Homilía de la Solemnidad de San Pedro y San Pablo (Ciclo C)

SOLEMNIDAD DE SAN PEDRO Y SAN PABLO (C)

Lecturas: Hch 12, 1-11; 2 Tm 4, 6-8.17-18; Mt 16, 13-19

Cambio de nombre. Celebra la Iglesia la fiesta de los apóstoles Pedro y Pablo. En el Evangelio vemos con claridad la intención Cristo de establecer un Primado en la Iglesia. Jesús, en su primer encuentro con Simón Pedro, le dijo: Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas, que significa “Piedra” (Jn 1, 42). El cambio de nombre implicaba en el Antiguo Testamento la encomienda de una misión, y esto, en el caso de Pedro, se manifiesta en numerosos indicios: en Cafarnaún el Señor se hospeda en la casa de Pedro; escoge la barca de Pedro para predicar; en determinadas circunstancias es nombrado primero; los recaudadores se dirigen a Pedro y el Señor le manda pagar por los dos; Jesús ora especialmente por él para que no desfallezca en la fe y pueda después confirmar a los demás discípulos.

Pedro es consciente de su situación peculiar y, a menudo, toma la palabra en nombre de los demás; habla para pedir la explicación de una parábola o el sentido exacto de un precepto, o la promesa formal de una recompensa. Resuelve algunas situaciones delicadas interviniendo en nombre de todos.

Vicario de Cristo. Esta solemnidad se la conoce también como el Día del Papa. ¿Quién es el Papa? ¿Cuál es su misión en la Iglesia? La respuesta viene del Magisterio de la Iglesia: El Papa, Obispo de Roma y sucesor de san Pedro, es el perpetuo y visible principio y fundamento de la unidad de la Iglesia. Es el Vicario de Cristo, cabeza del colegio de los obispos y pastor de toda la Iglesia, sobre la que tiene, por institución divina, la potestad plena, suprema, inmediata y universal (Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica).

Los sucesores del Príncipe de los Apóstoles, los Papas, son en primer lugar Obispo de Roma y, por tanto gozan del Primado de jurisdicción sobre toda la Iglesia. El Papa es la Cabeza visible de la única verdadera Iglesia que ha recibido de Cristo todos los medios de salvación: la fe y los sacramentos. Pero su misión es la de servir, como indica el título más usado por los Papas desde san Gregorio I Magno: Servus servorum Dei, Siervo de los siervos de Dios. Es el Buen Pastor que guía a las ovejas del rebaño de Cristo hacia los anchos pastos, en verdes praderas.

Unión con el Papa. Todos los católicos hemos de ir cum Petro, unidos al Papa, porque sin unión con el Vicario de Cristo, no puede haber, para un católico, unión con Cristo (San Josemaría Escrivá). Nuestro amor a la Iglesia nos lleva a identificarnos con el Vicario de Cristo y a quererle con cariño de hijos.

Cuando fue elegido Pío XII, un cardenal, durante la ceremonia de la obediencia, le dijo: Santidad, creo que la Iglesia en estos momentos necesita más un papa santo que sabio. Y el Papa le contestó inmediatamente: Rece, pues, su Eminencia a Dios para que el Papa sea santo. Actualmente tenemos un Papa -Benedicto XVI- muy sabio. También es una persona santa. Pidamos a Dios, por intercesión de Santa María –Madre de la Iglesia– que sea cada vez más santo, y que nuestra fidelidad y amor al Vicario de Cristo vaya cada día creciendo más.

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