Homilía de la Solemnidad de la Natividad del Señor (Ciclo C)

SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DEL SEÑOR (C)

Lecturas: Is 62, 11-12; Tt 3, 4-7; Lc 2, 15-20

La señal de Dios. Vayamos a Belén para ver esto que ha ocurrido y que el Señor nos ha manifestado. Los pastores fueron deprisa a Belén, a ver al Salvador del mundo hecho niño, porque nadie busca a Cristo perezosamente (San Ambrosio). Encontraron al niño reclinado en el pesebre que, como todos los niños, necesita los cuidados maternos; vieron al niño envuelto en pañales. La señal de Dios es el niño, su necesidad de ayuda y su pobreza. Sólo con el corazón los pastores podrán ver que en este niño se han realizado las promesas mesiánicas. Tampoco a nosotros se nos ha dado una señal diferente. El ángel de Dios, a través del mensaje del Evangelio, nos invita también a encaminarnos con el corazón para ver al niño acostado en el pesebre (Benedicto XVI).

La señal de Dios es que Él se hace pequeño por nosotros. Él no viene con poderío. Viene como niño inerme. Pide nuestro amor: por eso se hace niño. No quiere de nosotros más que nuestro amor. Aprendamos a vivir con Él y a practicar también con Él la humildad de la renuncia que es parte esencial del amor.

Predilección por los niños. Dejad que los niños se acerquen a mí, no se lo impidáis (Mc 10, 14). En estas palabras vemos la ternura de Jesús con los niños. Él mismo se hizo niño para enseñarnos a amar a los pequeños, a los débiles, a respetar a los niños. Ésta es una de las lecciones que imparte el Señor desde su cuna-pesebrede Belén.

El niño de Belén nos hace poner los ojos en todos los niños que sufren y son explotados en el mundo, tanto los nacidos como los no nacidos. En los niños convertidos en soldados y encaminados a un mundo de violencia; en los niños que tienen que mendigar; en los niños que sufren la miseria y el hambre; en los niños carentes de todo amor. En todos ellos, es el niño de Belén quien nos reclama; nos interpela el Dios que se ha hecho pequeño. En esta noche, oremos para que el resplandor del amor de Dios acaricie a todos estos niños, y pidamos a Dios que nos ayude a hacer todo lo que esté en nuestra mano para que se respete la dignidad de los niños; que nazca para todos la luz del amor, que el hombre necesita más que las cosas materiales necesarias para vivir (Benedicto XVI).

Ejemplo de pobreza. Cuando se ve a Dios hecho Niño por amor al hombre, qué nada parece todo demás (Santa Maravillas de Jesús).Pasando de la plenitud divina a la condición de siervo, Jesucristo quiso nacer en la pobreza para enseñarnos así cuál debe ser nuestra actitud ante los bienes materiales; pero Jesucristo no sólo nos dio ejemplo de pobreza en su nacimiento en la gruta de Belén, sino también durante toda su vida.Cristo se ha hecho pobre en la noche de Belén, pobre en la casa de Nazaret, despojado de todo en la hora de la muerte en la cruz.

La bendita pobreza de Dios es fuente de enriquecimiento espiritual para el hombre.Cristo, nuestro modelo, nos enseña a vivir el desprendimiento de las cosas materiales.  Nació pobre para que amemos la virtud de la pobreza que nos une a Él. El amor a la pobreza afirma el amor de Dios y hace poner los ojos en la verdadera esperanza, en los bienes celestiales.

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