Homilía del XXVII Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo C)

DOMINGO XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO (C)

Lecturas: Ha 1, 2-3; 2, 2-4; 2 Tm 1, 6-8.13-14; Lc 17, 5-10

Don inestimable. Los apóstoles dijeron al Señor: “Auméntanos la fe”. La vida del cristiano es un camino de fe. Y hoy día, cuando la sociedad padece eclipse de Dios, el creyente debe profundizar más en la fe para poder realizar la nueva evangelización de un mundo que se aleja de Dios. También nosotros pedimos a Dios que nos aumente la fe. Una fe que queremos vivir con obras. Señor Jesús: Haz que, fieles a las promesas del Bautismo, vivamos con coherencia nuestra fe, dando testimonio constante de tu palabra, para que en la familia y en la sociedad resplandezca la luz vivificante del Evangelio (Juan Pablo II).

La fe es don gratuito que Dios hace al hombre. Este don inestimable podemos perderlo. Con frecuencia, la pérdida de la fe se debe a un comportamiento pecaminoso. El incumplimiento de los mandamientos de la ley de Dios hace que a uno le asalte incluso la idea de que Dios no existe. Por el contrario, para vivir, crecer y perseverar hasta el fin en la fe debemos alimentarla con la Palabra de Dios.

Objeto de la fe. Se tiene fe cuando se cree firmemente todas las verdades reveladas por Dios, y que la Iglesia nos enseña en virtud de la autoridad que ha recibido del mismo Dios. Dos son los motivos fundamentales para creer. El primero, es la autoridad y soberana veracidad de Dios que las reveló y que no puede engañarse (es infinitamente sabio, por tanto no se puede equivocar) ni engañarnos (es infinitamente bueno, y la mentira va contra la bondad); y el segundo, es el magisterio infalible de la Iglesia que no puede equivocarse porque tiene una asistencia especial del Espíritu Santo que Cristo le prometió para enseñar sin error.

Por la virtud de la fe creemos en Dios, que ha hablado a todos los hombres; creemos a Dios, porque nos fiamos de su santidad y veracidad; y creemos lo que Dios ha revelado, que está en la Sagrada Escritura y en la Tradición. Para los católicos es necesario, en orden a la salvación, creer todas las verdades que están contenidas en el Credo, sin excluir ninguna.

Prudencia y vigilancia. Hay obligación de alimentar y guardar con prudencia y vigilancia la fe recibida, y rechazar todo lo que se opone a ella. Por eso, pecan contra la virtud de la fe los que se ponen voluntariamente en peligro de perder la fe. Del mismo modo que para conservar la salud nadie ingiere un alimento desconocido, sin informarse antes de si puede hacerle daño, también para conservar la fe es necesario tomar medidas de prudencia. Por ejemplo, antes de leer un libro cualquiera -sobre todo si trata de temas religiosos o de filosofía- hay obligación de informarse sobre su contenido con personas de criterio, y de abandonar su lectura en caso de que represente un peligro contra la fe.

También se debe evitar frecuentar determinados ambientes que representen un peligro concreto contra la fe. Quien de modo imprudente considerase que a él no le afectan esas lecturas o esos ambientes, por su madurez o formación, demostraría precisamente inmadurez y ligereza, muchas veces alimentadas por el amor propio o la curiosidad incontrolada.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s