Homilía del Domingo de Resurrección (Ciclo C)

DOMINGO DE RESURRECCIÓN (C)

Lecturas: Hch 10, 34a.37-43; Col 3, 1-4; Jn  20, 1-9

Resurrección y esperanza. ¡Cristo ha resucitado! La Resurrección del Señor es misterio central de la fe cristiana. Este misterio nos habla de esperanza, como bien afirmó san Agustín: la Resurrección del Señor es nuestra esperanza. Este Padre de la Iglesia explicaba que Jesús resucitó para que nosotros, aunque destinados a la muerte, no desesperáramos, pensando que con la muerte se acaba totalmente la vida. Cristo ha resucitado para darnos la esperanza. Jesucristo, crucificado y sepultado, ha resucitado con su cuerpo glorioso. Jesús ha resucitado para que también nosotros, creyendo en Él, podamos tener la vida eterna (Benedicto XVI).

Si Cristo no ha resucitado, nuestra predicación carece de sentido y vuestra fe lo mismo. Si nuestra esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos los hombres más desgraciados (1 Co 15,14.19). Pero Jesús, el Hijo de Dios encarnado, no se ha quedado en el sepulcro, porque no podía permanecer bajo el dominio de la muerte, y la tumba no podía retener “al que vive” (Ap 1, 18), al que es la fuente misma de la vida. La Vida pudo más que la muerte.

Anuncio gozoso y perenne. El Viernes Santo, el cuerpo sin vida de Cristo fue bajado apresuradamente de la cruz y puesto en el sepulcro. En la mañana del domingo, María Magdalena y María la de Santiago y Salomé (Mc 16, 1), tristes y desconsoladas, fueron al sepulcro y se encontraron con que la piedra había sido removida del sepulcro (Lc 24, 2). Al entrar no hallaron el cuerpo del Maestro. Mientras estaban allí, perplejas y confusas, dos hombres con vestidos resplandecientes las sorprendieron, diciendo: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado (Lc 24, 5-6).

Desde aquella mañana, las palabras de los ángeles: Jesús Nazareno, el crucificado, ha resucitado siguen resonando en el universo como anuncio perenne, que atraviesa los siglos. Jesús con su cuerpo lleno de vida, vencida la muerte y rotas las barreras del sepulcro, nos repite hoy el anuncio gozoso de la Pascua: He resucitado y estoy aún y siempre contigo. Acojámoslo con íntimo asombro y gratitud. El Señor ha resucitado y nos da su alegría.

Estrella de la Esperanza. Hoy, el día en que actuó el Señor, la Iglesia invita al gozo, anuncia la esperanza, que Dios ha hecho firme e invencible resucitando a Jesucristo de entre los muertos; comunica la esperanza, que lleva en el corazón y quiere compartir con todos, en cualquier lugar, especialmente allí donde los cristianos sufren persecución a causa de su fe y su compromiso por la justicia y la paz; invoca la esperanza capaz de avivar el deseo del bien, también y sobre todo cuando cuesta (Benedicto XVI).

Alégrate, Reina del Cielo; porque el que mereciste llevar en tu seno, ha resucitado según predijo. Santa María no fue al sepulcro en la madrugada del día primero de la semana. Su fe en la resurrección de su Hijo era total. Posiblemente Ella fue la primera persona a la que se apareció Cristo una vez resucitado. Invoquemos a María, Estrella de la Esperanza, para que nos conduzca siempre a su Hijo, crucificado y resucitado, Rey victorioso.

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