Homilía del XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo C)

DOMINGO XXXIII DEL TIEMPO ODINARIO (C)

Lecturas: Ml 3, 19-20a; 2 Ts 3, 7-12; Lc 21, 5-19

Un deber. Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma. Con estas palabras, san Pablo nos dice que el trabajo es un deber. Además, el trabajo puede ser un medio de santificación y de animación de las realidades terrenas en el espíritu de Cristo. Imitemos a Cristo. Su vida fue una vida de trabajo, de trabajo intenso. Primero, en Nazaret, en el taller de san José; y después, durante su ministerio público, con jornadas agotadoras, desplazándose de un sitio para otro, a veces alargando el día con las horas de la noche. Pido a Dios que te sirvan también de modelo la adolescencia y la juventud de Jesús, lo mismo cuando argumentaba con los doctores del Templo, que cuando trabajaba en el taller de José (San Josemaría Escrivá).

El trabajo es algo bueno, participación del poder divino. Cuando realizamos un trabajo, estamos colaborando en los planes de Dios. En su ocupación profesional el hombre, la mujer, pone en juego su inteligencia, su voluntad, su creatividad; en el trabajo, se desarrollan múltiples virtudes, como la justicia, la caridad, la prudencia, el espíritu de servicio, etc. En el trabajo, la persona se forja a sí misma y se integra en la sociedad (Mons. Javier Echevarría).

No es excusa. Alguno dirá: Pero yo estoy jubilado. También ése tiene que imitar a Jesús de Nazaret en su vida de trabajo. No solamente es trabajo el que se realiza en una factoría, en un despacho de abogados, en un cuartel, en un comercio, en la universidad o en el colegio, en un hospital o en calle dirigiendo la circulación. Aquí el etcétera que puede ser todo lo amplio que se quiera. También es trabajo es el que se realiza en el hogar, en las tareas domésticas o en tareas de mantenimiento del edificio o cuidando que las cosas estén ordenadas.

O todo lo que hacemos por el bien del prójimo, como puede ser acompañar a pasear a una persona que casi no puede andar, o visitar a enfermos o ancianos que están muy solos, o el dar catequesis a unos chavales, o explicar doctrina cristiana en una parroquia a un grupo de novios de un curso prematrimonial, o dar una charla de formación a una serie de personas.

En la cumbre de las actividades humanas. Pero, Señor -dirán otros-. Si yo no me puedo mover. Además, la vista me falla, estoy enfermo y cargado de achaques. ¿Cómo te puedo imitar en tu vida de trabajo? También la oración es trabajo. Ofrece esas molestias; sonríe aunque no te apetezca; déjate cuidar sin dar más trabajo del necesario. Para ti, ésa es la forma que tienes de santificar tu trabajo.

Trabaja siempre, y en todo, con sacrificio, para poner a Cristo en la cumbre de las actividades de los hombres (San Josemaría Escrivá). ¿Qué era Babel, sino un proyecto de una ciudad levantada mediante un trabajo lleno de orgullo frente a Dios y con el propósito de que llegara hasta el Cielo? ¿Y qué es la existencia humana sino Cristo levantado en la Cruz, por medio del trabajo de sus discípulos, hecho de amor y de obediencia, que atrae a las personas y a las cosas hasta la gloria del Cielo?

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