Clases de Religión. Los Diez Mandamientos (Lección 6ª)

Cuarto mandamiento

Honrarás a tu padre y a tu madre

Parece ser que este mandamiento trata de la familia… Sí, tienes toda la razón. Por eso, antes de empezar a hablarte de los deberes y prohibiciones de este mandamiento, quiero decirte unas cosas sobre la familia

La familia es la comunidad natural de padres e hijos, que tiene su origen en el matrimonio. Está formada por el marido, la mujer y los hijos; también otros parientes pueden estar integrados en este núcleo familiar.

La familia es el ámbito natural para el desarrollo de la persona: tanto en su aspecto individual -pues en la familia los hijos pueden ser conocidos y tratados según todas sus peculiaridades y pueden recibir una atención personal y distinta-, como en su aspecto social, ya que la familia es la primera forma de sociedad, donde los hijos aprenden a convivir con sus padres y hermanos.

Según la doctrina cristiana: a) la familia tiene su origen en Dios; b) la familia es la comunidad más natural y necesaria; c) la familia es anterior al Estado; d) la familia es el elemento esencial de la comunidad humana.

Nuestro Señor Jesucristo -perfecto Dios y perfecto hombre- quiso nacer Él mismo en el seno de un hogar, enseñando de modo inequívoco que este hecho pertenece a la perfección de la naturaleza humana.

La familia cristiana es el hogar que imita la sencillez de la Sagrada Familia en la Casa de Nazaret, que reza en común, cumple con alegría los deberes ordinarios de cada día, y ejerce y defiende los derechos que hacen de la familia el fundamento de todo el orden social, para reforzar la construcción de una verdadera civilización del amor. Además, es iglesia doméstica porque es escuela de virtudes; porque los padres son para sus hijos los primeros transmisores de la fe, no solamente con la palabra sino también con el ejemplo, y porque los hijos perpetuarán a través del tiempo el Pueblo de Dios.

El papa Juan Pablo II fue un gran defensor de la familia. En una ocasión dijo: Las condiciones modernas y los cambios sociales han creado nuevos modelos y nuevas dificultades para la vida familiar y para el matrimonio cristiano. Deseo deciros: no os desaniméis, no sigáis la tendencia a considerar pasada de moda a una familia perfectamente unida. Hoy más que nunca la familia cristiana es enormemente importante para la Iglesia y para la sociedad.

¿Cuál es el objeto del cuarto mandamiento? Sí, te contesto. Pero antes hago una pequeña introducción. Los padres son el instrumento querido por Dios para traer nuevas vidas a este mundo. Además de la vida, procuran a sus hijos el alimento y la educación para que crezcan, se desarrollen y reciban todos los auxilios para alcanzar la santidad de vida de los hijos de Dios.

El amor entre padres e hijos es un elemento básico en la constitución de la familia. Dios ha querido declararlo explícitamente al mandar honrar padre y madre. San Josemaría Escrivá solía llamar a este mandamiento el dulcísimo precepto, porque, para una persona de bien, es un mandamiento particularmente grato de cumplir.

Y ahora paso al contenido. El cuarto mandamiento ordena honrar y respetar a nuestros padres y tiene por objeto regular las mutuas relaciones entre los hijos y los padres. Por extensión, la obligación honrar y respetar también abarca a todos aquellos a quienes Dios ha investido de autoridad para nuestro bien.

Manda explícitamente a los hijos honrar a los padres, es decir, cumplir sus obligaciones para con ellos, e implícitamente ordena a los padres hacer efectivamente las que tienen con sus hijos. Bajo el nombre de padres entiéndase también aquellas otras personas con las que estamos unidos con los vínculos de la sangre: abuelos, tíos y hermanos.

En resumen, el cuarto mandamiento del Decálogo nos recuerda las obligaciones que tenemos con los padres: amor, respeto y obediencia. El comportamiento de Jesús con María, su Madre, y con san José, que hacía las veces de padre, debe ser el ejemplo a imitar por todos. Y como se ha dicho, por extensión, este mandamiento incluye el respeto y la obediencia a quienes, bajo algún aspecto, están constituidos en autoridad: profesores, autoridades eclesiásticas y civiles, la patria, etc.

¿Cuáles son, en concreto, las obligaciones de los hijos? Los hijos son deudores a sus padres de la vida, cuidado y educación, y han de corresponder con amor, agradecimiento y respeto. El deber de amar a los padres dura toda la vida, aunque se manifestará de maneras diversas, dependiendo de la edad y situación de unos y otros.

Todos los deberes de los hijos para con los padres se resumen en esta hermosa cualidad: piedad filial. Ésta impone a los hijos cuatro deberes principales: amor, reverencia, obediencia y asistencia en sus necesidades. Son deberes de justicia y de pura gratitud, muy agradables a Dios. La obligación de obedecer a los padres puede cesar; pero la de amarlos, respetarlos y prestarles asistencia no cesa nunca.

¿Me puedes detallar cada uno de estos deberes? Eso es lo que iba a hacer. Empiezo por el primero: amor. El primer deber de un hijo con sus padres es amarlos, con un amor que se demuestre con obras. Ese amor debe ser interno y sincero, es decir, que salga del corazón, y ha de manifestarse exteriormente, más con obras que con palabras; en vida, con toda clase de atenciones, dándoles muestras de cariño singular, procurando evitar lo que pueda disgustarlos, soportando con paciencia sus defectos, y mostrándose siempre dispuestos a servirlos. En la hora de la muerte, deben procurar que reciban los Santos Sacramentos, y después de la muerte no deben faltarles los constantes y piadosos sufragios filiales.

Es necesario sobre todo amar a los padres sobrenaturalmente, es decir, deseando para ellos, antes que nada, los bienes eternos, la salvación de su alma.

          Perdona que te interrumpa. ¿Cuándo los hijos no cumplen con esta obligación primordial? Cuando hay falta de amor interno. Es decir, si les tienen odio o los menosprecian interiormente; si les desean males (por ejemplo, la muerte); si se regocijan en sus adversidades, etc. Y cuando hay falta de amor externo. En concreto, si los tratan con dureza; si provocan su indignación o su ira; si les niegan el saludo o la palabra; si los tratan con indiferencia; etc.

Continuemos con los deberes… El segundo deber es la reverencia. Los padres son para los hijos los representantes más inmediatos de Dios sobre la tierra, por eso han de profesarles el máximo respeto, sumisión y reverencia. Esta reverencia debe manifestarse de palabra, con los hechos y con toda paciencia; tratándoles con estima y atención. Sería una falta de respeto despreciarlos, gritarles u ofenderles de cualquier modo o avergonzarse de ellos.

No respeta a sus padres el hijo que: a) habla mal de ellos o los desprecia; b) les echa en cara sus defectos; c) les dirige palabras altaneras, o bien los injuria o se burla de ellos; d) los trata con palabras y acciones tales que les haría parecer como iguales suyos, por la desfachatez o vulgaridad de las expresiones; e) no les da las muestra usuales de cortesía.

¿Y qué me dices del deber de obediencia? Mientras dependen de sus padres, los hijos tienen el deber de obedecerles, como enseña la Sagrada Escritura: Hijos, obedeced a vuestros padres en todo (Col 3, 20); por supuesto, menos en lo que vaya contra Dios; quien no pospone a su padre y a su madre…, no puede ser discípulo mío (Lc 14, 26). La razón de esto estriba en que Dios es más padre que nuestros padres, pues, como también dice la Escritura, ¿no es Él tu Padre, que te poseyó, te hizo y te creó? (Dt 32, 6).

En todo lo demás, tienen los hijos obligación de obedecer a sus padres. Obligación que en ocasiones puede ser grave. Los hijos no pueden hacer lo que quieran, en nombre de una pretendida libertad absoluta, porque la autoridad paterna ha sido querida por Dios. Además, la obediencia no se opone a la libertad, porque se puede obedecer libremente; y al obedecer a los padres, se obedece a Dios.

La obediencia es una señal inequívoca del amor de los hijos a los padres, y es necesaria para la buena marcha de la familia. Esa obediencia ha de ser alegre, sin quejas; pronta, sin réplica ni discusión; entera, sin regateos.

La obediencia debida a los padres obliga a cumplir sus órdenes, especialmente en lo referente al cuidado de la propia salvación, y a la organización y orden de la casa.

¿Quiénes pecan contra la obediencia debida a los padres? Quienes rechazan formalmente una indicación justa, simplemente por provenir de la autoridad paterna. Por ejemplo, el hijo que no hace caso a lo que le dice su padre porque pasa de padre;  los que desobedecen en las cosas referentes al buen gobierno de la casa. Por ejemplo, el hijo que llega tarde a casa por la noche, a pesar de que su padre le ha dicho que debe llegar a la hora de la cena.

Hay, sin embargo, casos, en que los hijos pueden sin pecar desobedecer a sus padres. A modo de ejemplo están los dos siguientes: a) cuando los padres mandan cosas contrarias a la Ley de Dios. Por ejemplo, mentir, omitir la Misa del domingo, asistir a un espectáculo inmoral, etc. En estos supuestos, hay que desobedecer, pues lo contrario sería pecado. Siempre hay obedecer a Dios antes que a los hombres; b) en relación a las decisiones fundamentales sobre su vida. Por ejemplo, qué profesión van a ejercer. Si el padre quiere que su hijo sea médico, y el hijo desea ser abogado, éste tiene todo el derecho a estudiar la carrera de leyes. Otra decisión fundamental es la elección de estado. Un padre no se puede oponer al que recta y lícitamente quieran tomar los hijos, ni obligar a elegir uno determinado. Todos pueden disponer de su vida como les plazca. Por ejemplo, si un hijo quiere ser sacerdote porque siente la llamada de Dios y su padre se lo prohibe, el hijo no debe hacer caso de la prohibición paterna.

Queda aún por hablar del último deber: asistencia en las necesidades. Efectivamente. Así como en los años de la infancia los hijos no pueden valerse sin ayuda de sus padres, puede ocurrir que en los días de su ancianidad los padres no puedan valerse por sí mismos sin ayuda de los hijos. En estos casos, es de justicia que los hijos les ayuden en todo lo que sea preciso.

Esta deber consiste en que los hijos atiendan a sus padres con solicitud en sus necesidades espirituales y materiales, y pecaría contra este deber quien: a) los abandone, obligándolos a ejercer un oficio indigno de su condición social; b) no los atienda en sus enfermedades, no trate de consolarlos en sus aflicciones, o los abandone en la soledad (por ejemplo, internándolos en un asilo y olvidándose de ellos); c) no les procure los auxilios espirituales en sus enfermedades, ni se preocupe de que reciban a tiempo los últimos sacramentos.

Recuerdo ahora una anécdota que fue contada por el papa Juan Pablo I en una de las audiencias de su breve pontificado. Es muy ilustrativa sobre esto último que he dicho. Yo, de obispo de Venecia, solía ir a veces a visitar asilos de ancianos. Una vez encontré a una enferma, anciana. -Señora, ¿cómo está?, le pregunté. Ella me respondió: -Bah, comer, como bien; calor, bien también, hay una buena calefacción. -Entonces, está contenta, ¿verdad? -No. Al responder negativamente a mi pregunta se echó a llorar. -Pero, ¿por qué llora? -Es que mi nuera y mi hijo no vienen nunca a visitarme. Yo quisiera ver a los nietecitos. Y el Papa de la sonrisa sacaba la siguiente conclusión: No basta la ayuda material, sino también que se sientan queridos.

¿Cuáles son los deberes de los padres? Los padres tienen el deber de ocuparse de sus hijos, mientras dependan de ellos. Deben cuidar no sólo de su cuerpo -dándoles alimento, vestido, etc.- sino también de su alma, proporcionándoles la formación intelectual necesaria, ante todo en lo que se refiere a la fe. Esta formación comprende no solamente el aprendizaje de la doctrina cristiana, sino la educación en las buenas costumbres, para lo cual tiene una importancia fundamental el buen ejemplo de los padres.

Una de las anécdotas de la que es protagonista Diógenes es la siguiente: Un muchacho, hijo de un hombre rico, iba por la calle con su padre. Vio a Diógenes en su tonel y le lanzó una piedra. Diógenes se levantó, dio un bofetón al padre y le dijo: “Es tu merecido, por lo mal que has educado a este niño”. Y es que la buena educación de los hijos es para los padres un deber sagrado e indispensable.

¿Cómo educan los padres a sus hijos en la fe cristiana? La principal obligación de los padres, tocante a sus hijos, es la formación cristiana. Los padres educan a sus hijos en la fe cristiana principalmente con el ejemplo, la oración, la catequesis familiar y la participación en la vida de la Iglesia. Esta formación exige de los padres que enseñen la doctrina cristiana a sus hijos por sí y por buenos maestros, y les ayuden a practicarla; que en todo momento les den buen ejemplo, asistiendo a Misa los días de precepto, leyendo libros buenos, practicando obras de misericordia, etc.

Al enviar los hijos a una escuela, las padres no pueden desentenderse de su educación; es necesario comprobar frecuentemente qué tipo de enseñanza reciben los hijos, los libros que estudian, el ambiente, etc. La siguiente anécdota no necesita ningún tipo de comentarios: En una ocasión, un muchacho, al volver de la escuela a su casa, sacó de la cartera la fotografía de un gran enemigo de la fe y de la Iglesia, y se dispuso a colgarla de la pared, como le había aconsejado el maestro. Al verlo el padre, un impetuoso ferroviario y buen cristiano, le regañó con amenazas. El muchacho empezó a llorar, mientras decía: “¿A quién hago caso, a ti o al maestro?” El pobre chico estaba confuso ante los consejos que recibía, unos en casa -conformes a la doctrina cristiana- y otros -totalmente opuestos- en la escuela.

La educación en la moral católica exige de los padres que enseñen a sus hijos buenas costumbres; que corrijan sus defectos; que vigilen con celo y prudencia sus lecturas, conversaciones, espectáculos, diversiones y amistades; que los aparten de los vicios y de las ocasiones de pecar; que los castiguen, si es menester, pero paternalmente, siempre a tenor de la falta, sin excesos ni blanduras. Es preferible que los hijos lloren cuando son pequeños a que lloren los padres cuando los hijos son mayores, dice la sabiduría popular.

La autoridad de los padres no tiene por qué violentar la libertad de los hijos. Los padres han de emplear su autoridad prudentemente, para enseñar a sus hijos a usar rectamente su libertad; es decir, a obrar libremente el bien. Al mismo tiempo, han de respetar la libertad de los hijos en lo que es legítimo, sin caer en el autoritarismo, siguiendo el consejo de san Pablo: Padres, no exasperéis a vuestros hijos ( Ef 6, 4).

¿Qué otros deberes impone el cuarto mandamiento? Además de los padres, hay otras personas a las que debemos también obediencia, amor y respeto. Estas personas son los hermanos, familiares y amigos, profesores y bienhechores y los Pastores de la Iglesia.

a) Los hermanos. Es de particular importancia entre hermanos esforzarse en las virtudes de la convivencia, evitando enojos, discusiones, envidias; el egoísmo, en una palabra. Además, los hermanos mayores están obligados a dar buen ejemplo a los más pequeños; b) Familiares y amigos. El amor y el respeto de la familia alcanzan de modo particular a los abuelos, tíos, primos, y a los amigos; c) Profesores y bienhechores. Son los representantes de los padres, y por eso se les debe agradecimiento y respeto; d) Los Pastores de la Iglesia. En cuanto hijos de la Iglesia, hay la obligación de amar a los gobiernan la Iglesia por el bien de las almas, rezar por ellos y obedecer sus indicaciones. La lealtad pide no murmurar nunca.

Y por último están los deberes de los ciudadanos respecto a las autoridades civiles. Quienes están sometidos a las autoridades deben considerarlas como representantes de Dios, ofreciéndoles una colaboración leal para el buen funcionamiento de la vida pública y social. Esto exige el amor y servicio de la patria, el derecho y el deber del voto, el pago de los impuestos, la defensa del país y el derecho a una crítica constructiva, además de cumplir las leyes, siempre que éstas sean justas.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s