Jueves, 30 de enero de 2014

Jueves, 30 de enero de 2014

Feria del Tiempo Ordinario

Linaje de la Bienaventurada Virgen María

Pocos datos ofrecen los Santos Evangelios acerca de la vida de la Virgen María. Tanto la genealogía de Jesús que aparece en el Evangelio según san Mateo como la del Evangelio según san Lucas se refieren a san José y no a la Madre de Cristo. Sólo una cosa se sabe de su ascendencia, y es la de su pertenencia a la familia del rey David, ya que era costumbre ordinaria entre los judíos en la época de Cristo celebrar los esponsales entre miembros de una misma estirpe. Como por las citadas genealogías se sabe que san José era de la familia de David, se deduce que la Virgen María también pertenecía al linaje de este rey

Además, porque las profecías mesiánicas y el Nuevo Testamento presentan siempre a Cristo como descendiente del rey David. No parece que esta descendencia pueda sostenerse relacionándola únicamente con la paternidad legal de san José, sino que se hace necesario entroncar de modo natural  a Jesús con aquel rey tan unido al mesianismo, tanto cuanto que la afirmación de la Escritura es categórica: nacido de la estirpe de David según la carne (Rm 1, 3). El autor de esta afirmación -san Pablo-, aparte de la inspiración divina, como maestro que era de san Lucas, no podría por menos de estar muy al tanto de la virginidad de la Santísima Virgen. Por tanto, para poder decir que Jesús era descendiente de David según la carne era necesario -ya que la concepción de Cristo fue virginal, sin intervención alguna de san José- que el linaje de Santa María fuera davídico.

Pensamientos sobre la virtud de la santa pureza

Jesús nos dice además: Bienaventurados los limpios de corazón. Lo habéis dicho vosotros mismos: el amor entre hombre y mujer, entre chico y chica, es respeto al otro en su cuerpo, en su corazón, en su libertad; es recibirlo con admiración, como un don de Dios; es amarlo de forma diferente, con la intención de hacerlo todo para que sea feliz y mejor: es unirse para crear una familia (Juan Pablo II, Discurso).

La virtud de la castidad exige poner los medios para evitar las ocasiones de pecado. Si las circunstancias adversas -generalización del clima de sensualidad y de confusión doctrinal, etc.- hacen más agresivos y constantes estos peligros, existe un deber todavía más grave de mantenerse vigilantes en esta materia tan pegajosa. Es preciso adquirir una conciencia recta y delicada, que sepa corregir en su raíz las posibles desviaciones.

Íntimamente persuadido de que la santa pureza es gracia de Dios, sin la cual y sólo con mis fuerzas yo sería capaz de violarla, pondré también aquí la gran base de la humildad, desconfiando de mí mismo y poniendo toda mi confianza en Dios y en María Santísima. Por lo cual pediré al Señor la virtud de la santa pureza y especialmente me encomendaré a Él en la santa comunión (Angelo Giuseppe Roncalli).

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