Homilía de la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios (Ciclo A)

SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS (A)

Lecturas: Nm 6, 22-27, Ga 4, 4-7; Lc 2, 16-21

Maternidad divina de María. Empieza el nuevo año con una fiesta la Virgen: Santa María, Madre de Dios. La maternidad divina llena de luz la vida de María. Es una verdad que los cristianos profesaron desde los orígenes de la Iglesia. Santa María es Madre de Dios porque de Ella nació Jesucristo, que verdadero Dios y verdadero hombre.

Mientras que en el tiempo de Navidad nuestra mirada está fija en el gran misterio de la encarnación del Hijo de Dios, hoy, con especial relieve, contemplamos la maternidad de la Virgen María. En el pasaje paulino de la 2ª lectura, al Apóstol alude de modo muy discreto a la mujer por la que el Hijo de Dios entró en el mundo: María de Nazaret. Al inicio de un nuevo año se nos invita a entrar en su escuela, en la escuela de la fiel discípula del Señor, para aprender de Ella a acoger en la fe y en la oración la salvación que Dios quiere derramar sobre los que confían en su amor misericordioso (Benedicto XVI).

Culto mariano. La Iglesia tributa a María culto de especial veneración, distinto al de adoración, que sólo se debe a Dios. La Virgen ocupa, después de Cristo, el puesto más alto y, a la vez, más cercano a los hombres. Los dones que recibió de Dios la engrandecen, pero no la alejan. La devoción a la Madre de Dios es camino que conduce a Cristo Jesús. A los que decían que la veneración que los católicos tributamos a la Virgen María es algo exagerada, les respondía Mons. Fulton Sheen, un obispo americano que gozó de popularidad: Si la única acusación que Nuestro Señor me hiciera el día del juicio fuese que había amado demasiado a su Madre, me sentiría entonces plenamente feliz. Y san Josemaría Escrivá dejó escrito: ¿No te conmueve oír una palabra de cariño para tu madre? ‑Pues al Señor le ocurre igual. No podemos separar a Jesús de su Madre.

Los principales actos de culto a la Virgen son cuatro: veneración, amor, invocación e imitación. El amor a Santa María conduce realmente a imitarla en sus actividades más profundas de total entrega a Dios y de servicio desinteresado al prójimo. Aprendamos en su escuela a santificarnos en medio de los avatares de este mundo, en la vida ordinaria, como Ella lo supo hacer en su hogar de Nazaret.

La circuncisión de Jesús. Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús. El nombre de Jesús significa Dios salva. La Iglesia celebraba la circuncisión del Señor el primer día del año. En la Antigua Ley, la circuncisión era el signo de una especial pertenencia a Dios. Mediante esa ceremonia, manifestación de la fe en el Mesías esperado, el nuevo israelita entraba a formar parte del pueblo elegido. La circuncisión es figura del Bautismo. Con las aguas bautismales, el hombre es recibido en el seno de la Iglesia. El bautizado pertenece a Cristo.

El primer día de enero es la Jornada Mundial de la Paz. María es Madre de Cristo, Príncipe de la paz, y Ella misma es invocada como Reina de la paz. Pidamos con fe y confianza, a la que es Reina y Madre de la paz, que nos libre de toda clase de guerras y conceda paz a todos los pueblos de la tierra.

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