Los Cónclaves (El último Cónclave celebrado fuera de Roma)


EL ÚLTIMO CÓNCLAVE CELEBRADO FUERA DE ROMA

 

El 29 de agosto de 1799 moría desterrado en Valence (Francia) el papa Pío VI (1775-1779). Su peregrinación de sufrimientos había acabado. Napoleón al conocer la noticia escribió que la vieja máquina de la Iglesia se deshará por sí sola. Parecido fue lo que dijo Goethe: La Iglesia católica ha pasado a la historia como una ruina ilustre. Muchos creyeron que el Papado había terminado y hasta llegaron a decir que había muerto el sexto de los Píos y el último de los Papas. Y con el Papado se había hundido la Iglesia, según se llegó a escribir por aquellas fechas: Sin el Papa ya no hay cristianismo, y el orden social está irremediablemente herido en su corazón.

 

Pío VI, consciente de la grave situación que ocasionaría su muerte a la Iglesia, concedió a los cardenales la facultad -en caso de sede vacante- de determinar ellos mismos, con la mayoría absoluta de votos, el sitio de celebración -siempre que fuera en el territorio de un príncipe católico- y la fecha del comienzo del cónclave. Además permitía a los cardenales que se aconsejasen y deliberasen, aun en vida suya, sobre la elección de su sucesor. Determinó a quien correspondía convocar a los electores -el más anciano de los cardenales- y si era conveniente se podría dejar de observar la clausura del cónclave, así como las ceremonias, costumbres y formalidades no esenciales del acto electoral. Sin embargo, el elegido debía obtener, como siempre, la mayoría de los tercios de los votos. Al estar los cardenales por aquel entonces muy dispersos, restableció la obligación -que anteriormente había suprimido- de esperar diez días la llegada de los ausentes, con el fin de que el número de electores fuera considerable.

 

Sabias medidas. La situación era verdaderamente dramática. Todos los Estados Pontificios, incluida Roma, estaban ocupados; la Curia no existía; el Colegio de Cardenales, tampoco, con todos sus miembros prófugos y ocultos. Como en Venecia, por entonces bajo dominación austríaca, se encontraba el mayor número de cardenales, allí se reunió el cónclave, en el islote de San Jorge. Se hallaban presentes treinta y cinco purpurados -treinta eran italianos- de un total de cuarenta y seis; es decir, un número suficiente.

 

El  cónclave, convocado por Juan Francisco Albani, cardenal decano del Sacro Colegio, comenzó en el mes de diciembre de 1799, bajo la protección del emperador Francisco II. De este cónclave veneciano, el último celebrado fuera de Roma, el 14 de marzo de 1800 salió elegido Bernabé Chiaramonti, que gobernó la Iglesia con el nombre de Pío VII.

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