Los Cónclaves (La última vez que se hizo uso del veto)

LA ÚLTIMA VEZ QUE SE HIZO USO DEL VETO

 

La última vez que se puso el veto a un cardenal fue en el cónclave de 1903. En la mañana del 2 de agosto, antes de procederse al tercer escrutinio, el cardenal Jean Puzyna de Kosielsko, arzobispo de Cracovia, declaró en nombre de su Majestad Apostólica, el emperador Francisco José I la oposición de la corona austríaca a la elección del antiguo Secretario de Estado de León XIII, el cardenal Rampolla.

 

Las palabras del cardenal Puzyna fueron dirigidas al cardenal Luis Oreglia de San Esteban, Camarlengo de la Santa Iglesia, y fueron éstas: Tengo el honor, según se me ha encargado por orden superior, de rogar a vuestra Eminencia que, en su calidad de Decano de la Santa Iglesia Romana, tenga a bien saber, para su propio informe y para declararlo oficialmente en el nombre y por la autoridad de Francisco José, Emperador de Austria y Rey de Hungría, que su Majestad, queriendo hacer uso de un derecho y de un privilegio antiguos, pronuncia el veto de exclusión contra mi Eminentísimo Señor el Cardenal Mariano Rampolla del Tíndaro.

 

El antiguo Secretario de Estado había obtenido 24 votos en la primera votación y 29 en la segunda. La indignación producida por este gesto anacrónico fue general. La declaración de la voluntad imperial levantó numerosas protestas por parte del Sacro Colegio. El cardenal Camarlengo, Oreglia, protestó con orgulloso acento contra el odioso servilismo a un poder civil y rechazó con energía la validez del veto. Esa comunicación -dijo- no puede ser acogida por el Cónclave a título oficial ni oficioso, y no se tendrá en cuenta de ella.

 

El cardenal excluido protestó con palabras firmes y dignas, llenas de la  grandeza de su conciencia, propias de un príncipe de la Iglesia: Yo deploro que se cometa un grave atentado, en materia de elecciones, contra la libertad de la Iglesia y la dignidad del Sacro Colegio por un poder laico, y por ello protesto enérgicamente. En cuanto a mi humilde persona declaro que nada podía ocurrirme más honroso ni más grato.

 

San Pío X, elegido -los caminos de la Providencia son inescrutables- quizás gracias al veto austríaco al cardenal Rampolla, para evitar que en sucesivos cónclaves se hiciera uso del seudoderecho del veto, promulgó el 20 de enero de 1904 la constitución Commissum nobis, en la que se declaraba nulo y absolutamente prohibido el derecho de exclusiva, o veto, aun cuando fuera expresado como deseo o mera indicación iniciada de la voluntad de cualquier potestad civil.

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