Homilía del Domingo III de Adviento (Ciclo C)

DOMINGO III DE ADVIENTO (C)

Lecturas: So 3, 14-18a; Flp 4, 4-7; Lc 3, 10-18

Conversión interior. En el pasaje evangélico de la Misa del Domingo gaudete, leemos que las gentes acuden a Juan Bautista para preguntarle: ¿qué hemos de hacer? El Precursor no responde con una receta única. Las respuestas son diferentes según la profesión de los que le preguntan. A los publicanos les dice: No exigir nada fuera de lo que está tasado; a los soldados: No hagáis extorsión a nadie ni denunciéis falsamente y contentaos con vuestra paga; a otros: El que tiene dos túnicas, dé una al que no tiene, y el que tiene alimentos haga lo mismo.

El Bautista exige de todos ‑fariseos, publicanos, soldados‑ una profunda renovación interior en el ejercicio de su profesión, que les lleve a vivir la justicia y la caridad; les pedía una verdadera conversión, porque el Señor estaba cerca. Lo mismo pide la Iglesia a los fieles, porque el Señor ha llegado y está en la puerta, esperando que le dejemos entrar de lleno en nuestras vidas.

Preguntas y respuestas. ¡Ven, Señor Jesús! Y Jesús viene. ¿Qué he de hacer para recibir bien al Señor? Pensemos en cómo nos prepararíamos para recibir en nuestra casa a alguien a quien apreciamos mucho. Dispondríamos la casa de forma que estuviera acogedora, bien limpia. Procuraríamos conocer sus gustos, sus platos de comidas favoritos. También tendríamos en cuenta qué tipo de conversación le es más grata; o que entretenimiento le gusta más: la música o el cine, para prepararle un buen disco o una película en el video… Pues en la vida espiritual, igual. Y al que vamos a recibir es el Señor.

Si queremos una sociedad con más verdad, justicia y misericordia, ¿qué he de hacer? Ahora quien responde es Juan Pablo I: La gente a veces dice: estamos en una sociedad totalmente podrida, totalmente deshonesta. Esto no es cierto. Hay todavía mucha gente buena, mucha gente honesta. Más bien habría que preguntarse: ¿Qué hacer para mejorar la sociedad? Yo diría: Que cada uno trate de ser bueno y contagiar a los demás con una bondad enteramente imbuida de la mansedumbre y del amor enseñados por Cristo.

Más preguntas. Preguntemos a Dios con confianza: Yo, Señor, ¿qué debo hacer?, ¿qué quieres que haga?, ¿qué he de hacer para mejorar en mi vida familiar, para tener más vibración apostólica, o cuando se presente una dificultad? Maestro bueno, ¿qué he de hacer para alcanzar la vida eterna? (Mc 10, 17). Y así como el Precursor responde, nosotros recibiremos también la respuesta en los ratos de oración: oiremos lo que Dios nos dice en el fondo de nuestro corazón.

Ahora que estamos en los inicios del tercer milenio, ¿qué he de hacer para cristianizar de nuevo a Europa? Juan Pablo II da algunas ideas: Es necesario suscitar en cada fiel un verdadero anhelo de santidad, un fuerte deseo de conversión y de renovación personal en un clima de oración siempre más intensa y de solidaria acogida del prójimo, especialmente del más necesitado. ¿Qué he de hacer, Señor, para que Tú estés contento de mí? La respuesta a esta pregunta salió de los labios de Santa María, Madre de Cristo, que conoce muy bien a su Hijo, y Madre nuestra, que quiere siempre nuestro bien: Haced lo que Él os diga.

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