Homilía de la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz (Ciclo C)

FIESTA DE LA EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ (C)

Lecturas: Nm 21, 4b-9; Flp 2, 6-11; Jn 3, 13-17 

La mirada en la Cruz. En la 1ª lectura hemos leído cómo el pueblo israelita pecó hablando contra Dios y contra Moisés; y el castigo que envió Dios: serpientes venenosas que mordieron al pueblo, y murió mucha gente de Israel. Pero también se cuenta que los israelitas reconocieron su pecado, y Moisés oró por el pueblo. El Señor dijo a Moisés: Haz una serpiente venenosa y ponla sobre un mástil, y todo el que haya sido mordido y la mire, vivirá. La serpiente de bronce se menciona en el Evangelio como figura de Cristo clavado en la cruz, causa de salvación para cuantos dirigen a Él su mirada con fe: Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es preciso que sea levantado el Hijo del Hombre, para que todo el que crea tenga vida eterna en él.

Si los israelitas miraban la serpiente de bronce se curaban: cuando se mira con fe al Crucificado se cura de todo el mal que anida en el corazón y lleva a la muerte. Por eso, la Iglesia, en la liturgia del Viernes Santo, invita a los fieles a mirad la Cruz: Mirad el árbol de la Cruz donde estuvo clavada la salvación del mundo.

Signar y santiguar. La señal del cristiano es la Santa Cruz, porque en ella nos redimió Cristo. De dos maneras usa el cristiano esta señal, que son: signar y santiguar. Santiguar es señalar con la mano derecha una gran cruz de la frente al pecho y del hombro izquierdo al hombro derecho, mientras se invoca a la Santísima Trinidad, diciendo: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo +. Amén.

Signar es hacer tres cruces con el dedo pulgar de la mano derecha: la primera, en la frente, para que nos libre Dios de los malos pensamientos; la segunda, en la boca, para que Dios nos libre de las malas palabras; y la tercera, en el pecho, para que nos libre Dios de las malas obras y deseos. Mientras hace estas tres cruces dice: Por la señal de la santa Cruz + de nuestros enemigos + líbranos, Señor, Dios nuestro +. Estos enemigos son el demonio, mundo y la carne, que nos combaten y persiguen.

Amor y desagravio. Conviene hacer la señal de la Santa Cruz al comienzo del día y de todas las acciones revelantes, para recordar que la Cruz de Cristo es fuente de vida. También debemos hacerla antes de realizar una buena obra, o cuando estamos en alguna necesidad, tentación o peligro. Además, al salir de la casa, al entrar en la iglesia, al comer y al dormir.

Amemos la Cruz porque es una gran bendición de Dios: esa Cruz de la que decía san Pablo que era escándalo para los judíos y necedad a los ojos de los gentiles, pero fuerza y poder de Dios para los que se salvan. En ella está nuestro Salvador, porque por especial designio de la voluntad de Dios, Cristo y la Cruz van ineludiblemente unidos. Sin miedo a la Cruz, pues toparse con la Cruz es encontrarse con Cristo, es encontrar la felicidad. También la Cruz nos habla de desagraviar, de reparar por los pecados. El terrible suplicio de la Cruz nos enseña en una insustituible lección, de la manera más expresiva -sin palabras, con hechos- de la gravedad del pecado. Ese pecado que ha exigido la muerte del mismo Dios hecho hombre.

 

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