Homilía del Domingo III del Tiempo Ordinario (Ciclo C)

DOMINGO III DEL TIEMPO ORDINARIO (C)

Lecturas: Ne 8, 2-4a.5-6.8-10; 1 Co 12, 12-30; Lc 1, 1-4 – 4, 14-21

Una misión para todos. El Espíritu del Señor está sobre mí. Me ha enviado para anunciar el Evangelio. Las palabras del profeta Isaías tienen su fiel cumplimiento en Jesús. Nuestro Señor vino para traer la Buena Nueva de la salvación, y quiere que su mensaje llegue a todos los rincones de la tierra. En la 2ª lectura, san Pablo nos dice: Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Vosotros sois el cuerpo de Cristo y cada uno es un miembro. Cada miembro (el ojo, la mano, el oído) es distinto de los otros, aunque todos son del cuerpo, y se necesitan unos de otros. Igualmente pasa en la Iglesia. Somos miembros de la Iglesia, del Cuerpo Místico de Cristo, pero no todos tienen las mismas funciones. Sin embargo la misión de anunciar el Evangelio es común a todos los bautizados.

Todo fiel cristiano, cualquiera que sea su responsabilidad dentro de la Iglesia, debe preocuparse por comunicar, a través de su enseñanza y su comportamiento, la doctrina y la vida de Jesús. La acción catequética ha sido siempre considerada por la Iglesia como una de sus tareas primordiales.

Infancia misionera. En este domingo se celebra la Jornada de la Infancia Misionera. Decía Pío XI: La catequesis de los niños es el más santo y necesario ministerio. Éste es el motivo por el cual la Iglesia consagra a la catequesis sus mejores recursos en hombres y energías, sin ahorrar esfuerzos, fatigas y medios materiales, para organizarla cada vez mejor y formar personas capacitadas.

La mirada se dirige a los niños de aquellos lugares donde los misioneros desarrollan su tarea evangelizadora. Ayudémosles con nuestra oración, siempre tan necesaria y eficaz, pero también con nuestros donativos. Esta ayuda, verdadera obra de misericordia, emana de la fraternidad humana y cristiana. Cristo vino principalmente para salvar a los hombres del mal supremo -el pecado-, pero también se ocupó en muchas ocasiones de sus necesidades humanas: orientó en la verdad para librar de la ignorancia; no fue insensible ante el dolor ajeno y procuró aliviarlo, etc.

Predilectos de Dios. En el Evangelio vemos la predilección de Jesús por los niños.Los acoge y bendice. Cada niño reclama nuestro amor. Hoy en día vemos cómo los niños son objetos de abominables abusos: niños asesinados antes de nacer; niños a los que se les niega el amor de los padres; niños abandonados en la calle que no tienen el don de un hogar; niños que son utilizados brutalmente como soldados y convertidos en instrumentos de violencia; niños heridos en lo más profundo del alma por medio de la industria de la pornografía.

¡Qué gran pecado es quitar la inocencia, corromper, a un niño, a una niña! Y esto se está haciendo, entre otros modos, por diversos medios de comunicación, especialmente por Internet. De ahí la responsabilidad de los padres para evitar que sus hijos caigan en esas redes del mal. Para terminar, unas palabras de Cristo: Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgasen al cuello una piedra de molino, de las que mueve el asno, y lo arrojasen al fondo del mar (Mt 18, 6).

 

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