Homilía del Domingo XVII del Tiempo Ordinario (Ciclo C)

DOMINGO XVII DEL TIEMPO ORDINARIO (C)

Lecturas: Gn 18, 20-32; Col 2, 12-14; Lc 11, 1-13

Un grave pecado. El Señor dijo: “La acusación contra Sodoma y Gomorra es fuerte y su pecado gravísimo”. En la 1ª lectura vemos la súplica de Abrahán a Dios para que no destruya Sodoma en atención a los inocentes que hubiera en la ciudad. Desgraciadamente, ni siquiera había diez inocentes. Sólo Lot estaba libre del pecado contra natura que practicaban los sodomitas. Su pecado es gravísimo. De esta forma la Biblia indica la malicia de los actos homosexuales.

La Iglesia, al hablar de la homosexualidad, distingue las tendencias homosexuales que presentan algunas personas -hombres y mujeres- de los actos homosexuales. Estos son presentados en la Sagrada Escritura como depravaciones graves, y la Tradición ha declarado que son intrínsecamente desordenados. Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2.358).

Dispuesto a perdonar. Respecto a las personas que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo, que no han elegido su condición homosexual, la Iglesia dice que deben ser acogidas con respeto, compasión y delicadeza, evitando, respecto a ellas, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2.359).

En la liturgia de la Palabra de la Misa de este domingo se palpa la misericordia de Dios. Cómo Dios, a ruego de Abrahán, va bajando el número de inocentes para salvar aquellas ciudades contra las que hay una acusación fuerte. Primero, 50, luego, 45; después, sólo 40, a continuación la cifra baja a 30; ante la insistencia del Patriarca, el número queda en 20; y por último, en 10. En atención a los diez no la destruiré. Con estas palabras, Dios nos hace ver cómo la salvación de muchos, incluso pecadores, puede venir por la fidelidad de unos pocos justos.

Sí hay remedio. En la oración que nos enseñó Cristo, pedimos a Dios perdónanos nuestros pecados. Y Dios perdona. No hay límites para su perdón. La misericordia divina muestra a un Dios capaz de una paciencia infinita, con un amor tan grande por el hombre que soporta todo y todo perdona. Ningún pecado, aunque sea un abismo de corrupción, agotará mi Misericordia. Aunque el alma sea como un cadáver en plena putrefacción, y no tenga humanamente ningún remedio, ante Dios sí lo tiene, le fue revelado a santa Faustina Kowalska por Nuestro Señor.

Estabais muertos por vuestros pecados; pero Dios os dio vida en Cristo, perdonándoos todos los pecados, escribe san Pablo a los cristianos de Colosas. A pesar de nuestras miserias y pecados, confiemos en un Dios que perdona al pecador que se arrepiente, que contrito acude al sacramento de la Penitencia.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s