Curiosidades y costumbres del Papado (Los Antipapas)

LOS ANTIPAPAS

 

Se da el nombre de antipapa a diversos personajes, que en distintas épocas usurparon el título y las funciones del obispo de Roma, oponiéndose al papa legítimo. O también se puede definir como antipapa el pretendiente al Papado, elegido o designado en oposición al oficialmente nombrado y en consecuencia oficialmente reconocido como verdadero papa.

 

Ahora bien, hay dudas sobre algunos antipapas, que quizá no fueron tales sino auténticos papas, por ejemplo, Dióscoro (530-530), Félix II (355-365), Celestino II (1124-1124) y los papas de las obediencias de Aviñón y de Pisa durante el Cisma de Occidente, y también hay papas de cuya legitimidad se duda, por ejemplo, León VIII (963-965), Silvestre III (1045-1045) y Gregorio VI (1045-1046).

 

E incluso ha habido algunos antipapas que llegaron a ser papas legítimos como Vigilio (537-555), san Eugenio I (654-657) y Sergio III (904-911).

 

Además es de destacar la actuación de san León IX (1049-1054), que cuando en diciembre de 1048 el emperador Enrique III de Alemania lo designó en la Dieta de Worms para suceder al papa Dámaso II en la Sede romana, no ignoraba que los romanos tenían su propio candidato, y quiso tener la seguridad de que el pueblo romano aceptaba de buen grado la elección que había hecho el Emperador de su persona como obispo de la Urbe, y de esta forma evitar en convertirse en un antipapa. A tal fin se presentó humildemente en la Ciudad Eterna descalzo y con hábito de penitente, y esperó discretamente a que el pueblo y el clero cumplieran los requisitos formales. Los romanos le aceptaron y aclamaron sinceramente.

 

Algo parecido hizo Honorio II (1124-1130), que consciente de la irregularidad de su elección y comprendiendo que su promoción había sido ilegítima, renunció a la suprema dignidad, porque prefería tener con derecho el obispado de Ostia, que no el Romano con injuria. Pero los cardenales confirmaron de buen grado su nombramiento, siendo consagrado después de haberse repetido pacíficamente la ceremonia de aclamación, contando con el consentimiento unánime de todos los miembros del Sacro Colegio.

 

Los antipapas, independientemente de si lo fueron o no, son los siguientes:

 

San Hipólito. En el año 217 no reconoció como verdadero papa a san Calixto I, y se erigió en jefe de un grupo cismático. Sus seguidores le nombraron papa. Hipólito continuó su cisma durante los pontificados de san Urbano I y san Ponciano. Junto a éste fue desterrado a las minas de sal de Cerdeña por el emperador Maximino el Tracio. Allí se reconcilió con Ponciano, y ordenó a sus partidarios: Manteneos fieles a la fe católica y restaurad la unidad. Murió mártir por la fe de Cristo en el año 235. La Iglesia celebra su memoria el 13 de agosto.

 

Novaciano. En el año 251, al sentirse postergado por la elección de san Cornelio, Novaciano acusó al nuevo obispo de Roma de laxismo y se alzó contra el legítimo sucesor de San Pedro, haciéndose consagrar obispo por tres obispos italianos. Arrastró al cisma a una buena porción de la Iglesia. Excomulgado por un sínodo romano en otoño del 251, se alejó de Roma en el 253 durante la breve persecución de Trebonio Gallo, perdiéndose su rastro. Se cree que murió en el 257 ó 258.

 

Félix II. Al ser desterrado el papa Liberio, el emperador Constancio nombró obispo de Roma al arcediano romano Félix. La mayoría del clero romano le reconoció como verdadero papa, no así los seglares, que masivamente se mantuvieron fieles a Liberio. Cuando regresó de su destierro Liberio, Félix fue desterrado a perpetuidad por el Senado y pueblo de Roma. Murió en Porto.

 

Ursino. Cuando murió el papa Liberio, año 366, se produjo una doble elección. Una se celebró en la basílica transtiberina de Julio, de la que salió elegido el diácono Ursino; en la otra, que tuvo lugar en la basílica de San Lorenzo in Lucina, eligieron al diácono Dámaso. El emperador Valentiniano I intervino desterrando a Ursino, aunque el cisma perduró. En el 380, un sínodo celebrado en Roma solicitó de nuevo la intervención imperial. El emperador -ahora, Graciano- se declaró abiertamente -como su antecesor- de parte del papa Dámaso I. Durante el reinado de Teodosio I, favorecedor del legítimo papa, fue desapareciendo hasta extinguirse el cisma de Ursino.

 

Eulalio. A la muerte de san Zósimo, ocurrida en el 418, surgió en la Iglesia de Roma un nuevo cisma. Al igual que en el cisma del 366, éste tuvo origen en una doble elección. Tanto san Bonifacio I como el arcediano Eulalio fueron elegidos por grupos distintos para que ocuparan la Sede de San Pedro. En un principio, el emperador Honorio reconoció a Eulalio, pero poco más tarde, al ser informado de la verdadera situación y de quienes participaron en cada elección, confirmó como verdadero papa a Bonifacio I. Eulalio fue expulsado de Roma, residió en Antium, y posteriormente fue designado obispo de Nepi.

 

Lorenzo. A finales del siglo V, en el año 498, cuando quedó vacante la Sede romana por la muerte de Anastasio II, se reunieron en la basílica liberiana, Santa María la Mayor, parte del clero de Roma y una mayoría de senadores que aclamaron al presbítero Lorenzo, del título de Santa Práxedes, como nuevo papa, sin tener en cuenta las normas y costumbres establecidas. Simultáneamente, en Letrán, una asamblea más numerosa, elegía al diácono Símaco para suceder al difunto Anastasio. Símaco y Lorenzo accedieron a someterse al arbitraje de Teodorico, rey de los ostrogodos. Teodorico falló a favor de Símaco, y Lorenzo acató la decisión, concediéndosele el obispado de Nocera in Campania. Tiempo después, Lorenzo pretendió de nuevo el solio pontificio, sin conseguirlo, y tuvo que retirarse de Roma definitivamente.

 

Dióscoro. El papa Félix IV había nombrado a su propio sucesor en la persona del arcediano romano Bonifacio. Y en efecto, cuando murió en el 530, el pueblo y el clero reunidos en la basílica de Santa María in Trastevere, proclamaron a Bonifacio como papa. Pero una parte del clero y del pueblo romano, celosos de sus prerrogativas, protestó de la irregular designación, y en la iglesia de Constantino elegían como obispo de Roma a Dióscoro, cardenal-diácono, antiguo legado papal en Constantinopla. El cisma duró poco tiempo -un mes- pues la muerte de Dióscoro puso fin a la división. Entonces Bonifacio II fue reconocido por todo el clero y pueblo de Roma. En el Anuario Pontificio se lee: Quizás puede sostenerse la legitimidad de Dióscoro, que murió 22 días después de su elección.

 

Pedro. En el año 686, a la muerte de Juan V, el clero reunido en la Basílica de San Juan de Letrán elegía al arcipreste Pedro como nuevo obispo de la ciudad. Mientras tanto, los magistrados y la milicia, congregados en la Iglesia de San Esteban in Rotundo, prefirieron elevar a la Sede romana al presbítero Teodoro. Ninguno de los dos fue papa, y además, Pedro tampoco figura en la lista de los antipapas, porque en realidad no lo fue. Como transcurría el tiempo y, a pesar de numerosas tentativas de conciliación entre los seguidores de ambos rivales, no se logró ningún acuerdo, se tomó la decisión de descartar a los dos -Pedro y Teodoro- y nombrar pontífice a Conón, que era un anciano de vida ejemplar. Éste fue aceptado por todos.

 

Teodoro. El papa Conón murió al año siguiente de ser elegido. Y de nuevo rebrotó la querella entre los diversos grupos a causa de la elección del sucesor del papa difunto. Otra vez Teodoro, con el apoyo de la milicia mostró sus aspiraciones y fue elegido por una pequeña porción del clero y del pueblo romano. Otro candidato era el archidiácono Pascual, que mediante una fuerte suma -cien libras de oro- consiguió ser elegido con el apoyo del exarca de Rávena, Juan Platin. Pero la mayoría del clero, arrastrando a los nobles y a una parte del ejército, decidió que ninguno de los dos era conveniente, y proclamó a Sergio, que pudo contar con la aclamación popular. Teodoro, al ver perdida su causa, y que la milicia le abandonaba, salió al encuentro de Sergio I y le reconoció como legítimo papa. Y de él nunca más se supo. Resulta indudable que no puede ser considerado como antipapa, pues en las dos ocasiones, la del 686 y la del 687, se sometió al papa legítimo -primeramente a Conón, y después, a san Sergio I-.

 

Pascual. Con la elección de Sergio I no se dio por vencido. Escribió al exarca de Rávena que fuera a Roma para que le ayudara en sus pretensiones. Platin acudió, pero al comprobar que Sergio I contaba con el favor de toda la población, reconoció a éste como legítimo papa. Pascual se negó a abdicar, siendo encerrado en un monasterio, convicto de magia y en el que murió sin reconocer al verdadero papa.

 

Constantino II. En el año 767, inmediatamente después de entregar el papa san Pablo I su alma a Dios, un grupo de laicos invadió el palacio Laterano para aclamar como papa a Constantino, que ni siquiera era clérigo. Esta elección,  realizada con el apoyo de Totón, duque de Nepi y hermano del elegido, parece ser que no fue conforme a las normas canónicas vigentes, aunque algunos autores la consideran válida. Constantino recibió todas las órdenes sagradas y tomó posesión de su cargo. Durante trece meses estuvo gobernando la Iglesia. Cabe preguntarse si fue verdadero papa. Para unos, sí; mientras que para otros fue un intruso, un usurpador. Constantino II fue depuesto el 30 de julio del 768 por el primicerio Cristóbal y su hijo Sergio, enemigos del duque de Nepi, ayudados por los lombardos de Waldiperto.

 

Baronio, en sus Annales Ecclesiastici, dice escuetamente: Arrojado el pseudo-Papa Constantino de la sede que había ocupado un año y un mes, y a la que había sido elevado sin ley ni justicia, dispuesto igualmente el cese de Felipe, en las nonas del mes de agosto (5 de agosto) fue elegido legítimamente y ritualmente, según lo prescrito en los sagrados cánones, Esteban, cuarto de su nombre, llamado por algunos tercero. Con la elección de Esteban III (IV), Constantino fue obligado a retirarse a un monasterio donde pasó el resto de sus días.

 

Felipe. Depuesto Constantino II, inmediatamente después, Waldiperto, deseando cumplir los deseos de Desiderio, rey de los lombardos, promovió a la silla papal a un presbítero llamado Felipe. Un cierto número de ciudadanos reunidos en el monasterio de San Guido aclamó a Felipe como pontífice. En el recorrido que iba desde su monasterio, del que era abad, hasta la basílica del Laterano, la muchedumbre no dejó de gritar: Felipe es quien ha sido elegido Papa por San Pedro. Y fue entronizado como papa. Pero el primicerio Cristóbal no quiso reconocer la elección de Felipe por considerarla anticanónica. Felipe, sin oponer resistencia alguna, el mismo día de su elección, regresó a su monasterio rodeado del respeto de todos.

 

Juan. Al morir Gregorio IV, en el 844, una parte del pueblo eligió para sucederle al diácono Juan, pero no obtuvo el reconocimiento del clero ni de la mayoría de los romanos, por lo que fue obligado a retirarse en un convento, a la vez que Sergio II era consagrado como legítimo papa.

 

Anastasio, el Bibliotecario. Anastasio era cardenal de San Marcos. Con el apoyo de los emperadores Luis y Lotario, se declaró sumo pontífice y entró en Roma con hombres armados apoderándose del Palacio de Letrán y haciendo prisionero al verdadero papa, Benedicto III. Pero la mayor parte del clero y el pueblo permanecieron fieles al legítimo pontífice, y Anastasio fue prontamente depuesto.

 

Cristóbal. Cardenal presbítero del título de San Dámaso y familiar del papa León V (903-903). Juzgando al Pontífice poco apto para gobernar la Iglesia, Cristóbal se apoderó violentamente de la Sede papal obligando a León V a retirarse al monasterio benedictino de Bandallo. Estuvo en la Sede de San Pedro seis meses. En enero del 904 el pueblo de Roma, que lo odiaba, permitió a Sergio, el electo en discordia del 898 cuando fue elegido Juan IX, regresar a Roma, adueñarse de Letrán, encarcelar a Cristóbal y ser proclamado papa con el nombre de Sergio III. León V y Cristóbal murieron poco tiempo después. Es curioso que este usurpador esté inscrito como papa -y no como antipapa- en varios catálogos de la historia del Pontificado y que esté enterrado en el Vaticano.

 

Bonifacio VII. Gobernaba la Iglesia Benedicto VI cuando se produjo una insurrección en Roma provocada por Crescencio. El Papa fue encarcelado en Sant’Angelo, donde murió asesinado, mientras el diácono Franco, que ya había disputado con Benedicto VI en la elección, era entronizado como nuevo papa con el nombre de Bonifacio VII. El usurpador, sin embargo, sólo pudo estar unas semanas ejerciendo de pontífice porque el pueblo de Roma, horrorizado por el asesinato de Benedicto VI, se rebeló contra Bonifacio VII. Éste, ante la entrada en la Urbe de un ejército imperial, se refugió en Sant’Angelo. El conde Sicco de Espoleto lanzó entonces su asalto a la fortaleza. El antipapa logró escapar, llevándose parte de los tesoros de la Iglesia y ponerse a salvo en territorio bizantino. En Constantinopla estuvo oculto cerca de diez años

 

Para cubrir la sede vacante fue elegido el obispo de Sutri, que tomó el nombre de Benedicto VII. A la muerte de éste, en el 983, subió al solio pontificio Pedro Canepanova, que era vicecanciller del emperador Otón II en Italia y obispo de Pavía. Tomó el nombre de Juan XIV. Pero apenas elegido -aún no llevaba tres meses gobernando la Iglesia-, Otón II murió. Circunstancia que aprovechó Franco -Bonifacio VII- para presentarse en Roma y, esta vez con el apoyo de Crescencio y de grupos activos disidentes, encarcelar al Papa en Sant’Angelo, que también fue asesinado por orden del usurpador. Tampoco esta vez estuvo mucho tiempo ocupando la Sede romana, pues al año moría asesinado. Toda una pesadilla había terminado con la muerte del antipapa Bonifacio VII, asesino de dos papas.

 

Juan XVI. Juan Filagato, obispo de Piacenza, en el 997 fue proclamado papa por Crescencio II con el nombre de Juan XVI durante el pontificado de Gregorio V. El emperador Otón III no consistió tal usurpación y en Roma ordenó decapitar al traidor Crescencio II. El antipapa fue hecho prisionero y mutilado. Encerrado en un convento vivió todavía quince años.

 

Gregorio. Con la muerte del papa Sergio IV y de Juan Crescencio III, en mayo de 1012, los condes de Túsculo recuperaron el poder en Roma que ya habían ejercido un siglo atrás. El 18 de mayo eligieron a uno de ellos -el conde Teofilacto, cardenal de Porto- para que ocupara la sede pontificia. El nuevo papa adoptó el nombre de Benedicto VII. Sin embargo, la familia de los Crescencios designó a un cierto clérigo llamado Gregorio para la más alta dignidad eclesiástica en oposición al legítimo papa. El antipapa, obligado a huir de Roma, viajó a Alemania para implorar del emperador Enrique II el reconocimiento de su causa. El monarca alemán sostuvo a Benedicto VII y desde ese momento se borran las huellas de Gregorio que solamente aparece en la historia mencionado como un antipapa.

 

Benedicto X. Antes de que transcurriera una semana desde la muerte de Esteban IX (X), la nobleza romana aprovechó la ausencia de los cardenales para intentar una recuperación de su poder, haciendo aclamar como Pontífice a un Túsculo, el obispo Juan de Velletri, apodado Mincio, que se hizo llamar Benedicto X. Era el año 1058. Los cardenales no aceptaron tal elección, y san Pedro Damiano se negó a consagrarlo, por lo que tuvo que hacerlo el arcipreste de Ostia. El monje Hildebrando juntamente con el Sacro Colegio y con los apoyos de la regente alemana, emperatriz Inés, y de Godofredo de Lorena, eligieron en Siena a Gerardo de Borgoña que tomó el nombre de Nicolás II. Un sínodo reunido en Sutri despojó a Benedicto X de toda dignidad sacerdotal, después de haber estado nueve meses ejerciendo en Roma las funciones de papa. El antipapa se sometió al sínodo y pidió perdón al papa Nicolás II.

 

Honorio II. A la muerte de Nicolás II, en 1061, Hildebrando hizo que los cardenales eligieran rápidamente al sucesor del papa difunto, anticipándose a la nobleza romana que exigía del emperador Enrique IV la designación de un papa acorde a sus deseos. Los cardenales eligieron a Anselmo de Lucca, que gobernó la Iglesia con el nombre de Alejandro II. Semanas después, un grupo de obispos lombardos, apoyados por Enrique IV que estaba disconforme con el decreto de Nicolás II sobre la elección de los papas, dio la investidura pontificia a Pedro Cadalo, natural de Verona y obispo de Parma, quien tomó el nombre de Honorio II. Era éste, según el cronista Bonizo, un hombre rico en bienes y pobre en virtudes. Este antipapa murió en 1072 después de haber producido con su ambición grandes trastornos a la Iglesia.

 

Clemente III. Llamado Guiberto, era arzobispo de Rávena cuando en el año 1080, en plena lucha de las investuduras, el emperador Enrique IV lo elevó a la silla papal en oposición a san Gregorio VII. El antipapa tomó el nombre de Clemente III y sobrevivió varios pontificados. Dueño de una parte de Roma, la ocupó en tiempos del beato Víctor III. Tiempo después, fue expulsado de la Urbe durante el pontificado del beato Urbano II, retirándose a Ravena. Volvió a entrar en la Ciudad Eterna, siempre con la protección de Enrique IV, en el 1092, obligando al Papa a huir. Éste pudo volver a Roma en el invierno del 1093 a 1094. Clemente III, excomulgado y  expulsado definitivamente de Roma en la época de Pascual II, murió en el año 1100.

 

Teodorico. Muerto el antipapa Clemente III, los clérigos que formaban parte del séquito de Enrique IV se reunieron secretamente en San Pedro y eligieron a Teodorico, cardenal obispo de Albano, al que consagraron aprovechando la ausencia de Pascual II. Al regreso del Papa, Teodorico fue preso, juzgado y condenado a prisión perpetua en el monasterio de la Santa Trinidad, cerca de Salerno, donde profesó como monje. Esto ocurría en el año 1100.

 

Alberto. Los partidarios del que fue Clemente III no se desanimaron con la suerte de Teodorico, y en el 1102 tuvieron una reunión en la Iglesia de los Santos Apóstoles para elegir a Alberto, cardenal de Silva Candida. Pero tampoco consiguieron su propósito. El antipapa fue puesto en manos de Pascual II, que lo envió al monasterio de San Lorenzo en Aversa.

 

Silvestre IV. En 1105 intentaron los seguidores de los tres antipapas anteriores de nuevo quitar a Pascual II y colocar en su lugar otro papa. Se reunieron en Santa María Rotonda para la elección. En esta tercera ocasión el elegido era un arcipreste romano, de nombre Maginulfo, que quiso llamarse Silvestre IV. Pascual II no hizo caso de éste, pues contaba con escasos partidarios. Fracasada su causa, el antipapa buscó refugio en Osimo, cerca de Ancona.

 

Gregorio VIII. En el año 1118, por desavenencias con el papa Gelasio II, el emperador Enrique V de Alemania declaró vacante la Sede Apostólica e hizo elegir al francés Mauricio, arzobispo de Braga, que quiso llamarse Gregorio VIII. Aunque el antipapa consiguió tener dominio sobre San Pedro, Sant’Angelo y amplias zonas de la ciudad de Roma, no fue reconocido como pontífice más que por la familia de los Frangipani. Tras la muerte del legítimo papa, Gelasio II, subió a la Sede romana Calixto II quien reunió en Reims un concilio en el que se decidió la excomunión mayor del emperador germánico y del antipapa Gregorio VIII. El pueblo romano habría hecho expiar a Mauricio su usurpación con la muerte si  no lo hubiera impedido Calixto II. El antipapa fue llevado al monasterio de La Cava, cerca de Salerno. Posteriormente fue trasladado a la ciudadela de Janula, junto a Montecassino. El sucesor de Calixto II, Honorio II, en el año 1125 lo encerró en Castel Fumone, no lejos de Alatri. No se sabe exactamente cuándo murió, aunque sí que aún vivía en 1137 y que en ese año visitó de nuevo La Cava

 

Celestino II. Tras la muerte de Calixto II, el 15 de diciembre de 1124, los cardenales, con una elección realizada según las normas canónicas, hacían de Teobaldo Buccapecus, cardenal presbítero del título de Santa Anastasia, legítimo sucesor del papa difunto. El elegido se impuso el nombre de Celestino II, pero no fue consagrado. Cuando iba a serlo los Frangipani interrumpieron la ceremonia e hirieron a Celestino II. Éste, para evitar discordias y un nuevo cisma, optó por renunciar al cargo para el cual había sido elegido canónicamente. Teobaldo murió al poco tiempo, como resultado, tal vez, de las heridas recibidas. Con Celestino II se ha cometido la injusticia de inscribirlo en la lista de los antipapas. En realidad fue verdadero pontífice, y su pontificado -sólo unas horas- el más breve de la historia, juntamente con el de Felipe, en el caso de que también hubiera sido papa legítimo.

 

Anacleto II. En el año 1130 se produjo una doble elección. Por un lado un grupo de cardenales, los más jóvenes del Sacro Colegio, se reunieron en el monasterio de San Gregorio en el Monte Celio, en el mismo lugar que había muerto Honorio II, y eligieron al cardenal diácono del título del Santo Ángel, Gregorio Papareschi, que tomó el nombre de Inocencio II. Por otra parte, un número mayor de miembros del Sacro Colegio eligió en la Iglesia de San Marcos a Pedro Pierleoni, imponiéndose el nombre de Anacleto II. Como consecuencia, un nuevo cisma surgió en la cristiandad. La solución del cisma se debe a san Bernardo, que señaló a Inocencio II como verdadero papa por haber sido elegido por la sanior pars del Sacro Colegio. Anacleto II fue abandonado por casi todos, excomulgado en 1134 y murió en 1138.

 

Víctor IV. A la muerte del antipapa Anacleto II sus seguidores eligieron para sucederle a Gregorio Conti, que tomó el nombre de Víctor IV. En el mismo año 1138, san Bernardo le convenció para que renunciara a su oficio, en bien de la Iglesia, reconociendo a su rival.

 

Víctor IV. Veintiún años después otro antipapa se llamó igualmente Víctor IV. Se trata de Octaviano de Monticello, cardenal de Santa Cecilia, que a la muerte de Adriano IV, se negó a reconocer a su sucesor Alejandro III, y se hizo elegir papa con el nombre de Víctor IV. En el concilio de Pavía, celebrado en febrero del 1160, el emperador Federico Barbarroja lo impuso como papa, pero poco tiempo después, en julio de ese mismo año, en el concilio de Beauvais, la mayor parte de los reyes y príncipes de Occidente reconocieron a Alejandro III. El antipapa se refugió en Cremona y en Lucca, siendo abandonado por sus partidarios.

 

Pascual III. En el 1164 murió Víctor IV y, aunque la mayoría de los obispos alemanes fueron reconociendo progresivamente a Alejandro III,  Barbarroja hizo que algunos de los que fueron partidarios del antipapa le dieran un sucesor, encargo que cumplieron eligiendo a Guido de Crema, que tomó el nombre de Pascual III. Éste, como muestra de agradecimiento a Federico Barbarroja, canonizó a Carlomagno. Pascual III murió en Roma el 20 de septiembre de 1168.

 

Calixto III. Dos meses después de la muerte de Pascual III, el emperador Federico Barbarroja, siempre enemigo del legítimo papa, Alejandro III, hizo elegir a Juan, abad de Strumi, que eligió el nombre de Calixto III. Durante ocho años se empeñó el monarca alemán en sostener al antipapa. Cuando Barbarroja le dejó de apoyar, Calixto III, en el 1178, tuvo el buen sentido de someterse y de reconocer a Alejandro III.

 

Inocencio III. Aún tuvo Alejandro III un cuarto rival. El 29 de septiembre de 1179 Lando de Sezze logró hacerse elegir con la ayuda de la familia del difunto Víctor IV. Tomó el nombre de Inocencio III, pero antes de transcurridos cuatro meses se sometió. Alejandro III lo desterró de por vida en el monasterio de La Cava.

 

Nicolás V. Durante el pontificado de Juan XXII se produjo un nuevo enfrentamiento entre el Papado y el Imperio. En esta ocasión motivado por la disputa de la corona imperial entre Luis de Baviera y el duque Federico el Hermoso de Austria. Resultó ganador el de Baviera pero Juan XXII se negó a reconocerle. La reacción de Luis de Baviera fue deponer al Papa y haciendo poner en su lugar a Pedro Rainalluci, que quiso llamarse Nicolás V. Dos años después, cuando el emperador le retiró su apoyo, el antipapa se sometió a Juan XXII.

 

Clemente VII. Meses después de haber elegido a Urbano VI, los cardenales, reunidos en Anagni, declararon nula la elección hecha. Y un mes después, el 21 de septiembre de 1378, eligieron como papa a Roberto de Ginebra, que ha pasado a la historia con el nombre de Clemente VII, papa de la obediencia de Aviñón. Con él comenzó el cisma de Occidente.

 

Benedicto XIII. En el 1394 sucedió a Clemente VII el cardenal español Pedro Martínez de Luna con el nombre de Benedicto XIII. A su muerte ya se había restablecido la unidad de la cristiandad, aunque él hasta el final continuó considerándose legítimo papa.

 

Alejandro V. En el concilio de Pisa, año 1409, se decidió deponer tanto al papa de la obediencia de Roma como al de la obediencia de Aviñón, a la vez que se elegía a Pedro Filargo como nuevo papa. Éste adoptó el nombre de Alejandro V, que fue respetado por Rodrigo de Borja al ser elegido pontífice, pues se llamó Alejandro VI.

 

Juan XXIII. Para suceder a Alejandro V, los cardenales de la obediencia de Pisa eligieron a Baltasar Cossa, que se llamó Juan XXIII. Este papa de la obediencia de Pisa hasta la elección de Ángel José Roncalli -Juan XXIII- en el año 1958- era considerado por la mayoría de los historiadores como verdadero papa.

 

Clemente VIII. Gil Sánchez Muñoz fue elegido en Peñíscola por el reducido grupo de cardenales fieles a Benedicto XIII para suceder al papa Luna. Se llamó Clemente VIII. Se sometió a Martín V en el 1429.

 

Benedicto XIV. Se llamaba Bernardo Garnier. Fue elegido por un cardenal de Clemente VIII. Benedicto XIV es simplemente una anécdota en la historia del Pontificado.

 

Félix V. Amadeo VIII de Saboya es el último de los antipapas. Fue elegido en el concilio cismático de Basilea (año 1439) en oposición a Eugenio IV. Tomó el nombre de Félix V. Pocos príncipes -sólo los de Alemania y Aragón- le reconocieron como papa, por lo que renunció a la tiara en el año 1449. El papa Nicolás V -Eugenio IV ya había muerto- le hizo cardenal. Falleció el último antipapa de la historia en Ginebra el 7 de enero de 1451.

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2 Respuestas a “Curiosidades y costumbres del Papado (Los Antipapas)

  1. Baltasar Pacheco García

    1.- ¿Enqué se diferencian los papas legítimos de los llamados “Antipapas”?
    2.- Los unos y los otros, ¿no fueron elegidos por cardenales en concilios
    e impuestos por emperadores queponian y quitaban papas a su
    conveniencia, lo mismo que los papas a los emperadores?
    3.- ¿Quien, o quienes establecieron los requisitos para definir quién es el
    papa legítimo y quén es el “Antipapa”?
    4.- ¿Cual es la base para decir que el “Papa es el Vivario de Cristo, y el
    Sucesor de San Pedro?
    5.- Por favor, respondedme. Tengo un lío que no me aclaro.
    baltasarpachecogarcía@hotmail.com

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