Viernes, 10 de enero de 2014

Viernes, 10 de enero de 2014

Feria del Tiempo de Navidad

El Santo Rosario

Cada día de la semana está dedicado a una devoción. El lunes, a las benditas ánimas del Purgatorio; el jueves, a la Eucaristía; el viernes, a la Pasión del Señor… También algunos meses del año están dedicados a una devoción concreta. Noviembre, a los fieles difuntos; marzo, a san José; junio, al Sagrado Corazón de Jesús; el mes de mayo, el de las flores, a la Virgen, y de tal forma está arraigada esta dedicación, que decir mayo es decir el mes de María. El mes de octubre también tiene una dedicación concreta: es el mes del Rosario. El día 7 se celebra la fiesta de la Virgen del Rosario, fiesta instituida por san Pío V para conmemorar la victoria de la armada cristiana en la batalla de Lepanto, y para agradecer a la Madre de Dios, Ella que es Auxilio de los cristianos, la ayuda que prestó a sus hijos en el combate contra los infieles.

El principio del camino que tiene por final la completa locura por Jesús, es un confiado amor hacia María Santísima. ‑¿Quieres amar a la Virgen? ‑Pues, ¡trátala! ¿Cómo? ‑Rezando bien el Rosario de nuestra Señora (San Josemaría Escrivá, Santo Rosario, Prólogo).

El Rosario es la plegaria preferida de la Virgen María que siempre llega a su corazón de Madre.

Recordemos, antes de nada, que lo que contemplamos en el Santo Rosario es el conjunto de misterios de nuestra Redención. Consideramos la Encarnación de un Dios, la vida de Cristo, su Pasión y Muerte. Y también su Resurrección. Pero con una particularidad que hace de esa contemplación algo familiar y extrañable: es Santa María quien nos habla de su Hijo. De su mano, a través de sus labios, junto a su amable presencia, vamos repasando en nuestro corazón y en nuestra cabeza las grandes verdades de Cristo.

En el Santo Rosario es con María con quien hablamos de Cristo. Queremos que la Virgen nos cuente sus sentimientos de alegría, dolor, gratitud y alabanza por el Hijo que nace, vive, muere y triunfa, para hacerlos nuestros.

El Rosario: camino al Cielo. Nuestra Madre nos ayuda a caminar hacia la eternidad. El Rosario es camino para alcanzar la intimidad con Dios a través de la Virgen. Con esta oración, tan grata a Santa María, conseguimos el favor de nuestra Madre del Cielo.

Anécdota

Una maestra de la asignatura de Religión -también daba clases de otras asignaturas- vio que el chico más listo de la clase en la asignatura de Religión sacaba notas malísimas y su comportamiento era malo, a diferencia de lo que ocurría en otras disciplinas. Habló con los padres para saber si en su casa había un ambiente contrario a la Religión, pero no era ese el caso. El chico no mejoraba. Por segunda vez la maestra visita a los padres. Sólo está la madre que le dice que no están casados y que el chico está sin bautizar. La maestra consigue que los padres se casen y el niño se bautice. A partir de aquel momento el chico empezó a sacar buenas notas en Religión y a portarse bien.

La música en la liturgia

La música sacra y el canto en la iglesia deben responder al fin general de la Liturgia, que es honrar a Dios y edificar a los fieles, por medio de la melodía, a la devoción y disponerlos a acoger en sí mismos con mayor disponibilidad los frutos de la gracia, que son propios de los santos misterios solemnemente celebrados (Cardenal Sarto, Homilía 25.IV.1895).

Palabras de san Juan Pablo II sobre la esperanza

Cristo ha querido vivir en su carne la experiencia de nuestra muerte, para triunfar sobre ella, incluso con ventaja para nosotros, con el acontecimiento prodigioso de la resurrección. ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí; ha resucitado (Lc 24, 5‑6). El anuncio de los ángeles, proclamado en aquella mañana de Pascua junto al sepulcro vacío, ha llegado a través de los siglos hasta nosotros. Ese anuncio nos propone (…) el motivo esencial de nuestra esperanza (San Juan Pablo II, Homilía 2.XI.1982).

El hombre no puede vivir sin esperanza, todos los hombres esperan en alguien y en algo. Pero, por desgracia, no faltan abundantes desilusiones y tal vez se asoma incluso el abismo de la desesperación. ¡Mas nosotros sabemos que Jesús Redentor, muerto, crucificado y resucitado gloriosamente, es nuestra esperanza! Resucitó Cristo, mi esperanza. Jesús nos dice que, a pesar de las dificultades de la vida, vale la pena comprometerse con voluntad tenaz y benéfica en la construcción y mejoramiento de la ciudad terrena, con el ánimo siempre en tensión hacia la eterna (San Juan Pablo II, Alocución 24.III.1979).

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