Curiosidades y custumbres del Papado (Nombramiento de su sucesor)


NOMBRAMIENTO DE SU SUCESOR

 

Algunos autores afirman -sin pruebas concluyentes- que san Pedro y sus sucesores inmediatos, dada la praxis apostólica para la designación de la jerarquía eclesiástica, nombraron a sus sucesores. En la historia del Papado sólo en una ocasión (que se sepa con certeza) ocupó la Sede romana un papa que había sido designado por su inmediato predecesor. Se trata de Bonifacio II (530-532).

 

En el año 526 san Félix IV (III) (526-530) fue designado pontífice por el rey Teodorico. El clero romano, con objeto de evitar un cisma, lo aceptó. Una vez establecido en su sede, Félix IV, para impedir la intervención de la corte de Rávena en la elección de su sucesor y asegurar la paz de la Iglesia, eligió como coadjutor suyo a Bonifacio, presbítero romano, e indicó a los electores -al caer enfermo de muerte- que después de su fallecimiento, éste debía ser su sucesor. Con tal decisión se impedía la injerencia del rey Atalarico en la elección del nuevo papa.

 

El Senado romano manifestó su disconformidad con la decisión de Félix IV, pero al morir el papa, le sucedió Bonifacio (II de su nombre) como estaba previsto, y fue consagrado. Sin embargo, no todos estuvieron de acuerdo. Parte del clero y del pueblo romano, celosos de sus prerrogativas, protestó de la irregular designación, a la vez que en la Iglesia de Constantino elegían como papa a Dióscoro. El cisma duró poco -un mes- por la muerte de Dióscoro. Sólo entonces Bonifacio II fue reconocido por todo el clero y pueblo de Roma.

 

Bonifacio II, siguiendo los pasos de su predecesor, nombró -de acuerdo con el clero- como coadjutor con derecho de sucesión al diácono Vigilio. Esta decisión del Papa estaba motivada por el deseo de anticiparse a los reyes godos que siempre querían designar a los pontífices, evitando de esta forma que a su muerte se volvieran a producir las disensiones y cismas que ya se habían originado con su propia exaltación. Igualmente este recuerdo amargo tenía impresionado al clero romano, que veía la necesidad de una medida preventiva para evitar desórdenes durante la sede vacante. Lejos de oponerse a los deseos de Bonifacio II, el clero romano aceptó la designación de Vigilio como sucesor del papa.

 

Poco después, reflexionado Bonifacio II sobre las posibles consecuencias nada favorables para el propio Papado de sentar este precedente, decidió hacer una retractación pública, y abrogó el decreto por el cual nombraba sucesor suyo a Vigilio.

 

Vigilio llegó a ser papa, pero cinco años después de la muerte de Bonifacio II. Durante este intervalo de tiempo tres pontífices se sentaron en la Cátedra de San Pedro, Juan II, Agapito I y Silverio.

 

Celestino III (1191-1198) quiso renunciar al pontificado a favor del cardenal Colonna, al que había designado su sucesor, pero tropezó con la resistencia de los cardenales (1).

 

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(1) cfr. Joef Gelmi, Los Papas. Retratos y semblanzas. Editorial Herder, p. 94. Barcelona 1986.

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