Homilía de la Solemnidad de la Epifanía del Señor (Ciclo A)

SOLMENIDAD DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR (A)

Lecturas: Is 60, 1-6; Ef 3, 2-3a.5-6; Mt 2, 1-12

La adoración de los magos. Celebramos la Epifanía del Señor. Epifanía quiere decir manifestación. Cristo Jesús ha venido para redimir a todos los hombres. Primero se ha manifestado a los pastores, después, a los Magos como primicias de los gentiles que recibirán la llamada a la salvación en Cristo.

Nacido Jesús en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes, unos Magos llegaron de Oriente a Jerusalén preguntando: ¿Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y venimos a adorarle. Los Magos habían visto una estrella distinta. Una estrella que anunciaba un gran misterio. Y siguieron la estrella. Una estrella brillante como ninguna otra que les lleva al encuentro de Cristo. Siguiendo las indicaciones de los sabios y después de oír al rey Herodes, los Magos llegaron a Belén. Y entrando en la casa, vieron al niño con María, su madre, y postrándose le adoraron. Ha valido la pena tantas penalidades, porque lo importante es llegar hasta donde se encuentra Jesús, porque estar con Cristo es estar seguro. Poderse mirar en Cristo es poder ser cada día mejor. Tratar a Cristo es necesariamente amar a Cristo. Y amar a Cristo es asegurase la felicidad (San Josemaría Escrivá).

Adoración a Cristo en la Eucaristía. También el cristiano, siguiendo el ejemplo de los Magos, se pone en camino para acercarse a Cristo en la Eucaristía, para arrodillarse ante la blanca Hostia consagrada, en la que los ojos de la fe reconocen la presencia real del Salvador del mundo (Benedicto XVI). La presencia de Jesús en el Sagrario ha de ser un polo de atracción para los fieles deseosos de ser almas enamoradas de Él, capaces de estar largo tiempo como escuchando su voz y sintiendo los latidos de su corazón. Un campesino de Ars llevaba largo rato delante del Sagrario. Pasaron algunas horas, y el Santo Cura de Ars se le acercó para preguntarle: ¿Qué haces aquí tanto tiempo? Y la respuesta: Yo le miro, Él me mira. Nada más.

Hay una práctica de piedad que es la visita al Santísimo. Jesús está en el Sagrario. Allí, el Señor, nos espera siempre pacientemente. La visita a Jesús Eucaristía es una prueba de gratitud, un signo de amor y un deseo de adoración a Cristo Nuestro Señor, allí presente. En esta fiesta, miremos con especial atención la adoración de los Magos, para aprender de aquellos hombres de Oriente, postrados ante el Niño de Belén, con mucha fe, con mucho amor y con mucha humildad.

Ofrendas de dones. Abriendo sus cofres, le ofrecieron como dones oro, incienso y mirra. ¿Qué le podemos ofrecer a Jesús?: todo cuanto somos y podemos, es decir, nuestros pensamientos, afectos, palabras y obras. Ofrezcamos a Cristo lo más precioso que tenemos: el oro de nuestra libertad, el incienso de nuestra oración, la mirra de nuestro afecto más profundo.

Le ofrecemos: oro, símbolo de la realeza, porque queremos ofrecerle el mundo y las almas todas; incienso, símbolo de la esperanza mesiánica, porque queremos dar el buen olor de Cristo; mirra, símbolo de la debilidad de la naturaleza humana, porque queremos que nuestras enfermedades, sufrimientos y dolores nos unan a la Cruz de Cristo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s