Clases de Religión. Historia Sagrada (Lección 24ª)

Historia Sagrada

Lección vigésima cuarta

Salomón. Cisma de diez tribus

¿Comenzó bien Salomón su reinado? Sí, pues pidió a Dios con humildad que le concediera sabiduría para gobernar su pueblo. Hacía poco tiempo que Salomón había comenzado a reinar cuando el Señor se le apareció en sueños y le dijo: “Pide qué quieres que te dé”. Salomón respondió: “Tú obraste con gran misericordia hacia tu siervo, mi padre David, y él caminó en tu presencia con fidelidad, justicia y rectitud de corazón. Mantuviste con él gran misericordia y le concediste un hijo que se sentara sobre su trono tal como sucede hoy. Ahora, Señor, Dios mío, Tú has hecho reinar a tu siervo en lugar de mi padre David. Yo soy un niño pequeño que no sé conducirme; tu siervo está en medio del pueblo que Tú te elegiste, un pueblo numeroso que no puede ser contado ni censado debido a su multitud. Concede a tu siervo un corazón dócil para juzgar a tu pueblo y para saber discernir entre el bien y el mal. Pues, ¿quién podrá juzgar a tu pueblo siendo éste tan grande?” Fue grato a los ojos del Señor que Salomón hubiera pedido tal cosa. Y Dios le respondió: “Porque has hecho esta petición y no has pedido para ti ni muchos años, ni riquezas, ni la vida de tus enemigos, sino que pediste para ti discernimiento para escuchar juicios, mira que yo he obrado según tus palabras: te he dado un corazón sabio e inteligente; hasta tal punto que no ha habido antes otro como tú, ni existirá después. Además te he concedido lo que no has pedido para ti: riquezas y gloria tales, que ningún rey te igualará en todos tus años. Y si sigues mis caminos guardando mis leyes y mis mandamientos como los siguió tu padre David, yo prolongaré tus años” (1 R 3, 5-14).

¿Fue grande la fama de Salomón? Sí. Salomón fue, en efecto, el rey más poderoso y más sabio de Israel. Su fama se extendió más allá de las fronteras de su reino; y así, la reina de Sabá fue a Jerusalén para cerciorarse de lo que se decía de Salomón, que había sobrepasado a todos los reyes de la tierra en riquezas y sabiduría. Además durante su reinado hubo paz y prosperidad para su pueblo.  

¿Qué manifestación clara hay del don de discernimiento que tuvo Salomón? La del llamado juicio de Salomón. Muy pronto se le presentó al joven rey la ocasión de dar a conocer la cordura y sabiduría que Dios le había concedido. Sucedió que, viviendo en una misma casa, dos prostitutas dieron a luz un niño cada una, con una diferencia de tres días. Una noche murió asfixiado el hijo de una de ellas porque ésta se recostó sobre el niño. Y mientras dormía la otra, cambió su hijo muerto por el niño vivo de su compañera. Sorprendida ésta, cuando descubrió aquel atroz engaño, exigió que se le devolviese su hijo; pero su petición no fue atendida por la madre del niño muerto. Y se enzarzaron en una tremenda disputa. Para resolver el caso, acudieron al tribunal del rey. Y de nuevo ante Salomón, discutieron: cada una decía ser la madre del niño vivo. Entonces dijo el rey: “La una dice: ‘Mi hijo es éste, el que está vivo; el tuyo es el muerto’. La otra dice: ‘No, tu hijo es el muerto; el mío, el que está vivo’”. Y el rey añadió: “Traedme una espada”. Enseguida presentaron la espada al rey, y el rey ordenó: “Partid en dos al niño vivo. Dad una mitad a ésta, y otra mitad a la otra”. La mujer de la que era el hijo vivo, al conmovérsele las entrañas por su hijo, suplicó al rey: “Por favor, mi señor, dadle a ella el niño que está vivo. No lo matéis”. Pero la otra decía: “Que no sea ni para mí ni para ti. Que lo partan”. Entonces habló el rey y dijo: “Dadle a la primera mujer el niño que está vivo, y no lo matéis. Ella es su madre”. Todo Israel se enteró de la sentencia que había dictado el rey, y sintieron temor ante él porque veían que la sabiduría de Dios estaba con él para administrar justicia (1 R 3, 23-28).        

¿Cuál fue la obra más grandiosa de Salomón? Sin duda alguna, el Templo de Jerusalén. El rey David manifestó al profeta Natán su deseo de construir un templo para Dios. Y Natán en un principio le dijo: Haz lo que te dicta el corazón (2 S 7, 3), pero después el Señor ordenó a Natán que le dijera a David que sería uno de su linaje el que edificaría una casa en honor del nombre del Señor. Y efectivamente, fue Salomón el que construyó un templo para Dios en la Jerusalén.

Al cuarto año de su reinado, Salomón inició las obras de un templo en honor del Dios verdadero, un templo de magnificencia sin igual. El Templo de Jerusalén fue una de las maravillas del mundo antiguo. Fue construido tomando como modelo el Tabernáculo; se tardó siete años en su construcción, y costó cantidades fabulosas, pues no se escatimó ni el oro, ni la plata y ni el mármol; y toda la madera de los artesonados y panales era de cedro.

Cuando el Templo estuvo acabado, se trasladó a él con la mayor solemnidad el Arca de la Alianza, y en los catorce días que duró la fiesta de la dedicación del Templo al culto de Dios, fueron ofrecidas en sacrificio millares de víctimas. Con el Templo dentro de su recinto, Jerusalén pasó a ser la Ciudad Santa, el centro del culto a Dios y el único lugar de la tierra donde habían de agradar a Dios los sacrificios, hasta que viniera el Mesías Redentor prometido.

¿Qué otras edificaciones hizo Salomón? Después de acabar de construir el Templo de Jerusalén, Salomón acometió otras grandes obras. Hizo edificar para su uso un majestuoso palacio; además rodeó a Jerusalén de murallas; fundó o fortificó varias ciudades; reparó los puertos marítimos de la costa; creó una flota numerosa e hizo de su capital un centro de un importante de comercio.

¿Hubo muchas guerras durante el reinado de Salomón? A diferencia con el reinado de su padre David, en el reinado de Salomón el pueblo gozó de una benéfica paz. Gracias a este período pacífico, el pueblo se multiplicó prodigiosamente, y como dice la Sagrada Escritura: Judá e Israel eran tan numerosos como las arenas de la orilla del mar. Comían, bebían y eran felices (1 R 4, 29); Judá e Israel vivieron tranquilos, cada hombre bajo su parra y su higuera, desde dan hasta Berseba, durante todos los días de Salomón (1 R 5, 5).

¿Cuál fue el comentario que hizo la reina de Sabá en su visita a Salomón? La fama de Salomón se había extendido tanto, que la reina de Sabá, acompañada de un espléndido séquito, viajó a Jerusalén para poner a Salomón a prueba con enigmas. Salomón respondió a todas sus preguntas; no hubo ninguna cuestión desconocida para el rey, ninguna que éste no resolviera. Cuando la reina de Sabá vio toda la sabiduría de Salomón, el edificio que había construido, los manjares de su mesa, las habitaciones de sus siervos, el porte de sus criados y sus indumentarias, así como sus bodegas y los holocaustos que ofrecía en el Templo, se quedó sin aliento y dijo al rey: “Es verdad lo que he oído en mi tierra sobre ti y sobre tu sabiduría. No he dado crédito a esas noticias hasta que he venido y lo he visto con mis ojos, aunque ciertamente no estaba informada ni de la mitad. Sobrepasas en sabiduría y riquezas las noticias que había escuchado. Dichosas tus mujeres y dichos tus siervos, que están siempre junto a ti y escuchan tu sabiduría. Bendito sea el Señor, tu Dios, que se ha complacido en ti sentándote en el trono de Israel, en virtud del amor del Señor hacia Israel para siempre, y te ha constituido rey para ejercer el derecho y la justicia” (1 R 10, 3-9).

¿Permaneció Salomón fiel a Dios? Desgraciadamente, no. Salomón amó a muchas mujeres extranjeras, a pesar de lo que el Señor había dicho a los israelitas: No os unáis con ellas, y que ellas no se unan con vosotros porque inclinarán vuestro corazón tras sus dioses (1 R 11, 2). Pero, sin tener en cuenta esta advertencia de Dios, Salomón se inclinó a las mujeres extranjeras por amor, y ésta pervirtieron su corazón. Cuando Salomón llegó a la ancianidad ellas inclinaron su corazón tras los dioses extraños y su corazón no fue por entero para el Señor, su Dios, como había sido el corazón de su padre David. Salomón siguió a Astarté, diosa de los sidonios, y a Milcom, ídolo de los amonitas. Salomón hizo el mal a los ojos del Señor y no se entregó completamente al Señor como su padre David. Entonces edificó Salomón un lugar alto a Camós, ídolo de Moab, en la montaña que hay frente a Jerusalén, y a Milcom, ídolo de los amonitas. Hizo otro tanto para sus mujeres extranjeras, que quemaban perfumes e inmolaban víctimas a sus dioses (1 R 11, 4-8).

¿Cuál el castigo del Señor por esta conducta perversa de Salomón? El Señor se irritó contra Salomón porque había apartado su corazón del Señor, Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces y le había ordenado precisamente esto: no ir de ningún modo tras dioses extraños. Pero él no guardó lo que le mandó el Señor (1 R 11, 9-10). En castigo por haber caído en la idolatría, Dios dijo a Salomón que cuando muriera daría su reino a un siervo del rey, pero que atención a David dejaría una tribu y la ciudad de Jerusalén para su hijo y heredero.

¿Qué pasó a la muerte de Salomón? Salomón murió después de haber reinado cuando años, y dejó su trono a su hijo Roboán. A éste, al principio de su reinado, se le presentó Jeroboán, general de los ejércitos de Salomón, con toda la asamblea de Israel para rogarle que rebajase los excesivos impuestos con que Salomón había gravado al pueblo. El nuevo rey consultó a los ancianos que habían aconsejado a su padre  Salomón. La respuesta que le dieron fue que hiciera caso a la petición de su pueblo. Pero Roboán rechazó este consejo, y he hizo una nueva consulta. Esta vez a los jóvenes que se habían educado con él, y estos le dijeron que nada de rebajar los impuestos, sino todo lo contrario, subirlos. Y Roboán rechazó con arrogancia la petición de bajar los impuestos. Por este motivo se le rebelaron diez tribus que eligieron por rey a Jeroboán.

Esta rebelión, conocida con el nombre de cisma de Samaría, produjo la división del reino: las tribus de Benjamín y de Judá, que siguieron fieles a la dinastía de David, formaron, con los levitas, el reino de Judá, cuya capital fue Jerusalén; y las otras tribus formaron el reino de Israel, que tuvo a Samaría por capital. Estos dos reinos, que estuvieron casi siempre en guerra entre sí, acabaron siendo asumidos por los poderosos reyes de Nínive y de Babilonia.

 

 

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