Álvaro del Portillo. Me quedé hecho fosfatina

Me quedé hecho fosfatina

El encuentro con San Josemaría y la decisión de entregarse a Dios en el Opus Dei, el 7 de julio de 1935

Durante el curso académico 1934/35, D. álvar participó en las actividades asistenciales de las Conferencias de San Vicente de Paúl. Dios se sirvió de su generosidad en favor de los pobres para encaminarle hacia el Opus Dei. A través de su amigo Manuel Pérez Sánchez, compañero de andanzas en aquella labor en las barriadas extremas de Madrid, conoció a San Josemaría Escrivá de Balaguer en el mes de marzo, recién cumplidos los 21 años. En aquella ocasión tuvieron una conversación muy breve. “¿Tú eres sobrino de Carmen del Portillo?”, le preguntó D. Josemaría. Carmen del Portillo, que en efecto era tía de D. Álvaro, colaboraba desde hacía años con las iniciativas del Patronato de Enfermos, una institución benéfica de la Congregación de las Damas Apostólicas del Sagrado Corazón, y D. Josemaría, que había sido capellán del Patronato de enfermos entre 1927 y 1931, lña conocía bien. Quedaron citados para cuatro o cinco días después, pero a esta cita D. Josemaría no pudo acudir: “Me dio un plantón -relataba divertido D. Álvaro años más tarde-. Se ve que le habían llamado para atender algún moribundo, y no me pudo avisar, porque no le había dejado mi teléfono”.

A comienzos del verano de 1935, D. Álvaro se presentó en la residencia universitaria DYA, situada en la calle de Ferraz, donde habitaba D. Josemaría. Pensaba que era descortés irse de vacaciones sin saludarlo. D. Josemaría le recibió con su cordialidad habitual y se entretuvo con él un buen rato: le habló detenidamente del trato con Dios, le preguntó con delicadeza por su familia y sus amigos, le sugirió nuevos horizontes de vida cristiana y de preocupación por los demás. Al final le invitó al retiro que iba a tener lugar en la residencia al día siguiente, domingo, y D. Álvaro aceptó.

En realidad, D. Álvaro tenía en aquel momento otros planes muy distintos. Si había ido a despedirse de D. Josemaría era precisamente porque al día siguiente se iba a marchar de vacaciones con su familia fuera de Madrid. Acudir al retiro significaba trastocar un programa ya muy perfilado. Pero la positiva impresión que le había causado San Josemaría y un acendrado sentido sobrenatural le movieron a aceptar la invitación y a comprometerse, por tanto, a aprticipar en el retiro. “En ese retiro, el Padre dio una meditación sobre el amor a Dios y el amor a la Virgen, y me quedé hecho fosfatina”, comentaba D. Álvaro. Ese domingo le explicaron por primera vez en qué consistía la Obra a grandes rasgos, y aquel mismo día decidió incorporarse al Opus Dei. Era el 7 de julio de 1935. “Evidentemente se trató de una llamada divina, porque nunca me había pasado por la cabeza, ni siquiera de lejos, aquella idea (…): yo pensaba sólo que sería ingeniero y formaría una familia”.

A partir de entonces, la biografía de Mons. Álvaro del Portillo es un continuo crecimiento en el amor a Dios y a la Iglesia, y en la fidelidad a su vocación cristiana en el Opus Dei. San Josemaría se ocupó personalmente de los primeros pasos de D. Álvaro en la vida espiritual y organizó un curso de formación sólo para él. Además, con ejemplos tomados de la vida misma le enseñó a santificar el trabajo cotidiano, transformándolo en instrumento de unión con Dios y en ocasión de servicio al prójimo.

D. Joaquín Alonso

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