Miércoles, 29 de enero de 2014

Miércoles, 29 de enero de 2014

Feria del Tiempo Ordinario

Efemérides

El día 29 de enero de 1336 el papa Benedicto XII promulga la Constitución Benedictus Deus, en la que se afirma que las almas de los bienaventurados gozan de la visión de Dios, aun antes del juicio universal.

Su inmediato predecesor, Juan XXII, predicando en la catedral de Aviñón el día de Todos los Santos del año 1331, dijo, advirtiendo que se trataba de una opinión personal que a nadie obligaba, que las almas de los bienaventurados no verían a Dios hasta después del juicio final. Esta arriesgada opinión fue de inmediato rebatida por la mayoría de los teólogos. El 18 de noviembre de 1333 aclaró que él no había querido decir que fuese doctrina segura, sino solamente que era una cuestión que convenía debatir.

Ya en su lecho de muerte, Juan XXII se retractó de su afirmación, expresando que la había hecho a título personal y diciendo: Creo y confieso que las almas, separadas del cuerpo y purificadas, están en el cielo con Jesucristo y con los ángeles, ven a Dios y la divina esencia claramente y cara a cara. Si alguna vez he predicado, dicho o escrito lo contrario, lo revoco expresamente.

Han dicho sobre el dolor

¿Qué significa para usted el sufrimiento? Sufrir es participar en la Pasión de Jesucristo. En cierta ocasión me encontraba junto al lecho de una mujer enferma de cáncer y le animaba y consolaba diciendo que ese dolor era un beso de Jesús. Le decía: “Mira, estás tan cerca de la Cruz de Jesucristo que Él te puede besar”. Y entonces ella, haciendo un gran esfuerzo y con una pizca de humor me contestó: “Por favor, madre Teresa, dígale a Jesús que deje de besarme” (Beata Teresa de Calcuta).

Tarde o temprano el dolor llama a nuestra puerta y, aunque no queramos abrirle, entra dramáticamente en nuestra existencia. La fe cristiana nos dice que no nos desanimemos, que mantengamos viva y alta la esperanza, que confiemos en Dios que no abandona ni olvida a nadie, y miremos a Jesús crucificado, Verbo divino encarnado, que quiso sufrir como nosotros y por nosotros (Juan Pablo II, Discurso).

¿Qué respuesta da el cristianismo al dolor? La respuesta está en el Evangelio. Allí encuentro la respuesta a todo. Por ejemplo, para el dolor veo una respuesta en el Cristo crucificado. Su sufrimiento es una luz para el misterio y también una promesa de que habrá una recompensa. Nosotros no podemos convertirnos en Dios y creer que Él tiene que pensar como nosotros; por eso es esencial tener fe y aceptar ese misterio (Doctor Francisco Villarejo).

 

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