Homilía del Domingo XVIII del Tiempo Ordinario (Ciclo C)

DOMINGO XVIII DEL TIEMPO ORDINARIO (C)

Lecturas: Qo 1, 2; 2, 21-23; Col 3, 1-5.9-11; Lc 12, 13-21

Para gloria de Dios. ¿Qué ventaja saca el hombre de todo lo que trabaja bajo el sol? En el proyecto de Dios el trabajo aparece como un derecho-deber, y además es una exigencia natural, prevista desde el principio por Dios, que colocó al hombre en el mundo para que trabajara, perfeccionado la obra de la creación; también es necesario para que los bienes de la tierra sean útiles a la vida de los hombres y de la sociedad. Pero sobre todo debe contribuir a orientar la actividad humana hacia Dios en el cumplimiento de su mandato de “someter la tierra”.

San Pablo exhortaba a los de Corinto: Ya comáis, ya bebáis, o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios (1 Co 10, 31). Preguntémonos: ¿Cómo es mi trabajo?, ¿Es para mí un camino de santidad porque lo hago por amor a Dios y con hambre de servir a los demás?, ¿Ofrezco mi trabajo a Dios? Quizás algunas veces nos hemos comportado de igual forma que los que construyeron la torre de Babel, al realizar algún trabajo llenos de orgullo y de ambición.

Trabajo y oración. Tú sabes bien lo que tengo, / en mi barca no hay oro ni espadas, / tan sólo redes y mi trabajo (Canción Pescador de hombres). Esto es lo que ofrecemos a Dios: las obras de nuestras manos; el trabajo diario con el que el hombre y la mujer se procuran el pan para sí y para sus seres queridos. En las manos paternas de Dios depositemos también el cansancio y los sacrificios vinculados al trabajo, en unión con Jesucristo que ha rescatado el trabajo humano del yugo del pecado y le ha devuelto su dignidad originaria.

Trabajemos, y trabajemos mucho y bien, sin olvidar que nuestra mejor arma es la oración. Por eso, no me canso de repetir que hemos de ser almas contemplativas en medio del mundo, que procuran convertir su trabajo en oración, aconsejaba san Josemaría Escrivá. Y el trabajo será oración si lo realizamos con pasión humana y divina; si procuramos que sea instrumento para hacer presente a Jesucristo en la ciudad de los hombres.

Rico ante Dios. En el pasaje evangélico se recoge enseñanzas de Jesús. El Señor, según san Lucas, habla a una muchedumbre de miles de personas, pero también sus palabras están dirigidas a nosotros. Cristo nos dice que la vida presente se acaba, como se acaba el camino que lleva a la meta, esa meta que es el principio de la Vida sin fin. ¡Qué absurdo centrar todas las ambiciones y trabajos en esta vida caduca, y olvidar que lo único importante es ser rico ante Dios!

Insensato, esta misma noche te van a reclamar el alma. Cada uno debe tener presente la perspectiva de la muerte. Y debe estar preparado para presentarse ante el Señor y Juez, y al mismo tiempo Redentor y Padre. Consideremos frecuentemente esta realidad. ¡Qué provechoso para la salvación del alma resulta tener en cuenta esta advertencia del Señor!: Estad alerta y guardaos de toda avaricia, y también lo que nos dice san Pablo: Buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, aspirad los bienes de arriba, no a los de la tierra. Que nuestro trabajo sea grato a Dios como el sacrificio de Abel. Si no, todo es vanidad.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s