Jueves, 2 de enero de 2014

Jueves, 2 de enero de 2014

Memoria obligatoria de los santos Basilio y Gregorio

Memoria de san Basilio Magno y san Gregorio Nazianceno, obispos y doctores de la Iglesia. Basilio, obispo de Cesarea de Capadocia, actual Turquía, apodado “Magno” por su doctrina y sabiduría, enseñó a los monjes la meditación de la Escritura, el trabajo en la obediencia y la caridad fraterna, ordenando su vida según las reglas que él mismo redactó. Con sus egregios escritos educó a los fieles y brilló por su trabajo pastoral en favor de los pobres y de los enfermos. Falleció el día uno de enero del año 379. Gregorio, amigo suyo, fue obispo de Sancina, en Constantinopla, y finalmente de Nacianzo. Defendió con vehemencia la divinidad del Verbo, y mereció por ello ser llamado “Teólogo”. La Iglesia se alegra de celebrar conjuntamente la memoria de tan grandes doctores (Martirologio Romano).

Efemérides

El 2 de enero de 1817 san Marcelino Champagnat fundaba el Instituto de Hermanos Maristas de la Enseñanza. Una de las preocupaciones del santo fundador fue la transmisión de la doctrina cristiana. Sobre la enseñanza del catecismo solía decir: Enseña bien el que reza por los niños que le están confiados, y por la conversión de los pecadores y de los infieles. Enseña bien quien da siempre buen ejemplo y es en todo momento modelo de piedad, de regularidad, modestia y caridad. En cuanto a las clases de religión, se refería siempre a cuatro fines: dar a conocer a Jesucristo, y hacerle amar; mostrar los encantos y frutos de la virtud, y la alegría que sienten quienes la practican; indicar igualmente la fealdad del vicio y los males que acarrea, e inspirar así temor a cometer pecados; ganar el corazón del niño induciéndole a amar la religión y a cumplir sus deberes con amor.

Marcelino Champagnat fue beatificado por el papa Pío XII el 29 de mayo de 1955, y canonizado por el papa Juan Pablo II el 18 de abril de 1999.

Anécdota

Un hombre que encontró a varios obreros en una cantera preguntó al primero: ¿Qué hacéis? Le respondió uno: Trabajo la piedra. Le dijo otro: Alimento a mi familia. Afirmó un tercero: Construyo una catedral. Así todo cristiano debería poder responder en cada uno de sus actos: Edifico la ciudad de Dios (Philipon, Los sacramentos en la vida cristiana).

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