son conocidas como las ciudades de los levitas.

¿Cuánto tiempo gobernó Josué a Israel después de entrar en la Tierra prometida? Dieciocho años. Y cuando Josué comprendió que se acercaba el fin de su vida, reunió en Siquem a todo Israel, a sus ancianos, a sus príncipes, a sus jueces y a sus capataces para exhortarles a que permaneciesen fieles a Dios. Josué dijo al pueblo: No podréis servir al Señor porque Dios es santo y es un Dios celoso; no pasará por encima de vuestros delitos y de vuestros pecados. Si abandonáis al señor y servís a dioses extranjeros, se volverá, os maltratará y os consumirá después de haberos favorecido (Jos 24, 19-20). Al oír estas palabras, el pueblo dijo a Josué: Serviremos al señor, nuestro Dios, y obedeceremos su voz (Jos 24, 24). Y aquel día Josué hizo una alianza con el pueblo y le impuso leyes y normas. Después de esto murió Josué, el siervo del Señor. Tenía ciento diez años.

¿Qué significa el nombre de Josué? El nombre de Josué, en hebreo Yehosúa, significa “el Señor salva” o “Salvador”. Hace referencia a su misión: salvar al pueblo. Este nombre, que también llevaron otros personajes de Israel, es el mismo que tuvo Jesús, de quien Josué es figura. ¿Con cuánta más verdad entenderemos que debe ser llamado con este nombre nuestro Salvador? Porque ha traído la vida, la libertad y la eterna salvación, no a un pueblo cualquiera, sino a los hombres todos de todos los tiempos; no en verdad oprimidos por hambre o por dominio de los egipcios o babilonios, sino sentados en la sombra de la muerte y sujetos con las durísimas cadenas del pecado y del demonio; que ha adquirido para ellos el derecho y la herencia del Reino celestial; que nos ha reconciliado con Dios, su eterno Padre: en aquéllos vemos representado a Cristo nuestro Señor, que enriqueció al género humano con todos los bienes que hemos indicado (Catecismo Romano 1,3,6).

¿Qué enseñanza se puede sacar de las batallas de Josué? Del mismo modo que Dios auxilió a Josué y le dio la victoria en las batallas, bendecirá y auxiliará a los que sostengan combates por su santa causa, siempre que tengan confianza en Él.

 

 

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