Homilía del Domingo I de Cuaresma (Ciclo C)

DOMINGO I DE CUARESMA (C)

Lecturas: Dt 26, 4-10; Rm 10, 8-13; Lc 4, 1-13

Tentaciones. Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo. En este primer domingo de Cuaresma, consideramos las tentaciones que sufrió Jesucristo. Todos los personajes más importantes de la Historia Sagrada fueron tentados: Nuestros primeros padres (Adán y Eva), Abrahán, Moisés, David, el mismo pueblo elegido. También nosotros sufrimos los ataques del demonio que nos tienta, como lo explica Benedicto XVI: La serpiente intenta continuamente hacer creer a los hombres que Dios debe desaparecer, para que ellos puedan llegar a ser grandes; que obstaculiza nuestra libertad y que por eso debemos desembarazarnos de Él.

La actitud tajante de Cristo ante las tentaciones de Satanás es una lección para nosotros. Además, Nuestro Señor nos ha enseñado, en el Padrenuestro, a pedir a Dios que nos ayude con su gracia para que no caigamos en el momento de la tentación. El simple hecho de sufrir la tentación, no es pecado. Rechazándola se practica la virtud.

Ideas claras. En las tentaciones es muy conveniente saber distinguir entre sentir y consentir, entre ver y mirar, entre oír y escuchar. Tanto en el consentir, como en el mirar y en el escuchar ya interviene la voluntad. Sólo hay pecado cuando hay voluntariedad. Se puede ver, oír, sentir, sin querer, sin ninguna voluntariedad. Por tanto, se vea lo que se vea, se oiga lo que se oiga,  se sienta lo que se sienta, si no se quiere ver, oír, sentir, no hay pecado.

Si alguien se pone voluntariamente en ocasión próxima de pecar, sin necesidad, ya ha pecado. Esto ocurre, por ejemplo, cuando se lee un libro inmoral o herético; cuando se navega por Internet por páginas poco recomendables desde el punto de vista moral; cuando se frecuenta malas amistades que incitan a pecar; cuando se ve programas de televisión o películas con escenas de sexo explícito; cuando se asocia con otros que llevan un negocio oscuro…; y un etcétera tan largo que tiende al infinito.

Dios está de nuestra parte. A lo largo del viaje de la vida, todos los hombres experimentamos la fuerza y la insistencia del tentador, que nos inducen a perder la confianza en Dios y a hacer caso omiso de sus preceptos; pero, al mismo tiempo, si luchamos para no caer en la tentación, Dios nos ayuda con su gracia a vencer.

En una de las tentaciones que tuvo santa Catalina de Siena, esta gran santa empezó a luchar acudiendo al Señor para vencer la tentación. Pero la tentación no cedía sino que cada vez era más fuerte. La santa se esforzaba más en luchar y en insistir al Señor para que no la dejara sola en aquellos momentos. La tentación arreciaba y el Señor parecía no oír a la santa. Al final salió victoriosa santa Catalina. Después, en una de las conversaciones que la santa tenía con el Señor, le preguntó que dónde se había metido cuando le estaba llamando, ya que no había recibido ninguna respuesta. El Señor le respondió: Estaba dentro de ti viendo como luchabas.

 

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