Homilía del Domingo VI de Pascua (Ciclo C)

DOMINGO VI DE PASCUA (C)

Lecturas: Hch 15, 1-2.22-29; Ap 21, 10-14.22-23; Jn 14, 23-29

Vida eterna. La ciudad no necesita sol ni luna que la alumbre, porque la gloria de Dios la ilumina y su lámpara es el Cordero. En la 2ª lectura, san Juan nos habla del Cielo, donde se realizarán las aspiraciones más profundas del hombre. Allí el hombre habrá alcanzado el estado supremo y definitivo de felicidad. La bienaventuranza eterna es el fin último del hombre. El Cielo consiste en una perfecta comunión de vida y de amor con Dios, con la Virgen María, los ángeles y los santos.

¿Cómo podremos entender el Cielo? Por mucho que profundicemos, nunca llegaremos a explicar este misterio. Pero pensemos que Dios todopoderoso nos tiene preparado todo su Amor. En el Cielo sólo hay bienes, cosas buenas, sin mezcla de mal alguno. Todo será maravilloso, grandioso. Y sin peligro de aburrimiento o de acostumbramiento a tanta belleza. Pero sobre todo, es el reino del Amor. Allí todos nos sentiremos amados por Dios, por la Virgen, por los Ángeles y por los Santos.

Roma decide. En la 1ª lectura, vemos cómo los apóstoles resuelven una controversia. Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables. En la vida de la Iglesia se han planteado con frecuencia cuestiones controvertidas, ya sean dogmáticas, morales, litúrgicas; algunas veces, a propósito de cuestiones opinables en las cuales la Iglesia deja libertad para que cada uno defienda su punto de vista; pero en otros casos, la Iglesia se ha pronunciado en un sentido preciso, de manera que ya no es posible disentir.

La expresión: “Roma ha hablado”, indica que el Papa ha dicho ya la última palabra sobre un asunto debatido. Significativa es esta anécdota: En el Concilio de Calcedonia se impuso la doctrina sobre las dos naturalezas de Cristo y se condenó el monofisismo. Se leyó la carta de san León Magno a Flaviano, donde se rebatían los errores monofisitas y los asistentes proclamaron: Creemos lo que han creído nuestros Padres. Ésta es la fe de los Apóstoles. ¡Pedro ha hablado por boca de León!

Cuestión zanjada. Recordemos algunas cuestiones debatidas zanjadas por Roma. Sobre el control de la natalidad, Pablo VI dijo: Hay que excluir absolutamente, como medio lícito de regulación de los nacimientos, la interrupción directa del proceso generador ya iniciado y, sobre todo, el aborto directamente querido y procurado, aunque sea por razones terapéuticas. Se excluye igualmente toda acción que, en previsión del acto conyugal, o en su realización o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga como fin o como medio hacer imposible la procreación.

Sobre el aborto, Juan Pablo II definió: Con la autoridad que Cristo confirió a Pedro y a sus Sucesores, en comunión con todos los Obispos, declaro que el aborto directo, es decir, querido como fin o como medio, es siempre un desorden moral grave. Sobre el sacerdocio femenino: En virtud de mi ministerio de confirmar en la fe a los hermanos declaro que la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, y que este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia.

 

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