Homilía del Domingo XVI del Tiempo Ordinario (Ciclo C)

DOMINGO XVI DEL TIEMPO ORDINARIO (C)

Lecturas: Gn 18, 1-10a; Col 1, 24-28; Lc 10, 38-42

Primacía de la oración. Marta, Marta: andas inquieta y nerviosa con tantas cosas: sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán. Estas palabras del Señor es una advertencia para todos los que se dejan llevar por el activismo y descuidan la oración. No dice el evangelista de María que estaba sentada cerca de Jesús, sino junto a sus pies; es para manifestar la presteza, la asiduidad, el deseo que tenía de oírlo y el gran respeto que le profesaba. ¡Que las ocupaciones terrenas no nos impidan lo único necesario: fomentar la amistad con Dios, escuchándole y hablándole en la oración!

Para cumplir la vocación de la caridad -el servicio de la mesa-, sin que fuera en detrimento de la oración y del servicio de la Palabra, los apóstoles se reservaron para sí su oficio principal y eligieron a los diáconos para atender a las viudas y el servicio de las mesas comunes. Que cada uno ahora se pregunte si ayuda en la parroquia a las obras asistenciales de caridad y procura descargar de trabajo a los sacerdotes para que éstos puedan dedicar más tiempo a la administración de los Sacramentos y a la predicación del Evangelio.

La hospitalidad. El Señor no vitupera la hospitalidad, sino el cuidado por muchas cosas, esto es, la absorción y el tumulto. Y vean cómo el Señor nada dijo primero a Marta; mas cuando ella intentaba distraer a su hermana, entonces el Señor, habida ocasión, la corrigió. La hospitalidad es honrada mientras que nos atrae a las cosas necesarias; mas cuando empieza a estorbar a lo más útil, es manifiesto que la atención a las cosas divinas es más honrable. (Teofilato).

En la 1ª lectura se habla de la hospitalidad de Abrahán con tres hombres, quizás ángeles del cielo. Su hospitalidad mereció que uno de estos tres personajes le dijera: Cuando vuelva a verte, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo. La hospitalidad es una obra de misericordia: Dar posada al peregrino. En nuestros días se puede vivir esto, entre las muchas formas que hay, acogiendo en el propio hogar a un niño del tercer mundo durante el período de vacaciones, o por más tiempo; y contribuyendo al sostenimiento de centros de acogida para inmigrantes o albergues para los sin techo.

Esencial en la vida de la Iglesia. Dios me ha nombrado ministro de la Iglesia, asignándome la tarea de anunciaros a vosotros su mensaje completo. Benedicto XVI ha recordado que desde el inicio de la Iglesia el ejercicio de la caridad se confirmó como uno de sus ámbitos esenciales, junto con la administración de los Sacramentos y el anuncio de la Palabra: practicar el amor hacia las viudas y los huérfanos, los presos, los enfermos y los necesitados de todo tipo, pertenece a su esencia como el servicio de los Sacramentos y el anuncio del Evangelio.

La caridad de los cristianos suscitó el asombro de los paganos: ¡Mirad cómo se aman!, decían muchos refiriéndose a los primeros cristianos. ¿Se puede decir esto de nosotros, cristianos del siglo XXI? Aquella caridad estaba dirigida tanto a los propios fieles como a los extraños. La caridad es universal, abarca a todos.

 

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