Homilía del Domingo XII del Tiempo Ordinario (Ciclo C)

DOMINGO XII DEL TIEMPO ORDINARIO (C)

Lecturas: Za 12, 10-11 / 13, 1; Ga 3, 26-29; Lc 9, 18-24

Dios encarnado. ¿Quién dicen las gentes que soy yo? Según cuentan los evangelistas, aquellas multitudes que seguían a Jesús no sabían bien quién era. Para algunos era Juan el Bautista; para otros, Elías o Jeremías; la mayoría creía que se trataba de un nuevo profeta o alguno de los antiguos profetas resucitado. Y vosotros ¿quién decís que soy yo? La respuesta sale de la boca de Pedro: El Cristo de Dios. Sí, es el Hijo de Dios vivo (Mt 16, 16) hecho hombre. Dios mismo. El Salvador del mundo.

Hoy día hay quiénes desconocen a Cristo o tienen una idea borrosa de Él. Y lo que es peor: se le rechaza, como ocurrió en el siglo I: Vino a salvar al mundo, y los suyos le han entregado ante Pilatos. / Nos enseñó el camino del bien, y lo arrastran por la vía del Calvario. / Ha dado ejemplo en todo, y prefieren a un ladrón homicida. / Nació para perdonar, y ‑sin motivo‑ le condenan al suplicio. / Llegó por senderos de paz, y le declaran la guerra. / Era la Luz, y lo entregan en poder de las tinieblas. / Traía Amor, y le pagan con odio. / Vino para ser Rey, y le coronan de espinas. / Se hizo siervo para liberarnos del pecado, y le clavan en la Cruz. / Tomó carne para darnos Vida, y nosotros le recompensamos con la muerte (San Josemaría Escrivá).

Profecía cumplida. Y añadió que el Hijo del Hombre debía padecer mucho y ser rechazado. Esta profecía de Cristo la vemos también cumplirse en nuestros días. Con la guerra y el terrorismo se rechaza el mensaje cristiano de paz; con la cultura de la muerte, con las leyes abortistas y otras a favor de la eutanasia también se rechaza a Jesús, que es Vida; se le rechaza con costumbres permisivas en materia de sexualidad que son contrarias a la moral cristiana; se rechaza a Cristo, que es la Verdad, cuando se emplea la mentira como arma para lograr objetivos políticos o para manipular la información; se le rechaza a quien vino a instaurar un Reino de paz y justicia cuando, en vez de ser justos, se comete todo tipo de atropellos e injusticias contra los más débiles y desamparados.

No podemos quedarnos callados. Digamos, y bien alto: ¡Al margen de Cristo no hay paz! ¡No! ¡Jamás! ¡Al margen de Cristo, todos los ideales llevan al fracaso! ¡Lejos de Cristo no hay eternidad, que es lo que debemos aspirar! ¡Al margen de Cristo la vida se llena de rabia y desesperación!

La cruz en la vida del cristiano. Si alguno quiere venir detrás de mí, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz cada día, y que me siga. No nos dejemos engañar por los que quieren introducir en nuestros corazones ideales distintos e, incluso, opuestos a los de nuestra fe. Sólo en Cristo está la solución de todos nuestros problemas. Él es quien libera al hombre del pecado y de toda esclavitud; Él es la luz que brilla en medio de las tinieblas; Él es quien da a la vida el sentido por el que vale la pena vivir, amar, trabajar, sufrir.

Hagamos presente a Cristo entre los hombres viviendo correctamente nuestra fe. Esto es lo que Dios quiere y lo que necesita el mundo. El cristianismo no puede dimitir de la cruz: la vida cristiana no es posible sin el peso fuerte y grande del deber.

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