Clases de Religión. Los Diez Mandamientos (Lección 9ª)

Séptimo mandamiento

No robarás

¿Cuál sería el enunciado en forma positiva del séptimo mandamiento? Este mandamiento del Decálogo ordena hacer buen uso de los bienes terrestres. Prescribe la justicia y la caridad en la gestión de los bienes terrenos y de los frutos del trabajo de los hombres. Con miras al bien común exige el respeto del destino universal de los bienes y del derecho de propiedad privada. La vida cristiana se esfuerza por ordenar a Dios y a la caridad fraterna los bienes de este mundo (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2.401). Por tanto, nos manda Dios respetar el derecho del prójimo a los bienes de fortuna, y de guardar la justicia en todo lo que mira a la hacienda de los demás. Su cumplimiento es la salvaguardia de la justicia y del derecho de propiedad, y el fundamento del orden, de la paz y del trabajo sociales

También va involucrada en este mandamiento la obligación de pagar las deudas, dar el justo jornal a los operarios, pagar los impuestos, inquirir el dueño de lo hallado, y -en caso de infracción – restituir cuanto antes lo robado y reparar la injusticia cometida (los derechos vulnerados y los daños causados). Y además exige el respeto a las promesas y a los contratos estipulados

Has hablado del destino universal de los bienes y de la propiedad privada. ¿Me puedes explicar algo más de estas dos cosas? Lo hago transcribiendo dos puntos del Catecismo de la Iglesia Católica. El primero de ellos dice: Al comienzo Dios confió la tierra y sus recursos a la administración común de la humanidad para que tuviera cuidado de ellos, los dominara mediante su trabajo y se beneficiara de sus frutos. Los bienes de la creación están destinados a todo el género humano. Sin embargo, la tierra está repartida entre los hombres para dar seguridad a su vida, expuesta a la penuria y amenazada por la violencia. La apropiación de bienes es legítima para garantizar la libertad y la dignidad de las personas, para ayudar a cada uno a atender sus necesidades fundamentales y las necesidades de los que están a su cargo. Debe hacer posible que se viva una solidaridad natural entre los hombres (n. 2.402).  

En el otro punto se afirma: El derecho a la propiedad privada, adquirida por el trabajo, o recibida de otro por herencia o por regalo, no anula la donación original de la tierra al conjunto de la humanidad. El destino universal de los bienes continúa siendo primordial, aunque la promoción del bien común exija el respeto de la propiedad privada, de su derecho y de su ejercicio (n. 2.403).

¿Cuáles son los pecados contra el séptimo mandamiento? Este mandamiento prohibe los actos externos (los actos internos son materia del décimo mandamiento) contrarios a la justicia y al derecho de la propiedad, como son el hurto, la rapiña, el fraude (fiscal o comercial), la usura, la retención injusta, la cooperación injusta, y cualquier otra acción voluntaria que cause daño al prójimo en sus bienes, como sería no pagar maliciosamente las deudas y los salarios debidos, o percibir éstos sin haberlos ganado; violar los contratos y compromisos adquiridos, etc.

¿Me puedes definir estos pecados que has enumerado? Sí. El hurto consiste en apoderarse ocultamente de una cosa ajena contra la voluntad razonable del dueño. Se llama robo si se efectúa con algún agravante, y rapiña, cuando se comete violentamente, como sucede en un atraco.

La usura es exigir por un préstamo un interés excesivo, aprovechando la gran necesidad del deudor. El despojo es el robo de bienes inmuebles: casas, terrenos, etc. El plagio es la apropiación total o parcial de obras ajenas en materias artísticas, por ejemplo, señalar como propias obras literarias ajenas.

La injusta retención consiste en conservar o retener lo que es de otro, sin un motivo legítimo. El daño injusto consiste en causar voluntaria e injustamente daño al prójimo en sus bienes, sin provecho para el malhechor. Por ejemplo, quemar la cosecha de un campo de trigo sólo para perjudicar a su propietario.

El hurto, y en general cualquier injusticia en los bienes ajenos, puede cometerlo un solo sujeto o varios en combinación. Todos los que contribuyen a perjudicar al prójimo de cualquier manera que sea, cooperan pecaminosamente en esas injusticias y, por tanto, son culpables cada uno según el grado de participación.

¿Éstos son todos? También hay que incluir la especulación, que consiste en hacer variar artificialmente el valor de los bienes para obtener beneficio en detrimento ajeno; la falsificación de cheques y facturas; el abuso privado de bienes sociales, los trabajos culpablemente mal realizados y el despilfarro.

¿El robo es siempre pecado mortal? No. La gravedad del hurto en todas sus formas depende de tres cosas: a) de la cantidad, estima y valor de la materia robada, estafada o defraudada. No puede establecerse una cantidad fija y determinada. La gravedad del robo está en razón directa del aprecio que tiene a la cosa robada la persona a quien se hurta. Será pecado grave robar un recuerdo de familia muy estimado, o un ejemplar raro a un coleccionista, etc., por la tristeza considerable que se causa al robado; b) de la condición de la persona a quien se roba o daña, y de su estado económico, es decir, del daño que se ocasiona al hurtado. Así, será pecado grave robar una pequeña cantidad de dinero a un pobre muy necesitado; sustraer a un artesano el único instrumento que tiene para realizar su trabajo, aunque tenga escaso valor; c) de otras circunstancias de lugar, tiempo, modo, intención, etc. No es lo mismo robar en una tienda que en una iglesia, ni hacerlo ocultamente que empleando violencia, etc. El que con ánimo e intención de robar grandes cantidades, va sisando y cometiendo pequeños hurtos para que no se note en lo posible, peca mortalmente desde el primer momento.

En todos estos casos hay que distinguir: a) Cuando se roba en materia absolutamente grave, por la importancia de ésta, el que roba comete pecado mortal, aunque la persona a quien se hurta sea rica; b) Cuando se roba en materia relativamente grave, la clase de pecado (mortal o venial) que comete el que roba depende del grado de riqueza del que es víctima del robo. En este caso, se suele señalar, de ordinario, como materia grave para que haya pecado mortal la cantidad necesaria para el diario sostenimiento de la persona robada y de su familia, ya sea obrero, modesto empleado, hombre de la clase media o rico.

¿Hay casos en los que tomando cosas ajenas no se cometa pecado? Sí. Hay casos en los que no se puede hablar de hurto, porque resulta justo tomar cosas ajenas. Estos casos son dos principalmente: la necesidad extrema y la compensación oculta.

Explico en primer lugar el caso de necesidad extrema. Para aquel que se halle en una necesidad extrema -por ejemplo, en peligro de perder la vida o de que le sobrevenga un gravísimo mal- le es lícito, y hasta obligatorio, tomar los bienes ajenos necesarios para liberarse de ella, porque en caso extremo todos los bienes son comunes. En tales necesidades no puede el dueño en justicia impedir que el necesitado ejercite su derecho, y por caridad debe socorrerle.

Estas acciones pueden llevarse a cabo siempre y cuando no se ponga al prójimo en la misma necesidad que uno padece. Además, una vez que ha pasado la necesidad extrema, hay obligación, si la cosa que se tomó no está consumida, de devolverla al dueño.     

Otro caso es el de la compensación oculta. Ésta  consiste en cobrarse uno mismo lo que se le debe, sin consentimiento del deudor. Es, por tanto, el acto por el cual el acreedor toma ocultamente lo que se le debe. Este tipo de compensación es de suyo ilícita, aunque puede llegar a ser lícita si se cumplen algunas condiciones: a) que la deuda sea verdadera -y no sólo probable- y de estricta justicia; es decir, que el derecho propio sea moralmente cierto; b) que el pago no se pueda obtener de otro modo sin grave molestia; por ejemplo, por la vía legal, pues en toda sociedad organizada nadie puede tomarse la justicia por su mano; c) que no se cause otro tipo de daños al deudor, ni a terceras personas.

En la práctica, es muy difícil juzgar por sí mismo los casos de licitud en la compensación injusta, porque se cae en apreciaciones subjetivas.

He oído decir que para que los pecados de robo se perdonen, además de confesarlos, hay que restituir lo robado. Efectivamente, has oído bien. Restituir es la reparación de la injusticia causada, y puede comprender tanto la devolución de la cosa injustamente robada como la reparación o compensación del daño injustamente causado.

Todo el que tiene algo que no le pertenece, o que ha causado un daño injusto, debe restituir. La obligación de hacerlo, en el caso de materia grave, es absolutamente necesaria para obtener el perdón de los pecados. Esta obligación es de derecho natural y de derecho divino positivo ya que Dios manda, según se lee en la Sagrada Escritura: Si el impío hiciere penitencia y restituye lo robado, tendrá la vida verdadera.

Las principales circunstancias de la restitución son: cuánto hay que restituir, a quién, en qué orden, cómo, dónde y cuándo. Y ahora te explico cada una de estas circunstancias: a) la justicia exige que se restituya tanto cuanto se hurtó o damnificó. Si no se puede todo, restitúyase lo que se pueda; b) se debe restituir a aquel a quien se robó, a menos que no sea el dueño verdadero, en cuyo caso habría que devolverlo a su propietario y, si éste ha muerto, a sus herederos y, si no tiene herederos, se distribuye entre los pobres o se entrega a una obra de beneficencia; c) el orden que ha de guardarse en la restitución y reparación se considera en relación con los coautores al hurto y al daño, y con los acreedores a la indemnización. Los coautores están obligados a reparar el daño solidariamente, es decir, no sólo la parte que corresponde a cada uno, sino también la que los demás no puedan o quieran indemnizar. En cuanto a los cooperadores del hurto, no están obligados reparar solidariamente el daño, a no ser que su cooperación sea tan necesaria que se les pueda asimilar a los coautores. Y con respecto a los acreedores, en primer lugar a quien más se le ha robado o quien más necesitado está de la indemnización; d) la reparación y la restitución han de hacerse de tal modo que la justicia violada quede reparada por entero; el deudor puede hacerlo por sí mismo o por otro, con un trabajo, o simulando un obsequio o regalo; e) la restitución ha de hacerse donde convenga al acreedor y, si hay gastos de envío, corren a cargo del ladrón; f) la restitución ha de hacerse lo antes posible, siempre que no haya razón grave para diferirla. Cuando hay dilación injusta, el deudor debe satisfacer los daños causados por la demora. En general, peca gravemente el que espera sin motivo hasta la muerte para restituir;

El que no pueda restituir de ninguna manera, debe por lo menos rezar por el perjudicado.

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