Clases de Religión. Historia Sagrada (Lección decimonovena)

Historia Sagrada

Lección decimonovena

Gedeón, Jefté, Sansón

¿Quién gobernó a los israelitas después de la muerte de Josué? En el libro de los Jueces se habla de la llegada del pueblo de Israel a la tierra de Canaán, de las dificultades con las que se fueron encontrando en su asentamiento en cada zona y de la protección divina que pudieron experimentar en las situaciones difíciles que se presentaron a las diversas tribus.

Desde la muerte de Josué hasta que se estableció la monarquía, el pueblo de Dios no era gobernado por un solo jefe, sino que cada tribu se regía separadamente por un consejo o junta compuesto por los ancianos o cabezas de familia. Hubo, sin embargo, ocasiones en que las tribus se pusieron bajo la dependencia accidental de un mismo jefe. Esto ocurrió en los momentos más adversos en los cuales Dios fue suscitando unos líderes carismáticos, los “jueces”, que se encargaron de salvar al pueblo.

¿Quiénes fueron los jueces? Se dio el nombre de jueces a algunos jefes, designados generalmente por Dios, al mando de los cuales se sometían las tribus agrupadas para sacudirse del yugo de algún pueblo enemigo, que había subyugado a los israelitas en castigo de sus infidelidades.

Los principales jueces cuyas historias están recogidas en el libro de los Jueces fueron: Otniel, de la familia de Caleb; Ehud, de la tribu de Benjamín; Débora, de la tribu de Efraím; Gedeón, de la tribu de Manasés; Jefté, de Gallad; y Sansón, de la tribu de Dan.

¿Qué hizo Otniel? Cuando los israelitas hicieron el mal a los ojos de Dios, se olvidaron del Señor y dieron de culto a falsos dioses, la ira del Señor se encendió contra Israel y los entregó en manos de Cusán, rey de Aram-Naharaim. Los israelitas fueron sus vasallos durante ocho años (Jc 3, 8). Entonces los israelitas clamaron al Señor y Dios les suscitó un salvador que los libró: Otniel.

¿Qué se narra de Ehud? El autor sagrado, tras explicar que los israelitas hicieron de nuevo el mal y fueron oprimidos por Eglón, rey de Moab, narra cómo Ehud venció a Eglón. Como apéndice a esta narración se añade una breve noticia acerca de Samgar, un juez menor.

¿Qué se sabe de Samgar? Samgar era hijo de Anat y sucedió a Ehud. Combatió a los filisteos, hiriendo con una pica para bueyes a seiscientos filisteos. También Samgar salvó a Israel.

¿Hubo alguna mujer entre los jueces de Israel? Sí, Débora.

¿Cuál es la historia de Débora? Cuenta el libro de los Jueces que los israelitas reincidieron en hacer el mal y fueron oprimidos por Yabín, rey de Jasor. Dios suscitó a Débora para que con la ayuda de Barac reuniera a las tribus e hiciera frente a la situación. Finalmente, tras la muerte de Sísara, jefe del ejército de Yabín, se conjuró el peligro. Al relato de estas hazañas se añade el canto con que el Débora y Barac festejan el triunfo.

¿Cómo es posible tanta reincidencia en el mal? Realmente no se comprende bien. Es posible porque la naturaleza humana está dañada por el pecado. La enseñanza que se saca en el libro de los Jueces es bien clara: la misericordia de Dios no tiene límite. Los israelitas reinciden en el mal, Dios permite que sus enemigos los dominen, pero compadecido del sufrimiento de su pueblo envía un salvador que los libere. A pesar de las repetidas infidelidades del pueblo, el Señor sigue salvando a los suyos.

¿En qué circunstancias aparece Gedeón? Este juez, también conocido como Yerubaal, es llamado por Dios en uno de esos momentos en que el pueblo se había apartado de Dios. Los israelitas hicieron el mal a los ojos del Señor, que los entregó en manos de Madián durante siete años. Madián trató a Israel con mano dura. Ante su acoso, los israelitas se valieron de las cavernas, cuevas y guaridas que hay en las montañas. Cada vez que Israel sembraba, Madián, Amalec y las gentes de oriente subían contra él, acampaban frente a ellos, devastaban toda la cosecha del país hasta la entrada de Gaza y no dejaba víveres en Israel: ni ovejas ni bueyes ni asnos. Subían avanzando como una nube de langostas, con todo su ganado y sus tiendas, pues eran innumerables los hombres y camellos que venían a devastar el país. Israel sufrió una dura humillación por parte de Madián y los israelitas clamaron al Señor. Cuando los israelitas clamaron al Señor a causa de Madián, el Señor les envió un profeta que les dijo: Así dice el Señor, Dios de Israel: “Yo os he hecho subir de Egipto, os he sacado de la casa de la servidumbre y os he librado de la mano de los egipcios y de todos vuestros opresores: los he apartado de vuestra presencia y os he dado su tierra. Y os dije: ‘Yo soy el Señor, vuestro Dios. No reverenciéis a los dioses de los amorreos en cuya tierra vivís’. Pero no me habéis escuchado” (Jc 6, 1-10).

¿Cómo fue la llamada de Gedeón? Era Gedeón un hombre de la tribu de Manasés, que fue elegido por Dios para libertar a los israelitas del yugo de los madianitas. Un día, mientras estaba trillando el trigo se le apareció un ángel del Señor, y le dijo: “El Señor está contigo, valiente”. Gedeón le respondió: “Señor mío, si el Señor está con nosotros, ¿por qué nos ha sucedido todo esto? ¿Dónde están los prodigios que nuestros padres nos cuentan cuando dicen que el Señor nos hizo subir desde Egipto? Ahora, sin embargo, el Señor nos ha abandonado y nos ha puesto en manos de Madián”. El Señor se dirigió a él y le dijo: “Ve, que con la fuerza que tienes salvarás a Israel de la mano de Madián. Yo te envío” (Jc 6, 12-14). Obedeció Gedeón y logró reunir un ejército de treinta y dos mil hombres. Con este numeroso ejército se disponía presentar batalla a los medianitas.

¿Combatieron los treinta y dos mil hombres contra Madián? No. Como Dios no quería que los israelitas pudieran atribuirse el mérito y la gloria de su libertad, ordenó a Gedeón que los hombres de su ejército que tuvieran miedo se fueran. Se retiraron de la tropa veintidós mil y quedaron diez mil. Dijo el Señor a Gedeón: “Todavía es demasiada gente. Hazlos bajar al agua y allí te los pondré a prueba. Quien yo te diga que puede ir contigo, irá; y todo el que yo te diga que no vaya contigo, no irá”. Gedeón hizo bajar a toda la tropa al agua y el Señor le dijo: “A todo el que beba el agua lamiéndola con la lengua como hacen los perros, lo pondrás en un sitio. Y a todo el que se incline sobre sus rodillas para beber lo pondrás en otro”. El número de los que bebieron agua lamiéndola con su lengua fue de trescientos. Todo el resto de la tropa se inclinó sobre sus rodillas para beber acercando sus manos a la boca. Y dijo el Señor a Gedeón: “Con los trescientos hombres que han bebido lamiendo os salvaré y pondré a Madián en tus manos. Todos los demás que se marchen, cada uno a su sitio” (Jc 7, 4-8).

¿Cómo derrotó Gedeón a los madianitas? Gedeón dividió a los trescientos hombres en tres grupos, y en vez de armas puso en manos de cada uno trompetas y cántaros vacíos que llevaban antorchas en su interior. Cuando era medianoche, y por tanto el cambio de centinelas en el campamento de los madianitas, Gedeón y sus hombres se aproximaron silenciosamente al campamento del enemigo, y de pronto, a la señal de su jefe, gritaron todos a la vez: ¡La espada del Señor y de Gedeón! (Jc 7, 20); y al mismo tiempo tocaron las trompetas mientras rompían estrepitosamente los cántaros y sostenían con su mano izquierda las antorchas, y con ello aparecieron siniestros resplandores en medio de las tinieblas. Cada uno permaneció inmóvil en su sitio alrededor del campamento. Los medianitas quedaron espantados por aquella inesperada aparición, y emprendieron la huída de forma desordenada, gritando y dando alaridos, hiriéndose unos a otros en la oscuridad. Los persiguió Gedeón con algunos refuerzos, hasta derrotarlos por completo.     

¿Gobernó Gedeón al pueblo hebreo? El deseo de los israelitas era que Gedeón los gobernase, y por eso le dijeron: Gobiérnanos tú, y tu hijo, y el hijo de tu hijo, ya que nos ha salvado de la mano de Madián (Jc 8, 22). Pero Gedeón les dijo: No os gobernaré ni yo ni mi hijo. El Señor será quien os gobierne (Jc 8, 23).

¿Qué pasó cuando Gedeón murió? Gedeón murió tras una feliz ancianidad. Y un hijo suyo, Abimélec, quiso ser rey de Siquem. Fue un intento fallido de instaurar una monarquía en Israel. A la muerte de Abimélec, se alzó para salvar a Israel Tolá, que durante veintitrés años juzgó a Israel. Después vino otro juez menor, Yair. Éste juzgó a Israel veintidós años.

¿Qué otro juez importante hubo en Israel? Jefté. Pero además de éste, hay otros que también son importantes.

¿Quién fue Jefté? Un personaje de origen bastardo. Gozaba de unas dotes extraordinarias para la guerra, pero también de una profunda confianza en el Señor. Era hijo de una prostituta y fue rechazado por los hijos que tuvo su padre con su esposa. Dios lo eligió para salvar a su pueblo.

¿Qué enseñanza se puede sacar de que fuera rechazado por los suyos y, sin embargo, elegido por Dios? La Sagrada Escritura subraya la gratuidad de la elección: Dios se fija en quien es despreciado por los hombres y cuenta con él para realizar grandes tareas a favor de los suyos. Por el rechazo de sus conciudadanos que tuvo que soportar, san Agustín lo considera figura de Cristo: A Jefté lo reprobaron sus hermanos y lo echaron de la casa paterna. Eso mismo hicieron contra el Señor los príncipes de los sacerdotes y los escribas y los fariseos, que parecían gloriarse de la observancia de la ley, acusándole a él como si fuera un destructor de la ley y, por eso, como si fuera un hijo ilegítimo. Ya el hecho mismo de que los que habían despreciado a Jefté se volvieran a él y le buscaran para que los librara de sus enemigos, ¡de qué manera tan clara prefigura y significa que los que despreciaron a Cristo, vueltos de nuevo a él, encuentran en él la salvación!

 ¿Cómo es la historia de Jefté? Una vez más, los israelitas volvieron a hacer el mal a los ojos del Señor y cayeron en la idolatría, pues dieron culto a dioses falsos, abandonando el culto al Dios verdadero. Entonces se encendió la ira del Señor contra Israel, y los entregó en manos de los filisteos y de los amonitas (Jc 10, 7). Esta situación de opresión duraba ya dieciocho años, cuando los israelitas clamaron al Señor diciendo: Hemos pecado contra ti porque hemos abandonado a nuestro Dios para dar culto a los baales (Jc 10, 10). Y arrepentidos, retiraron los dioses extraños que había entre ellos y dieron culto al Señor, que se aplacó ante la desdicha de Israel.

Mientras tanto, los amonitas se prepararon para hacer la guerra a Israel. Es entonces cuando los ancianos de Galaad fueron a llamar a Jefté para decirle: Ven y serás nuestro jefe. Lucharemos contra los amonitas (Jc 11, 6). Aceptó Jefté, y se puso al frente del ejército de Israel.

Al salir hacia el campo de batalla, Jefté hizo un voto al Señor diciendo: Si pones en mis manos a los amonitas, quien salga al encuentro por las puertas de mi casa cuando regrese en paz después de luchar con los amonitas será para eñ Señor, lo ofreceré en holocausto (Jc 11, 30-31).

¿Cumplió su voto? Jefté consiguió vencer a los amonitas, y la noticia de la victoria se difundió rápidamente por las distintas poblaciones. Cuando Jefté volvía a su casa en Mispá, su hija salió con tamboriles y danzas. Era hija única, ya que no tenía otros hijos ni hijas. Al verla, rasgó sus vestiduras y dijo: “¡Ay, hija mía! Me has dejado completamente abatido. Tú has venido a ser la causa de mi aflicción. Yo he hecho una promesa al Señor, y no puedo echarme atrás” (Jc 11, 34-35). Al saber la joven el voto que había hecho su padre, le exhortó a que lo cumpliese con estas palabras: Padre mío, ya que abriste tu boca ante el Señor, haz conmigo lo que prometiste puesto que el Señor te ha concedido desquitarte de tus enemigos, los amonitas (Jc 11, 36). Y añadió: Hazme este favor: déjame dos meses para que vaya a vagar por los montes y llore mi virginidad junto con mis compañeras (Jc 11, 37). Jefté se lo concedió. Al cabo de dos meses la joven volvió junto a su padre que cumplió con ella el voto que había hecho.

 ¿Qué jueces vinieron después de Jefté y antes de Sansón? Ibsán de Belén; Elón, el zabulonita; y Abdón, hijo de Hilel, el de Piratón.

¿Quién fue Sansón? Es el último de los jueces de Israel que aparece en el libro los Jueces. La historia de Sansón comienza de forma parecida a la de los otros jueces. Los israelitas volvieron a hacer el mal a los ojos del Señor, y el Señor los entregó en manos de los filisteos durante cuarenta años (Jc 13, 1). Al  cabo de este tiempo, Dios suscitó un salvador, Sansón, que iba a superar las hazañas de los anteriores jueces.

De la vida de Sansón se conocen muchos episodios. En primer lugar, se anuncia a sus padres su nacimiento y también se dice que será nazareo. A continuación se presenta a Sansón y se cuentan varias de las hazañas realizadas gracias a su extraordinaria fuerza. Luego, seducido por una mujer filistea, manifestará el secreto de su fuerza y será apresado por los filisteos. Por último, una vez recuperada su fuerza prodigiosa, él mismo pierde la vida junto con muchos filisteos al derribar el edificio en el que estaban.

¿Qué es ser nazareo? Consagrado a Dios, desde el seno materno.

¿Quién anunció el nacimiento de Sansón? Un ángel. La historia de Sansón comienza así: Hubo un hombre de Sorá, de la estirpe de Dan, llamado Manóaj. Su mujer era estéril y no tenía hijos. Se le apareció un ángel del Señor a esta mujer y le dijo: “Mira, eres estéril y no has tenido hijos, pero concebirás y darás a luz un hijo. Así que ahora guárdate de beber vino y licor y de comer nada impuro, pues concebirás y darás a luz un hijo por cuya cabeza no pasará la navaja, ya que el muchacho será nazareo de Dios desde el vientre materno. Él comenzará a salvar a Israel de la mano de los filisteos” (Jc 13, 2-5).

¿Cuáles fueron las hazañas de Sansón? La primera que se narra es la siguiente: Bajaba Sansón junto con su padre y su madre hacia Timná cuando al llegar a las viñas de Timná, salió a su encuentro un león joven rugiendo. Entonces el espíritu del Señor irrumpió en Sansón y lo despedazó como se despedaza un cabrito, sin tener nada en su mano (Jc 14, 5-6).

En otra ocasión, para vengarse de una afrenta que le habían hecho los filisteos, capturó trescientas zorras y tomó unas antorchas, las ató por parejas rabo con rabo y sujetó una antorcha entre ellos; prendió fuego a las antorchas y soltó las zorras por las mieses filisteas. Quemó gavillas y mieses e incluso viñas y olivos (Jc 15, 4-5). Furiosos los filisteos por aquel desastre, exigieron que se les entregase a Sansón maniatado; y aunque así se hizo, éste rompió las ligaduras cuando aquéllos iban a poner la mano sobre él; y agarrando una quijada de sano que había encontrado, atacó con ella a mil filisteos, a los que mató.

Una vez que estaba en Gaza, supo Sansón que los filisteos habían resuelto matarle a la mañana siguiente, cuando llegara la luz del día. Sansón durmió hasta la medianoche. Entonces se levantó, arrancó los portones de acceso a la ciudad con sus dos jambas junto con sus trancas, los puso sobre sus hombros y los subió a la cumbre del monte que hay frente a Hebrón (Jc 16, 3). Y así se libró de caer en manos de sus enemigos.

Después de estas hazañas, los israelitas eligieron por juez a Sansón, que los gobernó durante veinte años, haciéndose famoso por su fuerza extraordinaria.

¿Conservó Sansón siempre su fuerza? No. Sansón se enamoró de una mujer llamada Dalila. Los filisteos para librarse de Sansón ofrecieron dinero a Dalila para que averiguase de dónde le venía su gran fuerza. Repetidas veces Dalila dijo a Sansón: Dime, por favor, de dónde te viene tu gran fuerza y con qué habría que atarte para inmovilizarte (Jc 16, 6). Sansón siempre respondía sin decir la verdadera causa de su fuerza. Pero tal fue la insistencia de Dalila, que un día le dijo: Nunca ha pasado una navaja por mi cabeza puesto que soy nazareo de Dios desde el vientre de mi madre. Si se me rapara, mi fuerza se apartaría de mí, me debilitaría y sería como todos los hombres (Jc 16, 17). Entonces Dalila lo contó a los filisteos. A continuación, ella hizo dormir a Sansón sobre sus rodillas, y llamó a un hombre para que le cortara los siete mechones de su cabeza. Al ser rapado, la fuerza se apartó de Sansón. Y así los filisteos se apoderaron fácilmente de él. Para saciar su venganza, los filisteos le sacaron a Sansón los dos ojos. Lo llevaron a Gaza y le pusieron a dar movimiento a la rueda de un molino. El cabello de su cabeza comenzó a salir de nuevo después de que se lo cortaran (Jc 16, 22).

¿Se vengó Sansón de lo que le habían hecho los filisteos? Sí. Y lo hizo en la primera ocasión que se le presentó. Los príncipes de los filisteos se reunieron para ofrecer un gran sacrificio a su dios Dagón y decían alegres: “Nuestro dios ha puesto en nuestras manos a Sansón nuestro adversario” (Jc 16, 23). Y decidieron sacarlo de la cárcel y llevarlo allí, para que actuase ante ellos, y así divertirse con él, como si fuera un juguete con el que se puede jugar. Sansón dijo al muchacho que lo llevaba de la mano: “Déjame que toque las columnas sobre las que se sostiene la casa para que me apoye en ellas” (Jc 16, 26). La casa estaba llena de hombres y mujeres. En total, unos tres mil filisteos estaban allí para contemplar la actuación de Sansón. Éste clamó al Señor y le dijo: Señor, Dios mío, acuérdate de mí, y concédeme en esta ocasión la fortaleza de antes, oh Dios, para que me vengue de una sola vez de los filisteos por mis dos ojos (Jc 16, 28). Y estando colocado entre las dos columnas centrales sobre la que se sostenía la casa, y, después de decir: ¡Muera yo con los filisteos! (Jc 16, 30), las empujó con tanta fuerza que se derrumbó la casa sobre toda la gente que había en ella. Los muertos que ocasionó al morir fueron muchos más de los que había matado en vida.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s